jueves, 20 de diciembre de 2012

¡A ver quién quiere el pavito!

“Madrileños: entregaos con todo el desahogo de que es capaz vuestra proverbial pereza a saborear el nutritivo mazapán de la imperial Toledo, el turrón de Jijona, el pavo tradicional y las mil quinientas sabrosas confituras que por calles y plazas os ofrecen al pasar los iluminados escaparates de las tiendas”.
(Fragmento publicado en el periódico La Guirnalda en diciembre de 1876).

Pavera en el centro de Madrid (1925)

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando llegaba la Navidad, Madrid se llenaba de pavos. Literalmente. No estoy hablando de los pavos adolescentes que vemos ahora en rebaño a la entrada de cualquier discoteca, sino de pavos vivos; aquellas gallinas de las Indias, como los bautizaron los conquistadores españoles.

Pavos del siglo XXI

“¡Quién no come besugo el 24! ¡Quién no tiene pavo el 25! ¡Quién no se atraca de turrón el 26! ¡Quién no tiene una indigestión el 27!
”, escribía con fervor un periodista de Madrid Cómico en 1883.


"Pavo desplumado" (Goya, 1812)
Pelar la pava siempre ha llevado su tiempo...

En 1915, un pavo costaba apróximadamente 30 reales, es decir, 7-8 pesetas. Luego, durantes los años del hambre -no hay que olvidar que, durante la posguerra, Madrid fue una ciudad aterida y famélica- un pavo no tenía precio.
Paveros en la Plaza Mayor (1919)

Los emplumados animalitos llegaban a la capital desde Galicia y Extremadura y, al igual que los toros bravos cuando desembarcan en Las Ventas, eran reconocidos por los veterinarios municipales antes de su traslado al mercado de Los Mostenses -muy cerca de la actual Plaza de España-, donde se vendían al por mayor. Después, los paveros conducían hasta la Plaza Mayor sus manadas -que no podían sobrepasar las 40 cabezas-, mientras que en la Plaza de Santa Cruz se instalaban los puestos dedicados a los adornos navideños, como las figuritas de barro para el Nacimiento. Pasear por el centro Madrid en Navidad e ir esquivando pavos constituía una tradición más.

“-¡A ver quién quiere el pavito!…
¡Quién lo quiere… que lo vendo!
- ¿Cuánto vale?
- Seis pesetas.
- ¡Anda Dios, por ese precio
dicen papa!
- Y dicen tata,
y le arrullan a uste el sueño
con el valche de las olas!
- ¿Hacen cuatro?
- Ni una menos.
- ¿Es precio fijo?
- ¡Pus claro!
- Pus ni que fuera su nieto
u algo así de la familia,
pa´no rebajarle el precio!
¿Hacen cinco?
¡No hace nada!
¡Canario como está el tiempo!
- ¡Hijo, por Dios, si este pavo
cuasi, cuasi, está en los huesos!
- Pues dele uste el aceite
del bacalao!
- ¡Y un torrezno!
- ¡U llévele a Panticosa!
¡A que tome agua de hierro!”
(Antonio Casero)
Fotografía de Martín Santos Yubero (1935)
Venta de pavos en la Plaza Mayor (1902)

El pavo anda ahora de capa caída: los canapés, productos ibéricos y langostinos le han hecho mucho daño. Ya no le echamos guindas al pobre pavo...



Esta Navidad, cada español gastará 514 euros, una cifra que, nunca mejor dicho, ¡no es moco de pavo! Concretamente, en alimentación la media se situará en 191 eurazos por barba.


La competencia del pavo en 2012

"
El mayor mal que puede sobrevenir a un ser naturalmente estúpido, es adquirir de pronto los dones de la inteligencia. Si lo dudáis, os referiré la aventura de un pavo, del cual, si se descuida, no quedarían ni huesos, porque los huesos de pavo son muy gratos a los canes..."
(continuar leyendo "La Navidad del pavo" de doña Emilia Pardo Bazán).

