lunes, 6 de junio de 2016

Desde el corazón de las tinieblas

Este San Isidro queda resumido en dos imágenes llegadas, directamente, desde el corazón de las tinieblas: del retrato de un hombre que abraza, con la mano ensangrentada, a quien le ha salvado la vida, a la lucha desesperada de otro que pone todo su empeño y voluntad en sobrevivir, haciendo surgir la belleza y el orden de la fiereza y el caos. David Mora, después de cortar las dos orejas de "Malagueño" de Alcurrucén, con don Máximo García Padrós. Y Alberto Aguilar ante un toro decimonónico de Saltillo. "En el fondo de toda belleza habita algo inhumano". Lo escribió Camus y ambas fotos -una de Sánchez Olmedo y otra de Cruz- lo demuestran.


"Penetramos más y más espesamente en el corazón de las tinieblas. Allí había verdadera calma […] Si aquello significaba guerra, paz u oración es algo que no podría decir […] Nos podíamos ver a nosotros mismos como los primeros hombres tomando posesión de una herencia maldita" (Joseph Conrad).


Y es que, probablemente, la tauromaquia sea la última manifestación visible de una herencia maldita: el recordatorio de que mañana podemos amanecer rodeados de belleza o en el mismo corazón de las tinieblas. Esa inhumanidad consustancial a la Fiesta, alejada del triunfalismo, es la razón y justificación de su existencia, mucho más que mil faenas hermosísimas de Manzanares.


miércoles, 1 de junio de 2016

Sean cuales sean sus motivos

Borges escribió que el infierno y el paraíso le parecían desproporcionados: "los actos de los hombres no merecen tanto". A veces, sin embargo, por quiebros del destino, los hombres caminan hacia el infierno y en su mano está salir de él.


Ha transcurrido un día desde que terminara la corrida de Saltillo en Las Ventas y, en 24 horas, aún no he sido capaz de responder a una pregunta, una cuestión fundamental, la raíz de todo: ¿cómo, en la sociedad actual, quedan hombres dispuestos a jugarse la vida, a ir de cabeza al infierno, por una cuestión de honor? ¿Qué sentimiento movió a Sánchez Vara, Alberto Aguilar y José Carlos Venegas a seguir en el ruedo, a continuar hasta el final, hasta el último aliento, conscientes de que la ruleta de esa partida tenía todas las papeletas de caer en la casilla más negra de todas? ¿Quién apuesta hoy así, en un mundo donde prevalece la trampa y la ley del máximo rendimiento por el mínimo esfuerzo?  


Y qué decir de las cuadrillas, que también aceptaron ese juego siniestro de los Saltillos no por conquistar su propia gloria, sino, en el mejor de los casos, la de su matador. ¿Qué sentimiento les impulsa a llegar a tanto? ¿Es una cuestión de honra, de ambición, de avidez de triunfo, de necesidad material, de desafiar al miedo y al destino? En una sociedad acomodada y pudiente, en esta sociedad anestesiada de la Europa del siglo XXI, ¿cómo unos hombres jóvenes y sanos pueden seguir poniendo su vida sobre la ruleta del albero a la espera de saber si les espera el todo o la nada, de saber lo que les dará o quitará un toro bravo? Y cuando el azar les obliga a poner todo sobre el tapete, incluida la vida, ¿qué les hace seguir jugando y no abandonar la mesa para siempre?  


Son héroes y ejemplo para aquellos que intuimos la magnitud de su voluntad, pero ¿cuál es la fuente de su heroicidad? Después de ver a Sánchez Vara, a Aguilar, a Venegas y a sus respectivas cuadrillas en Las Ventas, de verles abandonar la plaza, milagrosamente, por su propio pie, sólo cuando hubo caído el sexto toro, cuando hubieron lidiado los seis a carta cabal, la cuestión de sus motivos me martillea la cabeza y estómago. Los actos de los hombres no merecen un infierno así. Ni tratándose de toreros. Gloria para ellos, sean cuales sean sus motivos.

Fotos: Juan Pelegrín

lunes, 30 de mayo de 2016

Alberto Aguilar ante el abismo

Y cinco días después de "Malagueño", volvió a salir un toro en Las Ventas. Y, de nuevo, tuvo delante a un torero. No hay más. No existe otra fórmula. Un hombre en soledad delante de un toro fiero. La receta más eficaz para que miles de personas vibren -aficionados o no- y para sellarle la boca a aquellos que pretenden prohibir este espectáculo.


