jueves, 19 de septiembre de 2013

¿Oyes las teclas del telégrafo? ¡Qué hermosa música!

Los SMS (Smart Messaging System) han cumplido veinte años. Y ya agonizan. Recuerdo cuando envié el primero a través de un robusto Alcatel de plástico azul: ciento sesenta caracteres en una pantalla diminuta que sólo entendía de mayúsculas. Fue un poco antes de aquella milongada bautizada como Efecto 2000. Ahora nos comunicamos por WhatsApp ("Er Guasa", según pronunciación andaluza), que también tiene los días contados ante el desembarco de Line.

 
Gracias a Samuel Morse, a mediados del siglo XIX, el telégrafo se había convertido en el último grito tecnológico y más de una docena de cables cruzaban el océano Atlántico. El primer mensaje telegráfico fue: "¡Qué maravilla ha creado Dios!", y se envió desde Washigton hasta Baltimore, el 24 de mayo de 1844. A pesar de la invención del teléfono en 1876, conocido como el "telégrafo de los sonidos", la gente siguió enviando telegramas hasta la Segunda Guerra Mundial. La tarifa por este servicio se cobraba en función del número de palabras que componían el texto, lo que favoreció una redacción breve y concisa, a diferencia der Guasa, que estimula una irrefrenable verborrea.

 
Uno de los libros más hermosos y purificadores que se han escrito es "La comedia humana", de William Saroyan. En él, a través de la noble mirada de Homero Macauley, un chico de catorce años que comienza a trabajar como repartidor en la oficina de telégrafos, se narra el devenir de un pueblo norteamericano -Íthaca- durante los años de la Segunda Guerra Mundial.

 
"Anochecía en Ithaca cuando Homero llegó por fin a la Central de Telégrafos. El reloj de la ventana señalaba las siete y dos minutos. En la oficina, Homero vio a míster Spangler, el jefe de Telégrafos, contando las palabras de un telegrama que un joven de aspecto cansado y preocupado, de una edad aproximada a la veintena, acababa de entregarle.
 
[...] El jefe de Telégrafos calló, y luego continuó:
- ¿De verdad que te gusta este empleo?
- Voy a ser el mejor mensajero que haya tenido nunca esta Central -contestó Homero.
- Eso está muy bien. Pero tienes que cuidar de no hacerte daño; no vayas demasiado aprisa. Trabaja con rapidez, pero no vayas demasiado aprisa. Sé educado con todo el mundo y descúbrete en los ascensores y, sobre todo, no pierdas nunca un telegrama.
- Sí, señor.
- El trabajo de noche es diferente del de día -continuó míster Spangler-. Llevar un telegrama a los barrios bajos o a las afueras puede asustar a un tío; nada, tú no te asustes. La gente es la gente. No te asustes de nadie. ¿Cuántos años tienes?
Homero tragó saliva.
-Dieciséis.
- Sí, ya lo sé -contestó Spangler-. Ya lo dijiste ayer. No podemos admitir a ningún chico a menos que tenga ya los dieciséis, pero pensé que podríamos probar contigo. ¿Cuántos años tienes?
- Catorce -dijo Homero.
- Bien; dentro de dos años tendrás dieciséis.
- Sí, señor -dijo Homero.
 
[...] - Muy bien. Desde ahora quedas admitido en firme. Formas parte de este equipo. Fíjate en todo, escucha con atención y mantén tus ojos y oídos bien abiertos. -El jefe de Telégrafos miró al vacío y luego continuó-: ¿qué planes tienes para tu porvenir?
- ¿Mi porvenir? -dijo Homero. Estaba en un aprieto porque toda su vida, día a día, había estado ocupado forjando planes para su porvenir, aunque sólo fuese un porvenir para el día siguiente-. Bien -dijo-. No lo sé con seguridad, pero me gustaría ser alguien algún día. Quizás compositor, o algo así, algún día.
- Eso está muy bien, y éste es el sitio apropiado para empezar. Música alrededor tuyo, música de verdad, extraída del mundo, extraída del corazón de las gentes. ¿Oyes las teclas del telégrafo? ¡Qué hermosa música!
- Sí, señor -dijo Homero.
Spangler preguntó de pronto:
- ¿Tú sabes en qué lugar de Broadway está la pastelería Chatterton? Toma un cuarto de dólar. Ve a buscarme dos empanadas de manzana y crema de coco, que sean de ayer. Dos, valen un cuarto.
- Sí, señor -dijo Homero.
 
