martes, 11 de febrero de 2014

Las mujeres preferidas por Juan Belmonte

El siguiente texto, fue escrito por el periodista Francisco Gómez Hidalgo en abril de 1913, tras mantener un encuentro con Juan Belmonte cuando éste era aún novillero terriblemente popular, que atraía la atención tanto de los aficionados como de los más reputados artistas e intelectuales de la época.


Cuando yo conocí al gran Guerrita, presentado a él en Córdoba por mi padrino Natalio Rivas, el famoso torero me llevó al Club que en la calle de Gondomar sostiene su nombre con prestigio, y después de contarme anécdotas muy curiosas de su vida, concluyó diciéndome:
 
- Mié usté: toó en la vía zon la meza y la mujere... Yo a ezo m´atenío siempre, y ma ido bien...
 
Comiendo en el Pasaje sevillano con el simpático Belmonte, en quien se hallaría si se buscara tanta semejanza en tanta cosa con el ex torero cordobés, yo recuerdo su frase filosófica. Y como se lo diga al bravo trianero, él me dice:
 
- Lo de la meza, zí. Pero en ezo otro de las mujeres, casi no me atrevo a decir ná... Porque me han dado por ahí tan gran fama de fenómeno, en el sentido de mi figura, claro está, que no sé, pero me supongo que si hablo de eso la gente se va a reír de mí...
 
Es verdad. Al hablar del aspecto exterior de Belmonte se ha fantaseado un poco. Y por mi fe que ello es injusto. Porque si, en efecto, no tiene en la calle la arrogancia heroica que frente al toro, es, sin embargo, un gentil muchacho, en quien se sorprende, además, un gesto muy simpático.
 
Pero dejemos esto, ya que no se trata de descubrir si Belmonte gusta a las mujeres, sino, en todo caso, de cómo le gustan a él. El gusto femenino de un torero famoso, del que acaso depende el porvenir de la clínica para adelgazar que ha instalado recientemente el sabio Marañón. Cuando yo se lo he preguntado, él me ha dicho:
 
- Las que no sean gordas, y además, que sepan sentir...
 
Sobre todo, que sepan sentir. Para Juan Belmonte, una mujer medianamente guapa, que sepa sentir y expresar sus sentimientos con palabras bellas, es, sin duda, preferible a una hermosa que no sepa hablar. La belleza se extingue, mientras que el corazón o la cabeza queda. ¡Oh, sí! El gusto de Belmonte en la materia femenina es muy plausible. Porque ved y comparad lo que gustaban los toreros de hace ocho o diez años. Si a mi amigo Saleri, por ejemplo, se le preguntara, yo estoy seguro de oírle contestar:
 
- A mí gordas; con cuanta más carne mejor...

FRANCISCO GÓMEZ HIDALGO
 

Enriqueta Pérez Lora (en la foto de arriba) fue el último gran amor de Belmonte. Cuenta sobre ella Jesús Cuesta Arana: "Es cierto que Juan Belmonte tuvo un amor otoñal, que nadie desmiente o prefiere ignorar o callar. Era un secreto con altavoces, toda Sevilla lo sabía: Juan Belmonte, a pesar de sus años, se ve con una mujer joven. Aquel amor oscuro, sin duda iluminó, en la paradoja, los últimos días de Juan. Se amaban de verdad".
 
Y remata Andrés Amorós: "Estamos en 1942, Enriqueta tiene 22 años; Belmonte, retirado de los ruedos, 50. Ella no le conoce ni sabe nada del mundo taurino. La ve Juan y pregunta: «¿De dónde ha salido este bicho tan feo?». Pero la joven no se corta: «¡Anda que usté! ¡Como que no es feo! ¿Cuánto hace que no se mira al espejo?». Tienen que avisarla de que es el señor de la casa, el que se ríe a carcajadas".
 

domingo, 9 de febrero de 2014

Breve crónica de lo acaecido en Valdemorillo durante una tarde de viento, lluvia y alerta amarilla


¿Habrá alegría mayor que un toro de Santa Coloma, con ese galope casi festivo y esos ojos negros como carbones encendidos? Casi hacen olvidar el inverno. En eso último, también ayuda la calefacción que ha instalado, o quizás encendido, Tomás Entero en la plaza de Valdemorillo. Salvo cuando alguien abre la puerta para fumar -¡¡esa puertaaaaaa!!-, el ruedo parece una gran mesa camilla con paño de color albero donde se arriman los aficionados para pasar la tarde mientras fuera llueve y ventea.
 