Se llamaba "Camarín" y llevaba el hierro de Baltasar Iban, aunque en sus hechuras no había ni rastro de lo que fue Contreras. Fue más encastado que bravo. Con menos clase que "Malagueño" -el toro de Alcurrucén premiado con la vuelta al ruedo cinco días antes- pero más picante. Se arrancaba de lejos y en el caballo empujó metiendo los riñones. Dudo que hubiera aguantado un tercer puyazo, aunque el público deseaba que lo volvieran a llevar al peto. Con la lidia que le dieron, justa y medida, llegó a la muleta como un tren. Y el inicio de faena de Alberto Aguilar fue portentoso, poderoso, con gusto, por bajo. Ya de capa lo recibió impecablemente, clásico, sacándose por verónicas al toro hasta el tercio y cerrando con la media.


En la muleta, por momentos, "Camarín" y Aguilar estuvieron a la altura de "Bastonito" y Rincón, con el torero enfrontilado, dando espacio en el cite, y el de Iban galopando y humillando en el embroque. Emocionantes ambos. La inteligencia del hombre ante la casta incontrolada del animal. Eso es una faena de verdad. La que pone al personal de pie, sepa o no de toros.


Tremendo el mérito de Alberto con lo poco que toreó la pasada temporada. Y, a la hora de coger el estoque, se tiró a matar o morir. Espeluznante el pitonazo que le lanzó "Camarín" directo al pecho, pero la espada resultó fulminante y Aguilar cortó una oreja con todas las de la ley. Una "pelúa" con más valía que algunas faenas de dos porque, para estar delante de "Camarín", había que ser muy hombre y muy torero.


Decía William Burroughs que era necesario estar en el infierno para ver el cielo. Ya es hora de que toreros como Alberto Aguilar, o como Rincón en su día, vean al cielo... aunque para ello primero tengan que jugarse la piel ante un toro con el abismo encerrado en cada pitón, como sucedió con el gran "Camarín".

miércoles, 25 de mayo de 2016

La historia de un hombre de muchos senderos

"Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos de pie"
(Emily Dickinson)


Dejé de escribir el día en que me di cuenta de que había más escritores que lectores. Al abandonar el hábito de juntar unas letras al terminar la tarde de toros, creo que me volví más incrédula, incluso derrotista; pero tampoco sucedía nada que me animara a volver a escribir. Quizás fuera yo... o que en el ruedo no ocurría algo extraordinario. No sé si el problema era interno o externo, el caso es que la tinta se secaba desde comienzos de abril y la primavera transcurría sin que fuera capaz de firmar cinco líneas. Hasta que David regresó como el Ulises que se vio obligado a abandonar Ítaca. Lo escribió Cernuda:

¿Volver? Vuelva el que tenga,
tras largos años, tras un largo viaje,
cansancio del camino y la codicia 
de su tierra...


Ver a un hombre levantarse, volver tras un largo viaje, resurgir de la misma arena donde cayó, abrazar a quien le salvó la vida. La historia de David Mora está escrita con sangre, pero también con tinta, pues nunca de concibió una Odisea tan perfecta, tan bien tejida, tan épica. "Cuéntame, Musa, la historia de un hombre de muchos senderos, que anduvo errante muy mucho después de Troya sagrada asolar; vio muchas ciudades de hombres y conoció su talante, y dolores sufrió sin cuento tratando de asegurar la vida y el retorno... [...] Y el caso es que cuando transcurrieron los años y le llegó aquel en el que los dioses habían hilado que regresara a su casa de Ítaca, ni siquiera entonces estuvo libre de pruebas; ni cuando estuvo ya con los suyos". 


No sé qué Dios hiló el destino de David Mora, de la puerta de toriles a la enfermería, y después a la Puerta Grande, de la muerte a la vida, y del abismo a la gloria, ligando unas trincherillas que han hecho brotar un nudo de cada garganta. Sólo sé que una historia como la suya haría revivir al mismo Homero, porque una epopeya tan colosal, la de un hombre y un toro, no puede quedar sin alguien que la cante y escriba. 