Tomó la moneda que Spangler le alargaba y salió corriendo de la oficina. Spangler se quedó mirándolo como si quedara sumido en un sueño vago, placentero y nostálgico. Cuando salió de su sueño, se dirigió al telegrafista y le dijo:
 
- ¿Qué piensa usted de él?
- Es un buen chico -respondió míster Grogan.
- Creo que sí -dijo Spangler-. Es de una humilde y honrada familia de la calle de Santa Clara. El padre murió. Un hermano en el Ejército. La madre trabaja empaquetando durante el verano. La hermana va al Instituto. Pero él tiene un par de años de menos.
- Yo tengo un par de años de más -dijo míster Grogan-. Con el tiempo le pasará.
Spangler dejó su pupitre.
- Si me necesita -dijo-, estaré en lo de Corbett. Pueden repartirse las empanadas entre los dos".

 

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Cogióme a tu puerta el toro

Cogióme a tu puerta el toro,
linda casada,
no dijiste: ¡Dios te valga!
 
El novillo de tu boda
a tu puerta me cogió;
de la vuelta que me dio
se rió la aldea toda,
y tú, grave y burladora,
linda casada,
no dijiste: ¡Dios te valga!


Inspirándose en esta canción que Lope de Vega compuso para la obra Peribáñez y el comendador de Ocaña, José Antonio Ochaíta, la voz de la Alcarria, escritor teatral en sus comienzos y alumno de Miguel de Unamuno, compuso una copla monumental. ¿No era Ochaíta un auténtico poeta, a la altura de García Lorca, Juan Ramón Jiménez o Rubén Darío? Escribe Tomás Gismera Velasco que fue el propio Rafael de León quien le animó para introducirse en el mundo del folclore, firmando joyas como "El maletilla", "Cinco farolas" o la descarnada "La Guapa". "Cogióme a tu puerta el toro" fue, durante muchos años, un éxito cincelado en la voz apasionada de doña Concha Piquer.

El toro de siete hierbas
saltó por el burladero
y con la espada en la cruz,
se echó a la calle de en medio.
Patatuses de las damas,
¡ay! ¡que me mu que me muero!,
y el señor corregidor
colgadito en un alero.
Yo estaba en tu puerta, puerta,
puerta de mi pensamiento...
¡Ábreme que viene el toro
y trae la muerte en los cuernos!
Cogióme a tu puerta el toro,
linda casada, linda casada,
y no me quisiste abrir,
ni me quisiste decir,
caballero ¡Dios te valga!
Yo estaba en los hospitales
con el corazón partido;
lo que tú hiciste en un año,
el toro ¡que pronto lo hizo!
Que me den la Santa Unción,
con el aceite de olivo,
que tú no me llorarás,
porque ya tienes marido.
El corregidor de luto;
las damas entre suspiros...
Me pasarán por tu puerta
en una caja metido...


Ochaíta, natural de Jadraque, falleció en Pastrana en 1973, mientras recitaba el poema "Tengo la Alcarria entre las manos".

martes, 17 de septiembre de 2013

El hombre que desbancó el casino de Montecarlo

"También, al menos una vez en su vida, fue capaz de poner cuanto tenía sobre el tapete de un casino y regresar en la plataforma de un tranvía, arruinado, silbando El hombre que desbancó Montecarlo con aparente indiferencia. Y era tal la elegancia con que sabía encender un cigarrillo, anudarse la corbata o lucir los puños bien planchados de una camisa, que la policía nunca se atrevió a detenerlo si no era con las manos en la masa".
 
 
En la última novela de Arturo Pérez-Reverte, El tango de la Guardia Vieja, el protagonista, Max Costa, silba con frecuencia una cancioncilla popular: El hombre que desbancó Montecarlo. Me pregunté si verdaderamente había existido tal hombre.
 
El verdadero hombre que desbancó Montecarlo
 
Se llamaba Joseph Hobson Jagger, era un ingeniero británico, del condado de Yorkshire, nacido en 1830. Trabajaba en una fábrica textil de Halifax donde pudo analizar el funcionamiento de las ruedas de hilar lana. Con ingenio, descubrió que el desgaste de las ruecas era similar al de una ruleta de casino. En aquel momento, desde que el juego fuera legalizado en 1854, Mónaco se había convertido en la capital del azar, hasta tal punto que el príncipe Carlos III había ordenado la construcción de un casino en el nuevo barrio de Montecarlo, que finalmente fue inaugurado en 1863. Hasta allí se dirigió Jagger en 1875.
 