 
Muy entretenida la corrida de Ana Romero, nada que ver con los pasteles de Algarra del día anterior, que parecían criados en Viena Capellanes. Me gustó especialmente el primer toro, de nombre Clarito, el más encastado del conjunto. Cuando tenía media estocada en lo alto, un energúmeno descamisado saltó al ruedo para protestar por algo. La Guardia Civil y las cuadrillas, sumamente eficaces y lo echaron de patadas a la calle. Muy noble el segundo, Cortado, que ante un torero de clase, habría dado fiesta para rato. Interesante también el quinto, Flameado II. El más desabrido, el cuarto, Almonteño. Todos bien presentados y algunos realmente guapos.
 
 
Sobre los toreros, una tarde más hay que ponerse en pie ante la cuadrilla de Javier Castaño. Marco Galán, David Adalid y Fernando Sánchez estuvieron soberbios, exhibiendo un engranaje mucho más perfecto que el reloj de la plaza de Valdemorillo, que lleva dos días marcando, impertérrito, las tres y veinte. De la terna, quien mejor ha salvado la papeleta fue Paulita que, aunque se aturulla con la colocación y las distancias, ha toreado muy templado, especialmente con el capote. Salió a hombros. También recuerdo un natural muy bueno de Castaño a Clarito y un par al violín de Manuel Escribano de los que ponen los pelos de punta. Del resto no hablo, porque esta temporada he decidido comentar sólo lo bueno. A lo Van Gaal, pero a la inversa: siempre positivo, nunca negativo. Y hablando de cosas buenas, una rosquilla casera que me dio a probar un vecino de tendido.
 
Fotografías de Javier Arroyo
 

jueves, 6 de febrero de 2014

Ole Swing


Un contrabajo, un violín, dos guitarras, cierto aire al gran Django Reinhardt y un repertorio cañí. Se bate todo y nace Ole Swing, un grupo 100% ibérico. Los ingredientes de este gazpacho, con regusto entre el "jazz manouche", la copla española y el pasodoble, se llaman Gerardo Ramos, Raúl Márquez, Paco Rivas y Fernando Bellver. En su repertorio figuran clásicos como Ojos verdes, La bien pagá, Pena penita pena, Te lo juro yo, España Cañí, Échale guindas al pavo o La morena de mi copla.


Los miembros del cuarteto explican cómo nació la idea de esta fusión inverosímil entre el folklore español y el francés de la década de los treinta: "Dice la leyenda que Lola Flores y Billie Holiday se encontraron una vez en Sevilla y se fueron de copas. Con Ole Swing, nos hemos aventurado a imaginar lo que pasó aquella noche en alguna de las tabernas del barrio de Triana, cuando dos grandes de la música hicieron arte con solo mirarse a los ojos".

miércoles, 5 de febrero de 2014

Música y Tauromaquia en Filadelfia

En su libro El toreo y las luces, Aquilino Duque cuenta una simpática anécdota que protagonizó Pepe Luis Vázquez cuando, en una ocasión, fue invitado a un concierto en la Academia de Música de Filadelfia. Aunque la orquesta la creó Fritz Scheel en 1900, adquirió prestigio internacional a partir de 1912, con Leopold Stokowski como director principal. A causa de su parecido físico o quizás por la emoción del momento, el torero de San Bernardo confundió a Stokowski con Diego del Gastor, nombre artístico del guitarrista flamenco Diego Amaya Flores (el apodo provenía de los años en que el artista vivió en El Gastor, un pueblecito de la sierra de Cádiz, donde pasó su infancia). Pues he aquí que, un buen día, Diego del Gastor y Pepe Luis, imaginariamente, coincidieron en Filadelfia. Y esto fue lo que sucedió:
 