Por supuesto, loas también al Dios (distinto del primero, porque el toreo es una religión pagana y politeísta) que puso en el camino de Mora a un extraordinario Alcurrucén llamado "Malagueño", porque una gesta así debe tener un toro, es decir, una última prueba, a la altura del héroe. 

Fotos: Juan Pelegrín

En La Odisea se hablaba de una "diosa de ojos brillantes": Atenea. Imposible asistir al regreso de David a Las Ventas sin brillo, o sin lágrimas, en la mirada. Imposible de olvidar. Y difícil de escribir.

Sigue, sigue adelante y no regreses,
fiel hasta el fin del camino y tu vida,
no eches de menos un destino más fácil,
tus pies sobre la tierra antes no hollada,
tus ojos frente a lo antes nunca visto.

jueves, 12 de mayo de 2016

Tiempo de silencio


Desde primeros de abril, este blog vive un "tiempo de silencio". Circunstancia no grave y absolutamente pasajera: la acumulación de ocio y negocio me ha impedido ponerlo al día. Pido disculpas a todos aquellos lectores que se han interasado por saber si me había tragado la tierra o si estaba metida en los Papeles de Panamá.

En el planeta de los toros, en este mes y pico hemos visto indultar a un Victorino de bandera en Sevilla, a Rafaelillo crujir La Maestranza, genialidades de Morante, una inspirada faena de Bautista sobre el barro de Las Ventas y otro gran toro de El Torero llamado "Ojibello"... Así, a vuelapluma. Ahora, me dispongo a hacer las maletas para Nîmes. Intentaré dar noticias desde el anfiteatro romano.

domingo, 3 de abril de 2016

El futuro de la Sevilla taurina

"Ladran, amigo Sancho, luego cabalgamos"


Sevilla fue taurina en el pasado, lo sigue siendo en el presente y continuará así en el futuro, a pesar de los ladridos de cien antitaurinos que exigen el fin de la Tauromaquia aprovechando el arranque de la Feria de Abril. Ni siquiera las arcas de las asociaciones ecologistas pueden borrar siglos de Historia de un plumazo. Sevilla es taurina desde que se puso toda amarilla, quebraíta de color, porque el río venía teñido con sangre de los Ortega... Y desde mucho antes, con su famoso matadero, forja de la tauromaquia a pie. Sevilla es responsable de genios como Juan Belmonte y Paco Camino; cuna de ganaderías bravas en la marisma y en la sierra, y vigía de La Maestranza. 


Bien es cierto que Sevilla a veces pierde el norte y cree haber encontrado a un nuevo Curro Romero en los toreros más insospechados, algunos con nombre de poetas del siglo XVI. O que se pega un chute de morantismo y se echa a dormir la siesta del fauno durante cinco días. Pero, pelillos a la mar, así es la rosa. Los antitaurinos tampoco entienden de esas cosas, tan sevillanas.


Y ahora -presente y futuro-, ojo con Sevilla, porque tiene un nuevo novillero que, éste sí, puede devolver las mieles a la afición de la Torre del Oro. Se llama Pablo Aguado y este domingo -mientras un puñado de aulladores clamaba frente al Palacio de San Telmo- ha debutado en Las Ventas, dejando una excelente impresión, de la que gusta a ambos lados de Despeñaperros: toreo clásico, puro, dando el pecho, cruzado y con desmayo al natural. La espada aún se le atraganta, pero tiempo al tiempo. De momento, ha dado una vuelta al ruedo en Madrid y, a buen seguro, la empresa ha apuntado su nombre para futuros carteles. A la espera de que suene el teléfono de sus apoderados, el 1 y 26 de mayo toreará en La Maestranza, para satisfacción de sus paisanos. Porque la Sevilla taurina tiene cuerda para rato. Tanta como manguera a Morante.

viernes, 18 de marzo de 2016

Vidas paralelas

"Pues las alegrías súbitas, como las penas, al principio desconciertan"
(Daniel Defoe)


Inverosímiles. Sorprendentes. Geniales. Talavante y Roca Rey llevan vidas paralelas. Desde el bombazo del extremeño durante una novillada en Las Ventas en el San Isidro de 2006, la fábrica de las figuras había cerrado sus puertas. Cada año, salían buenos toreros, pero no figuras. Talavante fue la última. Hasta que llegó Roca Rey. Otro ascenso meteórico. Nacido en Lima en 1996, toreó su primera novillada en Madrid el año pasado, de donde salió a hombros. No satisfecho con ello, abrió la Puerta del Príncipe de Sevilla en el festejo del Corpus Christi. Y en septiembre, tomó la alternativa en Nîmes, saliendo en volandas por la Puerta de los Cónsules.