Jean Beraud (1890)
 
Con la colaboración de seis ayudantes, analizó al milímetros los resultados de las seis ruletas del casino. En una de ellas, ciertos números salían con una frecuencia notablemente mayor que el resto. Así que, el 7 de julio, realizó su primera apuesta y ganó 70.000 dólares. Cuatro días más tarde, las ganancias se habían cuadruplicado. La dirección del casino comenzó a sospechar que aquel pelotazo no podía ser fruto exclusivo del azar, por lo que, al igual que un trilero, cambió las ruletas de sitio. Al quinto día, por primera vez, Jagger perdió. Tras unos momentos de desconcierto, se percató de que no estaba jugando en "su" ruleta -habilidosamente marcada con un ligero rasguño-, por lo que varió de mesa hasta volver a encontrar a la gallina de los huevos de oro. A partir de entonces, el casino intentó darle de nuevo gato por liebre, pero fue en vano: Jagger había ganado 450.000 dólares, una cifra descomunal en aquellos años.
 
 
El casino volvió a confundirlo con nuevos trucos y, con 325.000 dólares en el bolsillo, el ingeniero de Yorkshire decidió que había llegado el momento de abandonar Montecarlo para siempre. Esta vez, la avaricia no rompió el saco. Abandonó su puesto en la fábrica y vivió tranquilo hasta 1892, cuando falleció. Justo ese año, se escribió una canción en su honor: The man who broke the bank at Monte Carlo, escrita por Fred Gilbert e interpretada por el cómico Charles Coborn.
 
 
I've just got here, through Paris, from the sunny southern shore;
I to Monte Carlo went, just to raise my winter's rent.
Dame Fortune smiled upon me as she'd never done before,
And I've now such lots of money, I'm a gent.
Yes, I've now such lots of money, I'm a gent.
As I walk along the Bois Boolong
With an independent air
You can hear the girls declare
"He must be a Millionaire."
You can hear them sigh and wish to die,
You can see them wink the other eye
At the man who broke the bank at Monte Carlo.

En 1935, también se rodó una película con el mismo título. Otros, sin embargo, aseguran que la fuente de inspiración no fue la historia de Jagger, sino la de un jugador posterior, Charles Wells.
 
 
"La ocasión, piensa mientras se abotona y alisa la chaqueta, quizás requeriría, al salir de escena con la flema adecuada al caso, las notas del Tango de la Guardia Vieja. Pero sería obvio en exceso, concluye. Demasiado previsible. Así que abre la puerta, coge la maleta y se aleja por el pasillo, hacia la nada, silbando El hombre de desbancó Montecarlo".
 
 

lunes, 16 de septiembre de 2013

Un aficionado a los toros... y a los chipirones

Sebastián Miranda, de tertulia, con Juan Belmonte,
Valle Inclán y Pérez de Ayala
 
"Sebastián Miranda es un escultor y es un artista. Además es exagerado. Un día, al salir de La Maestranza de Sevilla, protestaba indignado contra la silueta de un debutante:
- ¡Si no puede ser! -decía- ¡Si con esas piernas de nodriza no se puede ser torero!
Y Juan, el inolvidable Juan Belmonte, gran amigo suyo, que nunca perdía la oportunidad de bromear con él, interpuso:
- Pero Sebastián, ¡cómo estás de viejo!... si ya no se conocen nodrizas, ahora lo que se usa es el Pelargón.

"La Encarna con chiquilín", obra de Sebastián Miranda.
Actualmente, se encuentra en Oviedo.
 
Pues Sebastián Miranda, a pesar de ser exagerado, tiene puntos de vista taurinos verdaderamente deliciosos. Y recuerdo aquella ocasión en que comentando el toreo de frente, de perfil, y ese otro de veras aburrido llamado en redondo, el gran escultor se puso las manos sobre la cabeza protestando: ¡Qué horror, qué horror, la noria!
 
- Ese pase -nos explicó muy en serio-, me recuerda aquel terrible suplicio que existía en Inglaterra en épocas medievales. Se trataba de una noria que no tiraba agua, no molía harina, ni hacía nada. La noria era apenas una gran rueda que el desdichado prisionero hacía girar hora tras hora, día tras día, año tras año... sin ningún fin. ¿Podéis imaginar peor suplicio? ...
 
Desde aquel día, ninguno de los que estuvimos en la tertulia hemos podido ver una faena en redondo -de aquellas muy inútiles y repetidas- sin acordarnos, con agobio, de la comparación de Sebastián".