Diego del Gastor y Leopold Stokowski
 
"Vivía en Estados Unidos un español que cada vez que tocaba en Nueva York o Filadelfia el barco que llevaba a México a los toreros españoles, acudía al puerto a saludarlos y, a la ida o a la vuelta, los agasajaba y les enseñaba el país. En una ocasión les propuso ir a un concierto en la célebre Academia de la Música de Filadelfia. La cuadrilla no mostró demasiado entusiasmo, pero Pepe Luis aceptó. Ocuparon los músicos sus puestos; hicieron los instrumentos sus gargarismos; se apagaron las luces de la sala, apareció con paso resuelto el director, que se colocó frente al atril entre los aplausos del público. Pepe Luis no daba crédito a sus ojos. Aquel hombre era el guitarrista Diego el de El Gastor. El mismo pelo blanco habilidosamente peinado y el mismo ademán al tomar la batuta e inclinarse sobre el atril de cuello de la sonata. Del estupor de ver a la figura o la contrafigura de Diego el de El Gastor en tan insólito lugar, Pepe Luis pasó al asombro de la música que escuchaba, hasta el punto de que, al concluir un compás o un movimiento, se le escapó un ¡olé! involuntario. Tierra, trágame. Un color se le iba y otro se le venía. Seguro que miles de ojos expresaban su furibunda reprobación. Al terminar la pieza y responder a la ovación delirante, el doble aquel de Diego el de El Gastor -que, por la época en la que ocurrió el lance, no tenía más remedio que ser Leopoldo Stokowski- envió un saludo sonriente a la fila de butacas de donde había saltado aquel ¡olé! extemporáneo. La pieza era una sinfonía de Mozart".
 

martes, 4 de febrero de 2014

A nadie le amarga un dulce brasileiro

Tengo un lector muy disgustado porque últimamente no escribo sobre pasteles ni bollería. En honor a él, va este breve artículo sobre un dulce brasileño llamado "quindim", hecho con yemas de huevo, azúcar, mantequilla y mucho coco rallado. Se reconoce fácilmente por su intenso color amarillo brillante.
 
 
Y del dulce a la música. Os Quindins de Yaya es una popular canción brasileña, a ritmo de samba, escrita en 1941 por Ary Barroso. Sin embargo, no se hizo famosa internacionalmente hasta que, cuatro años más tarde, Aurora Miranda la cantó en la película de Walt Disney Los Tres Caballeros. Cuando el Pato Donald y su primo lejano José Carioca viajan a Bahía, quedan embelesados tras cruzarse con una bella mujer que vende quindins de Yaya (algo así como quindins de la madre o la abuela) por la calle.
 
 
Ya que estamos empalagosos y en Brasil -"gostosinhos", que diría un amigo mío-, me veo en la obligación moral de cerrar este post con dos versiones de la hermosísima canción Bahía, tierra de poetas, compositores y cantantes.
 

lunes, 3 de febrero de 2014

El cura de los maletillas


El sacerdote vasco don Luis de Lezama Barañano (Amurrio, 1936), al menos en el mundo terrenal, ya se ha ganado el entrañable apodo del "cura de los maletillas". Cuando lo destinaron a Chinchón a comienzos de los sesenta -en su opinión, el pueblo más bonito de España-, una mañana en la que iba a oficiar misa en el Convento de las Clarisas, encontró a unos desgraciados maletillas durmiendo dentro de la iglesia. Comprendió que aquellos muchachos famélicos necesitaban ayuda, material y moral, y desde entonces, compartió comida y techo con ellos. Al principio, la gente de Chinchón vio con malos ojos este "auxilio taurino" pero, poco a poco, la familia de los capa fue creciendo alrededor de don Luis, con torerillos como "El niño de los frailes", "El expresivo de La Mancha" o Teodoro Libero "El Bormujano".
 