Este jueves, por primera vez, el peruano ha compartido cartel con otro prodigio del toreo, su "antecesor" Alejandro Talavante. Gran acierto de la empresa de Valencia al acartelarlos juntos. A pesar del pésimo juego de los toros de Victoriano del Río, ambos diestros han dado un auténtico espectáculo, a veces inverosímil: de pie, de rodillas, de frente, por la espalda, con la pañosa desplegada, en cartucho, al volapié, recibiendo... Las leyes de la física se van al garete cuando estos dos agarran la muleta. Olviden lo que decía Belmonte: "es muy sencillo. Viene el toro, se quita usted. Que no se quita usted, lo quita el toro". Talavante y Roca Rey atropellan al toro, la lógica y lo pronosticable.


Si arman esto con moruchos, ¿qué pasará cuándo les salga un toro con casta y poder? El dueto volverá a repetirse en Madrid, para la confirmación de alternativa de Roca Rey, con Sebastián Castella como testigo y toros de Núñez del Cuvillo (13 de mayo). Dos días después, el 15 de mayo, de nuevo juntos, con Posada de Maravillas confirmando la alternativa y ganado de Juan Pedro Domecq. Si el arte debe tomar a la realidad por sorpresa, en ello están, Alejandro y Andrés. Vidas taurinas paralelas... e imprevisibles. ¡Qué buen ojo tuvieron Corbacho y Campuzano!

martes, 15 de marzo de 2016

Un buen torero, a pesar de llamarse Jonathan


Lo difícil que resulta llegar a ser un buen torero. No hablo de figuras ni leches, sino de hombres que saben su oficio, que resuelven con cualquier encaste y ganadería, que conocen los terrenos y las distancias, que bajan la mano cuando hay que bajarla, que templan cuando hay oportunidad, que miden las faenas y que se cruzan al pitón contrario. Algunos también son mañosos con el estoque. Entonces, capitán general.

Reconozco que, a menudo, prefiero ver a un buen torero antes que a una figura. Los primeros no son de "arte y pellizco", pero sí profesionales de las zapatillas a la castañeta. Ellos se adaptan al toro, al que salga por toriles, sea el que sea. Para hacer faena, no tienen que alinearse los planetas. Ellos están allí para resolver, toreando bien, con recursos y oficio. Rara vez dan una mala tarde.


Jonathan Sánchez, es decir, Juan del Álamo, es un buen torero. Lo mismo mata una "zalduendada" en Valencia que toda la camada de Pedraza de Yeltes. En las últimas siete veces que ha toreado en Las Ventas, ha cortado seis orejas. Y si la espada hubiera entrado a la primera, una Puerta Grande habría caído con todas las de la ley. Ante el toro, tiene la facilidad de los elegidos, como si ningún otro oficio se adaptara a su forma de ser. Sólo torero. Un buen torero; seco, sin florituras. Algunos llaman a esto "ser académico". Pues vale.

Del Álamo ha venido a Fallas dispuesto a cortar orejas por lo civil o por lo criminal. Y su lote de Zalduendo, de una sosería atroz, no le ha ayudado nada. Así que ha tirado de recursos para atacar -y poner un poco de sal- sin atacarse él, que no es fácil. Luego, ha medido el tiempo de ambas faenas y ha matado con solvencia. Si un académico hace esto, firmo por poblar el escalafón de académicos.

Parece mentira que hubiera gente que quisiera racanearle dos tardes este año en Madrid. Tras la salida a hombros de Valencia, espero con aún más ganas las corridas de Joselito (2 de mayo) y Pedraza de Yeltes (San Isidro) para volver a ver a este buen torero. Porque no abundan.

lunes, 14 de marzo de 2016

La cultura no se hereda, se conquista #13MValencia

"La conquista del poder cultural es previa a la del poder político"
(Antonio Gramsci)


La cultura ne s'hérite pas, elle se conquiert. La cultura no se hereda, se conquista. Esta cita de André Malraux se pronunció por primera vez en 1959 con motivo de un discurso sobre la belleza y la riqueza de la civilización griega. Malraux creía que las obras de arte debían "ser accesibles" para el mayor número de personas, porque un arte, para sobrevivir, necesitaba ser inteligible y universal. Diez años más tarde, en otra conferencia, Malraux completó su teoría: la cultura no es un conjunto de conocimientos sino, en primer lugar, un ejercicio de voluntad y "una herencia particular de la nobleza del mundo". Ce qui doit nous unir, c'est l'objet de cette conquête. Lo que debe unirnos, es el objeto de esta conquista.