(escrito por Conchita Cintrón, marzo de 1974)
 
 
"A Sebastián Miranda es muy peligroso invitarle a comer. No es un comensal. Es un juez. Suele colocarse la servilleta a la antigua usanza, anudándola al cuello. Y la servilleta adquiere categoría de gorguera de magistrado dispuesto a sentenciar la calidad y la fritura de un lenguado [...] Un año regresábamos de Pamplona a Madrid, Sebastián y yo. Nos equivocamos de carretera y en lugar de aparecer en Alsasua dimos en Tolosa. Sebastián conducía su coche guiándolo con el acicate de comer en un restaurante, a la altura de Briviesca, donde sirven unos lomos de merluza frita que iba paladeando con creciente exaltación.
 
- No hay que hacer caso de ese verso del pobre Rubén Darío, al que conocí, y que era un indio triste que refugiaba su tristeza y su timidez en el alcohol, aquel de "carne, celeste carne de mujer". No está mal la carne femenina, pero ¡cómo se va a comparar con la de la merluza! No hay carne como ésa... [...] Déjame correr, que llevo un hambre feroz de catar la merluza.
 
Su desesperación fue tremenda cuando nos encontramos en Tolosa, muy desviados del camino directo [...] Le propongo entonces comer en Tolosa [...] No sabíamos de ningún restaurante famoso en la antigua capital guipuzcoana. Indagamos. Nos recomiendan uno. Sebastián, ante los apremios del apetito, transige. Entramos en el local de una fonda antañona.
 
- ¿Qué es lo mejor que tienen de pescado? -demanda a la muchacha que atiende el servicio.
- Chipirones ya tenemos.
- ¿Son buenos de verdad? ¿De anzuelo? ¿Pequeños?
- Pequeños ya son. De anzuelo no sé. ¿Usted los conoce? Pruébelos por si acaso. 
 

Los encargamos y antes un revuelto de huevos con queso que estaba de rechupete [...] Nos presentaron unos chipironcitos muy monos. Sebastián les hinca el diente con avidez. De un bocado se come uno. No había terminado de tragarlo cuando empieza a hacer aspavientos. Alza los brazos. Los agita.
 
- ¡Qué delicia! ¡Qué maravilla! ¡En la vida comí unos chipirones semejantes, tan tiernos, tan empapados de sal se mar!... ¡Chica! ¡Muchacha, ven aquí! Tráeme en seguida otra ración de chipirones.
- ¿Ya le gustaron?
- ¿Gustarme? ¡Enloquecerme! ¡Es el premio gordo de Navidad! Los chipirones, incomparable, y el guiso, extraordinario. Que venga la cocinera. Que venga el dueño.
- Y el pescador, si quiere, también vendrá.
 
Sebastián Miranda

Una tras otra, con el ansia de la gula, Sebastián se zampa sin respirar cuatro raciones entre clamorosos gritos ponderativos. Han transcurrido más de diez años de este chipironesco acontecimiento, y el sibarita glotón no lo ha olvidado. No ha tenido suerte. En tanto tiempo no le ha vuelto a tocar ni siquiera un premio de la pedrea en la lotería de los chipirones en su tinta. Tiene que contentarse con la rumia de su recuerdo, y en cuanto distingue un chipirón se le escapa un suspiro. ¡Ay, aquellos de Tolosa, maravilla de los mares, sólo comparables en su exquisitez a un lenguado que comí en San Juan de Luz el año 1930!".
 
ANTONIO DÍAZ-CAÑABATE

domingo, 15 de septiembre de 2013

En esto consiste la tragedia del héroe

Siempre existieron personas mezquinas que celebraron la caída de quien luchó a brazo partido contra la mediocridad. Es una ruindad tan antigua como la historia del hombre. Por eso, cuando el pitón del Miura encontró el cuerpo de David Adalid en Nîmes, algunos se alegraron. Dijeron que se trataba de una temeridad innecesaria, de una angustia injustificada y de una imprudencia fruto de la sed de protagonismo. Esas personas viven en una sociedad cortada a su medida, una que premia a quien no destaca, a quien va en el medio, en silencio, sin despertar envidias y pasando desapercibido. Quien se comporta, al fin y al cabo, como un subalterno, en el sentido más peyorativo del término.
 
 
Sin embargo, David Adalid es un torero que va en contra de la corriente (¿acaso no fue un David quien se enfrentó a Goliat?). Tras luchar como un jabato en los brazos de sus compañeros que trataban de impedir que volviera a salir al ruedo, no tenía necesidad de clavar el último par al Miura que ya le había herido tras no obedecerle al quiebro. Al menos no una necesidad "externa" o material. Su valor y pundonor nacía de él, de la obligación de demostrar que es un profesional extraordinario, un hombre de una pieza. Lo que antes llamábamos heroicidad, hoy se ha convertido en imprudencia o ansias de protagonismo, al menos para los espíritus mediocres. 
 