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Ladrones de besos (altamente azucarado)


"¿Qué es un beso?
Hablábamos de un beso
La palabra es dulce.
En realidad un beso, ¿qué expresa?
Un juramento cercano,
Una promesa sellada,
Un amor que se quiere confirmar,
Un acento invisible sobre el verbo amar,
Un secreto que confunde la boca con las orejas,
Un instante infinito, un murmullo de abejas,
Un sabor dulcísimo, una comunión,
Una nueva forma de abrir el corazón,
De circuncidar el borde de los labios,
Hasta llegar al alma".
(Fragmento de Cyrano de Bergerac)


Si algún lector tiene el azúcar alta, le recomiendo que vuelva mañana. El artículo de hoy chorrea almíbar: de vez en cuando, sobre todo en fechas próximas a la Navidad, conviene cambiar las trincheras por la vie en rose.


La capitulación de Japón puso punto final a la Segunda Guerra Mundial. Alfred Eisenstaedt, alemán de origen judío y reportero de la revista Life, retrató mejor que nadie la alegría por la paz recién conquistada. La foto que lo hizo famoso fue tomada con una Leica M3 en la plaza neoyorkina de Times Square el 14 de agosto de 1945 (existe otra versión, desde un ángulo peor, de Víctor Jorgensen). En ella, un marinero besa apasionadamente a una joven enfermera a la que agarra por el talle. Al fondo, varias personas que observan la escena, sonríen. Ella, sorprendida por el gesto espontáneo de él, pierde el equilibrio y carga su peso sobre los brazos del joven, que representa la fuerza y el poder del hombre. Si los besos pudieran clasificarse, éste probablemente sería más eufórico que amoroso. Eisenstaedt, un auténtico obseso de los besos, fotografió muchos otros, sobre todo de despedida o reencuentro en estaciones de tren.

"I was running ahead of him with my Leica looking back over my shoulder... Then suddenly, in a flash, I saw something white being grabbed. I turned around and clicked the moment the sailor kissed the nurse" (Eisenstaedt).


El segundo beso más conocido de la historia de la fotografía lleva la firma del francés Robert Doisneau. Normalmente, en sus fotos intentaba pasar inadvertido, pero en "El beso del Hotel de Ville" -un emblema de París, la ville de l´amour (1950)- se acercó más de lo acostumbrado. Al final de su vida se demostró que sus imágenes estaban programadas, es decir, eran grandes escenas organizadas por él mismo con la colaboración de actores profesionales. En esta ocasión, una pareja de jóvenes pasea por una calle concurrida. Él, de aspecto bohemio, viste una bufanda clara que lleva remetida de cualquier manera entre las solapas de una chaqueta cruzada. Ella, con rebeca oscura, también parece sorprendida por el beso de su amante. A diferencia de la foto de Eisenstaedt, los viandantes hacen caso omiso a esta manifestación pública de cariño.

“The world that I was trying to present was one where I could feel good, where people were friendly, where I could find the love I wanted. My photos were proof that this world could exist.” (Doisneau).


Y, para rematar el empacho, ¿qué me dicen del beso patrio? Tengo la impresión de que en España somos menos dulces y más... salaos.


"La española cuando besa
es que besa de verdad,
y a ninguna le interesa
besar con frivolidad.
El beso, el beso, el beso en España
lo lleva la hembra muy dentro del alma".

martes, 18 de diciembre de 2012

El cansancio del alma fuerte

En la encrucijada entre las ruas lisboetas de Mouraria y do Capelão se halla un bello monumento al fado y los fadistas.


"Toda poesía—y la canción es una poesía ayudada—refleja lo que el alma no tiene. Por eso la canción de los pueblos tristes es alegre y la canción de los pueblos alegres es triste. El fado, sin embargo, no es alegre ni triste. Es un episodio de intervalo. Lo formuló el alma portuguesa cuando no existía y lo deseaba todo sin tener fuerza para desearlo. Las almas fuertes lo atribuyen todo al Destino; sólo las débiles confían en la voluntad propia, porque ésta no existe. El fado es el cansancio del alma fuerte, la mirada de desprecio de Portugal al Dios en que creyó y también le abandonó. En el fado los Dioses regresan legítimos y lejanos" (Fernando Pessoa, abril de 1929).