Sin saberlo, una tarde del mes de marzo, el mundo del toro ha puesto en práctica la filosofía de Malraux: se ha unido y se ha echado a la calle, concretamente a las de Valencia, para reconquistar su cultura, herida por la sociedad y la política. Por supuesto, el pobre Malraux (1901-1976) no tenía idea de hastags ni tuits, ni que, en el siglo XXI, la "conquista cultural" se libraría en los platós de televisión, en las redes sociales y en unos ayuntamientos de pandereta, a menudo por gente que no sabe hacer la "o" con un canuto.

No obstante, para tener éxito a medio plazo, toda conquista -cultural, de territorio o amorosa- debe ir precedida -o seguida- de una estrategia. Porque, manifestarse a lo loco, como rabieta popular, es legítimo pero, a la larga, sirve de poco. Por ello, el 13 de marzo de 2016 debe marcar el despertar del mundo del toro, una fecha en la que todos -toreros, ganaderos, aficionados, etc.- tomamos conciencia de que debemos "conquistar" nuestra cultura, que no somos invisibles ni mártires. "De los resistentes es la última palabra", escribió Camus.


Por ello, con #13MValencia comienza una batalla, de defensa, promoción, enseñanza y comunicación, a veces de malabarismo, para defender de una puñetera vez nuestra cultura, la del toro -tanto en la calle como en la plaza-, nuestra identidad, nuestra forma de vida, nuestra afición y, en algunos casos, nuestra profesión. Porque, a veces, hay que estar en misa y repicando, o corremos el riesgo de que la marea del buenismo nos lleve por delante, y entonces poco habrá que conquistar.

sábado, 5 de marzo de 2016

Pueblos como Olivenza


Si todos los caminos llevan a Roma, pocos conducen a Olivenza. Pueblo perdido en el extremo occidental de Badajoz, a tiro de piedra de Alandroal y Elvas, al otro lado de la frontera, en el siglo XIII, la corona de Castilla cedió esta aldea a Portugal. Hasta la Guerra de las Naranjas de 1801, Olivenza no volvió a ser conquistada y anexionada a España. Aún en 1940, la mayoría de sus vecinos eran lusohablantes, conocedores de un dialecto alentejano denominado "portugués oliventino". 


El apellido Cutiño (Coutinho) no puede ocultar su procedencia portuguesa. José Cutiño García comenzó su andadura en el mundo taurino en 1983 como mozo de espadas de Espartaco. Fue el maestro de Espartinas el primero que se ofreció a torear en Olivenza para revitalizar la feria. Gracias a la buena gestión de Cutiño durante veinticinco años, otras figuras han aceptado acartelarse en esta plaza de la raya -contruida en 1857 con el permiso de Isabel II-, hasta convertir la feria de Olivenza en el pistoletazo de salida de la temporada taurina.


Cada año, durante el primer fin de semana de marzo, Olivenza pasa de 12.000 a más de 60.000 habitantes, un torrente de viajeros de una veintena de nacionalidades que acuden a los toros, dejando en este pueblo perdido en la frontera un beneficio de dos millones de euros. De aldea perdida a punto de peregrinación, en el presente, Olivenza es conocida en el mundo gracias al toro, un hecho que enorgullece a sus vecinos. Por ello, antes de la feria, el Ayuntamiento ordena encalar las fachadas, cuidar los jardines y engalanar los balcones. Incluso los azulejos portugueses de la capilla de la Casa de Misericordia guardan un lugar para el toro.