 
Lo que ha diferenciado a la Fiesta de cualquier otro espectáculo plástico o visual no ha sido su carácter artístico, sino su vertiente heroica y a veces trágica, la que emociona y sacude la conciencia. Este sentimiento es la pura esencia de la Tauromaquia y su justificación a través de los siglos. La caída en el ruedo y el posterior alzamiento del héroe que rebasa los límites para defender su honor es, pues, una metáfora de la actitud con la que todos deberíamos encarar la vida. Alabar o criticar a Adalid retrata hoy nuestras glorias y miserias.
 
 
Por eso, la voz entrecortada de Javier Castaño, su sentimiento de culpabilidad por no haber evitado la cornada y los ojos acuosos cuando despachó al Miura que había herido a su torero de plata, descubren al tipo de persona que tenemos ante nosotros. Porque, otra constante a lo largo de la Historia, ha sido que los hombres extraordinarios han caminado juntos. Eso también va por el resto de la cuadrilla de Castaño. Y por Fernando Robleño, por supuesto, testigo de lo que sucedía, y que previamente se había jugado la vida como un hércules en el anfiteatro de Nîmes. En todo esto consiste la grandeza y la tragedia del héroe.
 
Toda la cuadrilla arropa a Adalid quien, al despertar, lo primero que ha dicho ha sido:
"Apoderado, esta noche cenamos suero".
 
 

sábado, 14 de septiembre de 2013

Meterse en un jardín: la "Vogue Fashion Night Out"

"La mode n'est pas quelque chose qui existe dans les robes seulement. La mode est dans le ciel, dans la rue, la mode a à voir avec les idées, notre façon de vivre, ce qui se passe" (Coco Chanel).


Afirmaba Yves Saint Laurent con sencillez que el traje más bello que una mujer podía lucir eran los brazos del hombre que amaba. Pero, para aquéllas que no tuvieron la suerte de encontrar esa felicidad, se encontraba él: "Le plus beau vêtement qui puisse habiller une femme, ce sont les bras de l'homme qu'elle aime. Mais pour celles qui n'ont pas eu la chance de trouver ce bonheur, je suis là".


El pensamiento sobre la belleza femenina y la moda de Louis Scutenaire era más prosaico: "Une femme nue n’a jamais fait de mal à personne", es decir, "una mujer desnuda nunca le hizo mal a nadie". Sin embargo, desnuda estaba Eva cuando la expulsaron del Edén. Y pasó lo que pasó. Tal vez por eso, la moda, como designio divino, medida y sin excesos, es de agradecer.

 
 
De la desnudez de Eva a la Vogue Fashion Night Out que se celebró el pasado jueves en el barrio de Salamanca de Madrid, va un abismo. Y no de buen gusto, precisamente. En los últimos tiempos, los desfiles de moda se han convertido en lecciones sobre aquello que las mujeres nunca deberíamos vestir. ¿Hemos perdido el sentido de la belleza? "La mode passe mais le style reste". La moda pasa, el estilo permanece, decía una Coco Chanel que hoy, con un rápido vistazo a nuestra calles, se antoja excesivamente optimista.


"Pour être irremplaçable, il faut être différent"... Chanel dijo "ser diferente", no un mamarracho. Tal y como está el patio de los gurús de la moda, quizás una mujer desnuda hace menos daño -a la vista- que una vestida. La idea de Yves Saint Laurent de cubrirse con los brazos del hombre amado, mejor la descartamos: hoy por hoy, la mayoría están tatuados y no resultan muy estéticos. No andaba tan desencaminado el poeta surrealista Scutenaire.
 
 


jueves, 12 de septiembre de 2013

Pastora Imperio, la gitana indomable

"Tiene dieciséis años y se llama Pastora -bello nombre que evoca las rosas de Triana-, tiene unos fulgurantes ojos de reina mora sobre el ámbar tostado de su cara gitana"
(Emilio Carrère).

 
Este viernes, 13 de septiembre, se cumplen treinta cuatro años de la muerte de Pastora Imperio, aquella gitana aceituná a la que llamaban "antigua", procedente de una España trasnochá; un calificativo que le producía risa porque, como la Giralda mora, Pastora nunca tendrá edad.