Don Luis de Lezama en la actualidad

Además de la ayuda espiritual y gastronómica, don Luis enseñó un oficio a cada uno de aquellos chiquillos, consciente, probablemente, de que su trayectoria en los ruedos sería corta: camareros, cocineros, recepcionistas, etc. Con mayor fortuna que sus compañeros, "El Bormujano" llegó a tomar la alternativa en la localidad almeriense de Berja de manos del Viti y fue apoderado por don Luis hasta su retirada en 1985.
 
"El Bormujano"
 
Actualmente, el Grupo Lezama, que inició su actividad en 1974, es una de las cadenas hosteleras más ricas del país y da trabajo a cientos de personas. Pertenecen a esta sociedad, entre otros establecimientos, la Taberna del Alabardero y el Café de Oriente. Don Luis, el "cura de los maletillas", quien reconoce que ha llegado a confesar en la barra de un bar, cumplirá el próximo mes de junio 78 años.
 
 

sábado, 1 de febrero de 2014

Yo quiero casarme, abuela


Al pie de la carretera
hay una casita blanca,
doce gallinas y un gallo
y una muchacha muy guapa.
 
Una abuela que a Espartero
(el General) recordaba,
con su caballo bermejo,
su morrión y su espada,
 
y su nieto, que a la viña
desarmienta, poda y cava,
hermano de las gallinas,
del gallo y de la muchacha.
 
Abuela, con un chofeur
me casaba,
que me hiciera guú guú
por la carretera blanca.
 
No quiero abuela, a un gañán
de los que la tierra cavan,
quiero que vista de gris
y que calce unas polainas,
una gorra de visera
muy echadita a la cara
como el que vino aquel día
con aquellas dos muchachas.
 
Abuela, con un chofeur
me casaba,
que me hiciera guú guú
por la carretera blanca.
 
Que me lleve en automóvil,
no en una burra montada,
una mano en el volante
y otra abrazando mi espalda;
que a la capital me lleve
y me paseé por la plaza
y que todas mis amigas
al verme lloren de rabia.
 
Abuela, con un chofeur
me casaba,
que me hiciera guú guú
por la carretera blanca.
 
FERNANDO VILLALÓN

jueves, 30 de enero de 2014

Las flores del tomillo, del té y de la canela

Resulta complicado conocer al dedillo todas las letras que Rafael de León escribió para el mundo de la copla. La producción es tan inmensa como soberbia. El otro día volví a escuchar una canción ya casi olvidada, compuesta a ritmo de bulerías en 1951 para el espectáculo La niña valiente de Juanita Reina: La flor del tomillo, con música de Manuel López-Quiroga y el imprescindible toque de Antonio Quintero. La copla se recuperó en la película Gitana tenías que ser, interpretada por Carmen Sevilla.
 
Tomillo en flor
 
La letra cuenta la historia de unos bandoleros que, durante el reinado de Fernando VII, asaltan una diligencia donde viajaba una bella joven. Finalmente, tras robarle los vestidos de raso y tafetán, el jefe de la cuadrilla acaba localmente enamorado de la dama.
 
Cuando esta tonadilla,
cuando esta tonadilla
llega a la real presencia del Deseado,
del Deseado.
Ladrones en cuadrilla,
ladrones en cuadrilla
mi hermosa diligencia me han asartado,
me han asartado.
Ciento treinta vestidos,
ciento treinta vestidos de raso y tafetán,
y el corazón herido por el bandido del capitán.

Corre que te pillo, que voy que te mato.
Mira, mira, mira que ya te arcancé,
que yo sólo trato de darte un retrato
con mis patillitas y mi calañé.
Toma, toma, toma que toma er cuchillo,
que ya de poquito me puede valer,
porque como eres la flor der tomillo,
corona y anillo te voy a poner.
 
 
Rafael de León compuso coplas a otras "niñas floridas", como La flor de los cantes o La flor del temperamento, una letra que me hace especial gracia en la voz de Lola Flores.
 
