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jueves, 23 de julio de 2015

La muerte del Doctor Zhivago

Conocí la noticia de su muerte a través de una emisora de radio francesa: "L'acteur égyptien de légende Omar Sharif, star de films classiques tels que Lawrence d'Arabie et Docteur Jivago est mort ce vendredi...". Sharif falleció de un infarto, al igual que en el final de Zhivago, cuando, a través de las ventanillas de un triste tranvía de Moscú, cree ver al amor de su vida, Lara. Angustiado, golpea repetidamente la ventanilla para descender y alcanzarla pero, una vez en la calle, al correr tras la mujer que se aleja, las paredes de su corazón, frágiles como el papel, se quiebran, cayendo fulminado en la acera, sin poder despedirse de ella por última vez.


Los ojos de Sharif, los de Yuri Zhivago, son los de un testigo imparcial: nunca juzgan ni recriminan, sólo miran con amor o curiosidad. Su personaje no toma partido por la historia y a duras penas decide sobre su propia existencia, casándose, casi por inercia, con una joven de buena familia a la que no ama, Tonya, y portando consigo una balalaika que nunca aprenderá a tocar. Zhivago, con alma de poeta más que de doctor, es un hombre bueno, ingenuo e infantil cuya vida choca con dos fuerzas arrolladoras: la Revolución Rusa y una mujer excepcional, Lara. Ni para una circunstancia -la Historia- ni para la otra -Lara-, está preparado. Zhivago pasa por la vida sin mancharla... casi sin ser plenamente consciente de lo que está viviendo. 


A un hombre así, tan alejado del héroe, sólo puede depararle una muerte anónima y absurda, rodeado de desconocidos en una acera, a pocos metros de un amor perdido al que dejó escapar en un trineo tirado por dos caballos negros que se perdió en la inmensidad de la estepa. No existe escena más desgarradora en la Historia del Cine.

sábado, 5 de enero de 2013

Rey Mago asegurado a todo riesgo

T.E. Lawrence con su camello Jedha

La historia de hoy, víspera de Reyes, va sobre dromedarios y cine. El productor Samuel Bronston (1908-1994) hizo de España el gran plató de Hollywood en la década de los 60. El moldavo se encaprichó de nuestros paisajes, gentes y buen comer. Gracias a él, El capitán Jones (John Farrow, 1959), Rey de Reyes (Nicholas Ray, 1960), El Cid (Anthony Mann, 1961), 55 días en Pekín (Ray, 1963), La caída del Imperio Romano (Mann, 1963), El fabuloso mundo del circo (Henry Hathaway, 1964), Lawrence de Arabia (David Lean, 1962) y Doctor Zhivago (David Lean, 1965) tienen el color de la tierra, las montañas, los ríos, la nieve y los campos españoles.

Peter O´Toole se echa la siesta


Cuando concluyó el titánico rodaje de Lawrence de Arabia, en agradecimiento por la hospitalidad española, Bronston le regaló al ayuntamiento de Madrid tres enormes dromedarios. "¿Qué hacemos con estos bichos?", se preguntaban en el consistorio. Decidieron, entonces, sacarlos en la cabalgata de Reyes Magos. Sin embargo, Carlos Arias Navarro, alcalde de la capital, no imaginaba hasta qué punto un dromedario podía emborricarse cuando lo obligaban a caminar sobre asfalto. Durante un ensayo, Melchor hizo vuelo sin motor hasta que aterrizó contra el suelo. En otra ocasión, el rey Baltasar sufrió varias fracturas y estuvo hospitalizado en estado grave. Sólo Gaspar se libró de la quema. Tras estos accidentes, el pánico cundió entre Sus Majestades, que a partir de 1971 volvieron a viajar en sus ostentosas y seguras carrozas, mientras que el trío de dromedarios regresó al zoológico.



En este artículo de Carlos Osorio, se describe cómo fue la primera cabalgata en Madrid, que data de 1953.

Charlton Heston, Geneve Page, Ramón Mendéndez Pidal,
Anthony Mann y Samuel Bronston.

jueves, 25 de octubre de 2012

Lara: homenaje a la belleza


Si el otoño huele a castañas asadas, el invierno lleva grabado la melodía de Lara. Me refiero a la célebre banda sonora que Maurice Jarre compuso para la película "Doctor Zhivago" (David Lean, 1965).


En la creación de esta obra maestra estuvo presente, cómo no, el azar. Lo explicaba el propio Jarre en una interesante entrevista realizada en su apartamento de Londres en abril de 1984. Al principio, Lean se enamoró de una supuesta canción popular rusa, "una pieza realmente bonita", reconocía el francés. Sin embargo, cuando los responsables de MGM investigaron los derechos de autor de aquella melodía, descubrieron que no era una composición tradicional y que, por problemas legislativos, no podían utilizarla en la película. Cuando Jarre conoció está vicisitud, tuvo que empezar a componer algo completamente nuevo en un plazo de escasas semanas.


"Hasta ese momento, había estado relajado porque sabía que íbamos a usar la canción tradicional como tema principal. Al componer la nueva pieza, subconscientemente o no, traté de darle la vuelta a aquella melodía que había escuchado tantas veces con anterioridad para captar su sentido y expresión. Cada vez que le presentaba un nuevo tema a David, él lo rechazaba y decía que podía hacerlo mejor. Escribí cuatro canciones diferentes en ese tiempo, pero ninguna terminó de convencerle. En aquella época yo no sólo estaba deprimido, sino también muerto de miedo, porque el tiempo se agotaba... Entonces, un viernes, David me ordenó que parase el trabajo, que dejase de pensar en la película o en su banda sonora y que me fuera el fin de semana a la playa o a la montaña, con el fin de aclarar la mente y retomar la tarea el lunes. Le hice caso, lo que fue muy difícil a causa de la presión por los días que corrían. En cualquier caso, el lunes regresé e intenté escribir algo totalmente diferente, y compuse una especie de vals. Tras aquellos dos días con la mente en blanco, en una hora el lunes por la mañana, había creado el Tema de Lara, que era absolutamente opuesto a la melodía original".



La composición de Jarre, la interpretación de la bellísima Julie Christie, la iluminación de Lean y, por supuesto, el personaje de Lara ideado por Pasternak, forjan una de las creaciones más mágicas, hipnóticas y sublimes de la Historia del Cine. ¿Qué representa Lara? La fuerza, la vitalidad, la salud, el espíritu de supervivencia, el amor y la luz en mitad del caos, la guerra, la muerte, el hambre, la incertidumbre y la desesperanza. Cerca de Lara, ya sea en el frente o en un palacio de hielo, siempre hay un jarrón con flores amarillas, girasoles o narcisos, que se marchitan cada vez ella parte.


Muy pocos personajes femeninos, en la literatura o en el cine, han sido tan arrebatadores como Lara Antipova. La composición de Jarre conmueve tanto como ella misma.


"Al día siguiente vio a Antipova. La encontró en el cuarto de plancha. Tenía delante un montón de ropa y planchaba. […] Las ventanas que daban al jardín estaban abiertas. El cuarto se había llenado con el perfume de las flores de tilo, el amargo aroma del comino seco, como en los parques de otros tiempos, y el ligero vaho de las dos planchas, con las cuales Larisa Fiodorovna planchaba alternativamente, poniendo una u otra a calentar sobre el hornillo".
Fuera del cine y los libros, existió una auténtica Lara...:
fue el gran amor imposible de Pasternak.