 
Cantaba la copla de Rafael de León, con tino y malicia, que Pastora "perdió los papeles en una juerga Real, entre Isabel y Fernando, en la Granada Imperial"... Pero el Fernando motivo de sus suspiros no era, por supuesto, el Católico (Fernando II de Aragón), sino Fernando Sebastián de Borbón y Madán, Duque de Dúrcal y primo de Alfonso XIII -por quien Pastora también bebió los vientos-. Desvelaba hace poco Manuel Román en Libertad Digital:
 
"Fernando Sebastián de Borbón y Madán, nacido en Francia en 1891. Contaba seis años menos que Pastora. Los presentó el propio Rey, el día del estreno de El amor brujo, 15 de abril de 1915. El monarca, enamoradizo, bebía los vientos por la bailaora, con quien tuvo más de un encuentro sentimental. Instó a su primo para que le tuviera al corriente de las andanzas de la artista. Sin darse cuenta de que lo llevó hasta los brazos de ella. Pero no podían casarse: él había contraído matrimonio con Leticia Bosch-Labrús y Blat, dama de la reina Victoria Eugenia, de rica familia catalana, con quien tuvo dos hijas. En ese sentido, no engañó a Pastora, quien se sentía locamente enamorada de aquel caballero bien plantado. Claro está que sus encuentros íntimos lo fueron en la clandestinidad, al parecer en un elegante piso propiedad del Rey, situado en la calle de Alcalá, junto al Casino de Madrid. Fruto de aquellos amores, fue el nacimiento de una niña de tez blanquísima (la madre era de piel aceitunada) a la que bautizaron con el mismo nombre que la abuela materna, Rosario. El progenitor pudo conocerla a poco de venir al mundo (en contra del criterio de Pastora) y se ofreció a darle su apellido. Pero ésta se negó en redondo".
 
 
Cuando Pastora tuvo a Rosario, legalmente, aún estaba casada con el torero Rafael El Gallo. El Divino Calvo vivía atormentado por la casta incontrolable de su esposa, quien le abandonó en 1911. "Para mí, esa mujer ha terminado; como si no la hubiese conocido", contaba el matador a sus amigos más íntimos. El matrimonio no se anuló hasta 1934. Así recogió la prensa de la época aquella ruptura:
 
"No hace un año Cupido hirió con sus flechas el corazón de un torero gitano y una genial bailarina. Dos artistas populares cuyos amores comenzaron con el rapto de Pastora y acabaron en la vicaría. ¿Qué ha pasado? Nadie lo sabe. Lo cierto es que la bailaora de los ojos verdes abandonó hace unos días el domicilio conyugal buscando refugio en casa de su madre. Ayer se presentó el juzgado y los trámites del divorcio han dado comienzo. Hay rumores de todos los tipos. Algunos hablan de los celos del Gallo y de algunos anónimos. Otros hablan de malos tratos y que la separación era algo anunciado.  Los novios no han querido hablar una palabra sobre lo sucedido. Rafael sigue en el campo preparando la próxima temporada. Nadie descarta la reconciliación entre Pastora y Rafael y personas de buena voluntad están dedicadas a ello".

 
Pero Pastora tampoco se lo puso fácil a Fernando de Borbón. Después de dar a luz a la delicada Rosario, la pareja dejó de verse por deseo de ella. Añade Manuel Román:
 
"No se reencontraron hasta muchos años después, cuando Fernando estaba arruinado, muy enfermo y vivía en el madrileño hotel Bristol, en la Gran Vía. Entonces, primeros años 40 del pasado siglo, su hija Rosario pudo abrazarlo. Poco sabía de él; ni siquiera lo conocía por fotos, pues Pastora quemó cuantas tenía de Fernando, y también de Alfonso XIII, a poco de proclamarse la II República, para evitarse problemas. Pastora Imperio hizo frente a las facturas impagadas de su antiguo amante en aquel hotel al igual que satisfizo las minutas del médico que lo atendía. Pudo despedirse de Fernando de Borbón la víspera de su fallecimiento, acaecido el 28 de marzo de 1944. Su hija Rosario (que siempre llevó los apellidos maternos) se casó con el matador de toros Rafael Vega de los Reyes (Gitanillo de Triana), con quien tuvo cinco hijos".

 
Ya lo exclamó Jacinto Benavente: "¡Esta Pastora bien vale un imperio!". Fue una mujer genial e indomable. No quedan ya hombres para ti, Pastora.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

La Odisea de Homero en el siglo XXI

"¡Ay, ay, cómo culpan los mortales a los dioses!, pues de nosotros, dicen, proceden los males. Pero también ellos por su estupidez soportan dolores más allá de lo que les corresponde", dijo Zeus en el Olimpo.
 