 
Me entiende el ruso y el japonés,
pues donde llego yo soy audaz.
Me da lo mismo cantá en inglés
que dar las gracias en alemán.
¡Ay, várgame Dió!
Me da de momen, ¿qué?
Y todo es por mor,
y todo es por mor riquitintintín,
riquitintintón der temperamén.
 
De la copla al cuplé, tenemos la delicada Flor de té que interpretaban Virginia Luque o Sarita Montiel.
 
 
Ella es pobre y él un caballero
que le ofrece su amor y su fé
como un sol alto y fuerte que quema
besando a la humilde flor de té, flor de té.
La muchacha que muere de amor
sueña así que le canta el señor:
Flor de té, flor de té
no desdeñes mi amor
que contigo es la vida un encanto
y sin ti es un dolor.
 
Infusión con flores de té
 
Y, aunque nos salgamos de la copla, si hemos escrito sobre la flor del tomillo y del té no podemos olvidar la flor de la canela...
 
La flor de la canela
 
Nota: sobre la flor del romero ya hablamos en este blog la pasada primavera.

miércoles, 29 de enero de 2014

La afición a los toros del perro Paco

Sobre los escombros de lo que había sido el convento de Nuestra Señora de la Piedad, a finales del siglo XIX, emergió en el centro de Madrid el Café de Fornos, lujosamente decorado al estilo Luis XVI. Tenía muebles de caoba, señoriales divanes, una espectacular alfombra de terciopelo blanco, estatuas de bronce, techos pintados y de sus paredes colgaban grandes espejos, además de cuatro pinturas con alegorías al té, al café, al chocolate y a los licores y helados. A partir de 1870, el Café de Fornos -inaugurado por la mano derecha del Marqués de Salamanca, el empresario José Manuel Fornos- fue frecuentado por aristócratas (el rey Amadeo de Saboya, por ejemplo), literatos (Azorín, Pío Baroja, Manuel Machado, Hemingway, etc.), artistas, espías (Mata Hari) y, un poco más adelante, toreros y cantaores flamencos. Eduardo Zamacois escribió que aquel café de la Calle Alcalá tenía, conjuntamente, "mucho de teatro y algo de iglesia", pues mezclaba un indudable ambiente distinguido con cierto toque bohemio.

 
El Fornos permanecía abierto incluso de madrugada, para llenar los estómagos vacíos de los espectadores que salían de los teatros. Este amplio horario también provocó que recalaran noctámbulos y mujeres de toda condición. Algunas crónicas hablan de fiestas ininterrumpidas durante varios días en los reservados de la planta baja. Así arrancaba un artículo de Julio Burell titulado "Jesucristo en el Fornos":

 
Bajaba hasta la calle, como catarata de la orgia, el estruendo de aquella dorada locura que allá en lo alto, en el confortable rincón del restaurante a la moda, se anegaba enchampagne e y se ahitaba de besos, de trufas y de ostras.
-¡Que la Peri de cuatro pataítas sobre la mesa!... ¡Que Lucy baile con Gorito Sardona el pas a quatre-, gritaban como energúmenos los jóvenes alegres.
Y mientras Polito estampaba con sus labios borrachos un cómico beso sobre la frente de Matilde, y mientras Malibrán pasaba su brazo por el talle de Susana, la voz de viejo Cisneros dejóse oír formidable y terrible:
-Hijos míos -exclamó, adoptando actitudes tribunicias-, sois unos sinvergüenzas; no valéis para nada; viejo y todo, estoy seguro de que estas nobles damas me encuentran más guapo y más fuerte que vosotros…
Un aplauso formidable, un ¡hurra! entusiasta respondió a las palabras del sátiro...
 

Sin embargo, el cliente más querido del Fornos, donde pasaba todas las noches, fue un perro negro: el callejero perro Paco, que resultó bautizado con champán por el Marqués de Bogaraya cuando éste celebraba su onomástica en el animado café el día de San Francisco de Asís. Al perro Paco le entusiasmaban los toros y, según cuentan las crónicas, ocupaba una localidad en el tendido 9 de la antigua Plaza de Madrid.