Y no sólo eso: mientras que otras ferias actuales han decidido prescindir de las novilladas, estrangulando a la cantera, la empresa de Olivenza organiza dos, demostrando que las plazas también se llenan con este tipo de festejos. En los últimos años, Cutiño -como Joxín Iriarte en Azpeitia- ha alcanzado la fórmula de la buena gestión empresarial, tan necesaria en otras plazas, muchas capitales de provincia, que carecen de ideas atractivas y promoción. Porque Olivenza no está de paso. La gente acude allí exclusivamente por el toro... y, quizás también, por la Técula-Mécula de Casa Fuentes, una tarta de hojaldre, huevo y almendra de origen árabe cuya receta lleva décadas pasando de madres a hijas.


Lo escribió Miguel Delibes: "La cultura se crea en los pueblos y se destruye en las ciudades". Pueblos como Olivenza.

lunes, 22 de febrero de 2016

El camino elegido


"Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo, y apenado por no poder tomar los dos siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie mirando uno de ellos tan lejos como pude, hasta donde se perdía en la espesura; […] dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo, yo tomé el menos transitado, y eso hizo toda la diferencia (Robert Frost).


Hay caminos que marcan una vida. David Mora tomó una bifurcación inesperada en Las Ventas, el 20 de mayo de 2014, rumbo a la puerta de toriles. Casi dos años después, el 21 de febrero de 2016, cuando todos le daban por perdido en la espesura -incluso él mismo- reanudó el recorrido regreso. Y desembocó en el claro del toreo clásico, templado, honrado y valiente. Como un fiel escudero, su compañero de viaje, Jiménez Fortes, le siguió tanto en las sombras -llevándolo en brazos hasta la enfermería-, como en las luces, en su milagrosa reaparición en Vistalegre. Ambos eligieron el camino menos transitado y eso marcó toda la diferencia.


Tanta honestidad -la verdad de un hombre consciente de que debe seguir su destino hasta las últimas consecuencias- abruma y emociona, sobre todo en un mundo pusilánime que tiende a elegir el camino más llano. Se hace camino al andar, pero también al caer. Lo escribió Baroja: “Hay hombres para quienes la vida es de una facilidad extraordinaria. Son algo así como una esfera que rueda por un plano inclinado, sin tropiezo, sin dificultad alguna. ¿Es talento, es instinto o es suerte? Los propios interesados aseguran ser instinto o talento; sus enemigos dicen casualidad, suerte, y esto es más probable que lo otro, porque hay hombres excelentemente dispuestos para la vida, inteligentes, enérgicos, fuertes y que, sin embargo, no hacen más que detenerse y tropezar en todo. Un proverbio vasco dice: «El buen valor asusta a la mala suerte». Y esto es verdad a veces..., cuando se tiene buena suerte”.


Buena suerte, pues, y bienvenidos de nuevo, Mora y Fortes, porque vuestra vida no rueda por un plano inclinado, y eso os hace grandes. En estos últimos días de invierno en los que empieza una nueva temporada, algunos retoman una vieja senda.

jueves, 18 de febrero de 2016

Estreno del documental "Tauromaquias Universales"

El próximo jueves, 25 de febrero, después del programa Kikirikí, Canal Plus Toros estrena en España el documental "Tauromaquias Universales", escrito y dirigido por André Viard. Los aficionados a los toros ya pueden señalar en rojo ese día en el calendario si no quieren perderse un apasionante viaje por la historia de las tauromaquias mediterráneas, desde la Prehistoria hasta la actualidad.


Para la versión en castellano del documental, tuve la suerte de poder grabar la voz en off junto al maestro José Miguel Arroyo "Joselito", quien aceptó narrar esta historia sobre dioses, héroes y toreros, como el cazador de uros de la cueva de Villars, el inmortal Gilgamesh, el fenicio Melkart, los acróbatas cretenses, Hércules y Teseo o Karpóforo, un revolucionario "matador" romano. Al igual que ellos, los toreros contemporáneos se siguen enfrentando al toro -animal mítico desde la noche de los tiempos- para elevarse sobre su propia condición humana, para hacer emerger la belleza de su destino trágico.


El documental "Tauromaquias Universales" demuestra que nuestra afición -y nuestra pasión- nació hace 23.000 años, conquistando desde entonces todas las civilizaciones mediterráneas. Por su contenido novedoso y la calidad de sus imágenes, este trabajo está llamado a ser un referente en el debate cultural y social en torno a la Tauromaquia. Jueves 25 de febrero en Canal Plus Toros. Nuestra historia empieza aquí.