 
Como puede comprobarse en este pasaje de La Odisea, echarle la culpa al vecino y no asumir la responsabilidad individual es una práctica que viene practicándose desde el siglo VIII antes de Cristo. Se trata de la arraigada filosofía del "pío, pío, yo no he sido", cimiento de nuestro actual sistema democrático. Quizás este fuera el motivo del malhumorado carácter de Zeus, que se empeñó en ponerle mil zancadillas a Ulises durante su regreso a Ítaca.
 
Hasta el domingo 22 de septiembre, Rafael Álvarez "El Brujo" repasa en el Teatro Alcázar de Madrid la obra maestra de Homero y su influencia en el siglo XXI. Gracias a la genialidad del actor de Lucena, caemos en la cuenta, por ejemplo, de por qué todos los puticlubs de carretera se llaman "Calipso".
 
 
"Agotado y sucio, el naufrago [Ulises] llega a una isla. Una mujer preciosa acude a socorrerlo. Es la ninfa Calipso. El propio nombre de la ninfa explica lo que hace Calipso. Viene del verbo kalýptein, ocultar. La isla está tan lejos del mundo que parece que está fuera de él. Sus habitantes están ocultos a todos. Calipso le recoge, le lava y cura sus heridas dulcemente. Ulises se deja hacer. Calipso lo retiene en aquella isla alejada del mundo durante muchos años. Le ama y aspira a conservarle eternamente. Desde el Olimpo, Atenea la protectora de Ulises, observa a la pareja. Acude a su padre y le dice que ya va siendo hora de que Ulises regrese a su casa. Ulises mientras tanto, llora desconsolado pensando en su hogar. Cuando llega Calipso esconde sus lágrimas. A pesar de todo, la diosa se da cuenta.
 
- Si te quedas conmigo te ofrezco la inmortalidad.
- Deseo volver a mi hogar, a Ítaca.
- ¿Es Penélope mejor que yo?
- Claro que no. Tú eres una diosa. Eres mucho mejor que ella. Pero Penélope es mi hogar, es mi vida.
Calipso se rinde. Entre los dos construyen una barca para que Ulises emprenda su viaje de vuelta.  Calipso le ve alejarse, desde la playa".

Según "El Brujo", la promiscuidad de las mujeres ha sido la causa de todas las desgracias de la Humanidad, de todas las guerras, de todas las crisis económicas. Desde Helena de Troya en adelante, no ha habido excepción. Pero también, y quizás por ello, el hombre, desde la Grecia arcaica, se ha caracterizado por su resistencia, por su capacidad para resistir ante las veleidades desencadenadas por señoras adúlteras. "Las muy putas", dice "El Brujo", que también regala bellas palabras a Angela Merkel (no podemos asegurar que la canciller sea infiel, pero sí que representa el caballo de Atila contemporáneo, sobre todo para los griegos).  
 
"En tanto que agitaba esto en su mente y en su corazón, salió Helena de su perfumada estancia de elevado techo semejante a Afrodita, la de rueca de oro […] Así dijo, y la argiva Helena ordenó a las esclavas colocar camas bajo el pórtico y disponer hermosas mantas de púrpura, extender por encima colchas y sobre ellas ropas de lana para cubrirse. Así que salieron de la sala sosteniendo antorchas en sus manos y prepararon las camas. Y un heraldo condujo a los huéspedes. Acostáronse allí mismo, en el vestíbulo de la casa, el héroe Telémaco y el ilustre hijo de Néstor. El Atrida durmió en el interior del magnífico palacio y Helena, de largo pelo, se acostó junto a él, la divina entre las mujeres".
 
 
Si tienen tiempo, les recomiendo que se acerquen al Teatro Alcázar para conocer el resto de esta historia narrada por un juglar brillante que, ya hace muchos años, nos enamoró con su papel de "Búfalo" en Juncal.
 
 

martes, 10 de septiembre de 2013

Paco Camino y el "mushasho"

José María Íñigo, en su libro "La tele que fuimos", narra un sonado incidente entre Palomo Linares y Paco Camino durante la grabación del programa "Directísimo". Camino le ofreció a Linares, educadamente, partirse la cara en la puerta del estudio, pero no delante del público. Corría el año 1975:


"Entrevisté primero a Palomo, que contó cómo había sido su temporada, su vida profesional, los más de 1.500 toros que había matado en las plazas... Durante una entrevista de quince minutos, muy entretenida, puso de manifiesto su gran oficio y éxito profesional. Salió Palomo Linares del estudio, hubo una canción, y después entrevisté a Paco Camino, que también disfrutaba de un momento profesional excelente. En la charla, Camino se refirió a Palomo Linares como ese mushasho; ese mushasho, sí, está bien; ese mushasho sí, torea, torea... Y dale con el mushasho para adelante y con el mushasho para atrás, de tal manera que Palomo Linares, que estaba viendo la entrevista en la sala de invitados, se le estaban hinchando las venas del enfado, viendo cómo se refería a él, todo un hombre hecho y derecho y un torero reconocido, como mushasho, casi con desprecio. En un momento determinado, no pudo más, abrió la puerta del estudio y se fue directo a la mesa del plató. Salió en pantalla, muy enfadado, y se organizó allí una pelea que apareció posteriormente en todos los periódicos, incluidos los de América en los países donde se celebraban corridas de toros.