Durante una corrida en junio de 1882, un novillero nefasto pegó un monumental petardo y Paco, indignado, se lanzó al ruedo para protestar entre las pantorrillas del diestro. Éste, visiblemente enfadado, estoqueó al perro, que murió un poco después. Este incidente enervó aún más al público, que casi lincha al novillero mataperros. Paco fue disecado y expuesto en numerosos locales madrileños, hasta que se enterró, según la leyenda, en El Retiro.
 
Hoy el Café de Fornos es un Starbucks. Seguro que el perro Paco no habría husmeado por allí. Tenía demasiado buen gusto.

 

martes, 28 de enero de 2014

Amores de verano

"Penúltima sesión", "Álbum" y "Gran amor". Tres poemas de Javier Bengoechea con sabor a cine de verano y bisoños romances durante el mes de agosto.
 
 
PENÚLTIMA SESIÓN
 
El argumento es éste:
un hombre enamorado
cabalga ensimismado
al frente de su hueste.

Mirada azul celeste,
y labios sin pecado,
mil veces te he besado
en una del Oeste.

De mi papel me quejo
y de mi puntería,
galán cansado y viejo

que rueda todavía.
Mi corazón te dejo
con su filmografía.
 

ÁLBUM
 
Alisarse el cabello con las manos.
Sonreir de perfil y no de frente.
Así enamoran infaliblemente
los actores de cine americanos.

En los espejos del ayer lejanos
se mira un presuntuoso adolescente.
Rememoro con él proustianamente
las muchachas en flor de mis veranos.

Pasaron en blanquísimas bandadas.
El sol, su sí, la sombra, su tampoco.
Casta y perversamente deseadas.

A todas en este álbum las evoco.
A las completamente enamoradas
y a las que no me amaron por muy poco.


GRAN AMOR
 
¿Recuerdas, gran amor, a tu vecino
de aquel verano, aquel del todo o nada,
con tu nombre tatuado en la mirada
y la voz de color azul marino?

Verano al sol y a un trágico destino.
Último amor a la desesperada.
¿Recibiste una carta no enviada
que firmaba tu amante clandestino?

Yo pedía tu amor, pedía en vano,
ya no recuerdo si inexperto o ducho,
a los hermosos dioses del verano.

Mis peticiones, siempre las escucho.
Hasta recuerdo que pedí tu mano.
A los diez años, te quería mucho.
 

lunes, 27 de enero de 2014

El léxico de los mayorales de bravo de Salamanca

El pasado jueves, se celebró en el Aula de Tauromaquia del CEU una curiosa charla sobre el léxico utilizado por los mayorales de bravo en Salamanca. El veterinario Juan José García y el investigador José Carlos de Torres fueron los encargados de ilustrarnos sobre esta riquísima cultura oral, transmitida de padres a hijos durante generaciones. Algunos de los mayorales que han participado en el estudio son Ricardo García, del Puerto de San Lorenzo; Fidel Rivas, de Atanasio Fernández; Pedro Tapias, el famoso "Zorro de Sepúlveda", Ángel Román e Ignacio González, vecinos de Retortillo; Juan Antonio Marcos, del Sierro; Valentín Perdigón, de Justo Nieto, y algunos más jóvenes.
 

A todos ellos se les preguntó qué es un mayoral, palabra existente en nuestros diccionarios desde el siglo XIV. La respuesta fue unánime: aquel que es consultado por el ganadero durante la tienta, es decir, el hombre de confianza del ganadero. ¿Y qué es la casta? La ascendencia brava, conocida y seleccionada mediante la tienta. Para los mayorales charros, existe una "casta buena", que es la nobleza, y una "casta mala", que es el genio. Un toro encastado sale al ruedo con salero y empuja hasta el final. El toro "de media casta", en cambio, es el morucho, teóricamente eliminado de las ganaderías de bravo, aunque en numerosas corridas comprobamos que aún subsiste en ciertas casas. ¿Y el toro bravo? El toro de lidia, con casta buena, que acomete. "La bravura es acometer a lo que se mueve, con muchos matices", respondió un mayoral. Finalmente, ¿qué es un toro manso? Uno flojo, tranquilo, tonto, que no se nota en el campo... Existe un nivel superior, el manso perdido, aquel que rehúye la pelea y desea escapar.
 