Fue muy comentado, porque, después, las cuadrillas de ambos toreros se enzarzaron igualmente en una pelea y no hubo muertos de puro milagro -incluso tuvo que intervenir la dotación de las fuerzas del orden público de Prado del Rey-. Se convirtió en uno de los hechos más sonados en una época en la que no pasaban las cosas que pasan ahora en televisión. La historia del mushasho tuvo una repercusión notabilísima que todavía se recuerda, y que sirvió a los dos toreros para fomentar una especie de rivalidad o duelo en las plazas. Cuando los contrataban a los dos juntos, toda la plaza coreaba a gritos: mushasho, mushasho".

VER VÍDEO DEL BRONCAZO ENTRE PACO CAMINO Y PALOMO LINARES



 
La anécdota me parece aún más simpática ahora, cuando las "figuras" no dejan de mandarse besos y abrazos a través de las redes sociales. Como escribía José Luis Suárez-Guanes en el ABC del 8 de marzo de 2009: "Antes había más belicosidad que en los tiempos que corren. O más rivalidad. Otro concepto de la torería y el compañerismo. Primaba el hambre por cada porción de una tarta de la Fiesta mucho menor que la actual. Cada peldaño, cada puesto, se jugaba a vida o muerte. Otro sentido del orgullo que a veces se iba de las manos en los casos más extremos de tensión". Ya se sabe que, antes de empezar el paseíllo, el venezolano César Girón se volvía hacia sus compañeros y deseaba "muchas cornás pa tos".


lunes, 9 de septiembre de 2013

Sufridoras por amor


A menudo, las sufridoras por amor se convierten en auténticas mártires del romanticismo. Ríanse ustedes de Juana de Arco. Lidiar con algunos hombres y freírse en la hoguera viene a ser lo mismo. Sobre todo cuando ellos no responden a las llamadas telefónicas de sus desesperadas queridas. Tal vez, el acto de ignorarlas sea su manera de canalizar el afecto. Decía Platón, un romántico empedernido, que la mayor declaración de amor era la que no se hacía: "el hombre que siente mucho habla poco".

 
Enrique, indudablemente, hablaba poco. Al menos con su novia, María Teresa. Los mensajes de voz que ella grabó en su contestador automático -hallado, por casualidad, muchos años después en un mercadillo de Buenos Aires- inspiraron un cortometraje que ya ha dado la vuelta al mundo: "Ni una sola palabra de amor". María Teresa, con su delicioso acento argentino, encarna a la perfecta sufridora por amor: "Lamentablemente siempre hablo con un aparato... como cuando hablo con vos. Hablo sola... [...] Dale... Atendé al teléfono... si yo sé que estás ahí... ¡ENRIQUE! Por favor, llámame [...] A mí me va a agarrar un infarto... [...] No sé más qué decirte... no sé más qué hacer. Adiós". Así, hasta dieciséis mensajes desesperados.

 
Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde.
(José Luis Borges)
A pesar de que Enrique es un hijo de la gran puta, María Teresa no agarrá un infarto. De hecho, quince años después de grabar aquellos mensajes, todavía vive... junto a  él. Con el mismísimo pelotudo de su antiguo novio. Este verano, el diario "Clarín" buscó a aquella pareja: “Ay, Dios mío. Llegar a los 75 años y encontrarme con esto. Me quiero matar… Ese casete es del 98. Nos habíamos peleado y me fui al departamento de un amigo. Después de tantos años, le sigue pareciendo mal todo lo que yo digo”.
 
Todas las mártires del romanticismo llevan dentro una María Teresa: "Hay un momento en el que yo digo siempre la ausencia, siempre la ausencia, la ausencia de mi vida. Y es verdad que tenía angustia porque no tenía comunicación de parte de él. La comunicación de él sigue siendo la misma. Cuando puede, habla, cuando no, no habla. Y la mayoría de las veces, no habla. Eso lo debemos pasar muchas mujeres, muchas chicas se debieron ver identificadas".