Para los mayorales más veteranos, trapío es un término moderno y prefieren la palabra "hechuras", que es la presencia del toro, "el total". Unos dicen que, cuanto más pequeños los pitones, más fuerza y más peligro.
 

Durante la conferencia, aprendimos muchas palabras de este habla popular que, desgraciadamente, jamás han sido registradas en los diccionarios. El TORO CARPINTERO es el que derrota. La VACA DE MALA CABEZA, la bronca, lo contrario de noble, y representa la pesadilla de los mayorales en el campo. El toro ENCARBAO o ACARBAO es aquel que se echa entre la tierra o la hierba para esconderse. TORNIJAR o ESTORNIJAR consiste en enterrar los pitones en el suelo. TURREAR es la emisión, por parte del toro, de sonidos prolongados. GALLERO es el toro que hace de hembra en la manada y se deja montar. El maricón, para que nos entendamos. Existe la creencia de que, si sobrevive, a causa de las lesiones óseas que suele sufrir en la cadera, sale bueno en la plaza. La vaca TORIONDA o LUNERA es aquélla que se encuentra en celo. El becerro ARTUÑADO es aquel que ha sido criado por una vaca que no es su madre natural. Es un becerro adoptado. Cuando una vaca está haciendo AMOJO, empieza a dar signos de proximidad al parto. Mientras que ESCARCAR consiste en arreglar las pezuñas de los toros. Una palabra más: el TORO FARINATO es aquel de color melocotón o colorado claro, en recuerdo del famoso embutido charro.
 

Ya son pocos los mayorales que viven en el campo, junto a sus toros, los 365 días del año y, al mismo tiempo, cada vez es más frecuente que los ganaderos contraten personal ucraniano, búlgaro, rumano o ecuatoriano. Por tanto, tristemente, al igual que sucede con ciertos encastes, todas estas palabras también se encuentran al borde de la extinción.

sábado, 25 de enero de 2014

La fiera de mi niña


Continuamos analizando l´amour fou de François Hollande, ya conocido por todos como Follande. En el último capítulo, habíamos dejado a su mujer, la Rottweiler, ingresada en el hospital por un ataque de ira. Algunas fuentes apuntan que fue el propio Hollande, preocupado por su integridad física, quien indicó que le administraran a su señora un potente tranquilizante. Pues bien, madame Rottweiler ya está libre y ha decidido que este fin de semana se va a la India en un viaje de "carácter humanitario". ¿Humanitario porque así evita asesinar a su marido? ¿Quizás la Primera Dama aspira a alcanzar la paz budista o sencillamente simpatiza con este país donde los cornúpetas son considerados animales sagrados?
 
 
¿Y qué opina el Papa Francisco de su tocayo François? No lo sabemos con seguridad. Al parecer, el líder de la Iglesia católica ha recibido "con frialdad" a Follande, que este viernes ha visitado el Vaticano. Al finalizar el encuentro, el Pontífice ha sentenciado: "Dios perdona siempre. El hombre, a veces". Y madame Trierweiler ni de coña.
 
 
Últimamente, todo el mundo abandona a Flamby y se solidariza con la Primera Dama que, según ha comentado entre amigos, teme convertirse en una "sintecho" cuando se largue definitivamente del Elíseo. No hay de qué preocuparse, chérie Valérie, en la Puerta del Sol acogemos a todos los "indignados" y "okupas" del mundo. Siempre tendrás un hogar a la vera del oso y el madroño. Con De Gaulle estas cosas no pasaban.