Rua do Capelão muy a comienzos del siglo XX

"Rua do Capelão" es el canto de un corazón cansado de latir. Desde que le vio descender la calle sembrada de romero, su destino quedó marcado para siempre. Él se marchó un día y ella sabe que nunca volverá. Para llenar su alma y su vacío, morirá abrazada a uno de los fados más hermosos que se han escrito. 
Inicio de la Rua do Capelão

"Ó rua do Capelão
Juncada de rosmaninho...
Se o meu amor vier cedinho
Eu beijo as pedras do chão
Que ele pisar no caminho".

Que en castellano, apróximadamente, quiere decir:

"Oh, rua do Capelão
Sembrada de romero...
Si mi amor viene temprano por la mañana
beso las piedras del suelo
que él pisa en su camino".


La versión clásica es la de Amalia Rodrigues,
pero reconozco que prefiero la de Cuca Roseta.


Una de las primeras fadistas de la historia murió a los 26 años, enferma de tuberculosis, en un mísero burdel de la rua do Capelão. Se llamaba María Severa y nació en una casucha de la parte alta de Lisboa en 1820. De cabello zaíno, rasgos gitanos y labios carnosos, pronto se hizo famosa por su belleza y facilidad para cantar fados, lo que causó más de un estrago entre los hombres de Mouraria, sobre todo entre aquellos que acudían a escucharla a la taberna Rosário dos Óculos, al cabo de Capelão, o al Café do Joaquim Silva, muy cerca de la plaza de toros de Campo de Santana. El Conde Vimioso, gallardo cavaleiro, era un admirador de La Severa. "O 13º Conde de Vimioso era um hábil cavaleiro e distinto na arte de lidar com os toiros. Foi durante muitos anos aplaudido na antiga Praça de toiros do Campo de Santana".

La Severa (1820-1846)

A Praça do Campo de Sant'Ana era pequena e quase tôda de madeira,
sem o tipo clássico dos redondéis hispano-árabes, uma arena muito
para «brinco de touros», mas que fêz as delícias dos nossos avós.

Pero para el conde, conquistador empedernido, la fadista no fue más que un capricho pasajero y la joven de Mouraria acabó perdiendo la cabeza por conquistar su amor. "Tudo leva a crer que Maria Severa tinha vivido os três últimos anos da sua vida, na companhia do Conde. Por ele morreu de amor". Finalmente, su alma fuerte se apagó en Capelão.

"Chorai, fadistas chorai
Que a Severa se finou".
"A Severa" se estrenó en 1931.
Fue la primera película sonora rodada en Portugal.

lunes, 17 de diciembre de 2012

¿Qué tienes tú, Curro Puya, que hasta el corazón se para?

Gitanillo de Triana toreando a la verónica

El fragmento que reproduzco hoy pertenece al libro "Dios y los toros" (1991) escrito por el padre mexicano Ramón Cué Romano. Antes, haré una introducción sobre el torero gitano Francisco Vega de los Reyes (Sevilla, 1904 - Madrid, 1931), conocido como Curro Puya y, sobre todo, como "Gitanillo de Triana", después de que Juan Belmonte, impresionado tras verle manejar los trastos en un tentadero donde Antonio Flores, sentenciara: "¡Cómo torea ese gitanillo de Triana!". El sevillano, continuador de la escuela belmontina, fue considerado un torero elegante, puro, de gusto exquisito, además de un maestro de las verónicas templadas y mano baja.
 
"Los lances de tu capote
han dormido a la Giralda
y han hecho llorar al río
por seguiriyas gitanas.
[...] Ya se inició el paseíllo
y hay un silencio en la plaza...
Los chiqueros se han abierto,
el toro al albero salta,
y Curro -cristal y bronce-
con sus muñecas quebradas,
va dando ritmo y cadencia
a verónicas templadas,
igual que se templa el hierro
con el compás de la fragua.
[...] ¿Qué tienes tú, Curro Puya,
que hasta el corazón se para,
y haces detener al tiempo,
y pones de pie a la Plaza?
¿Qué tienes? Dime, ¿qué tienes?
Dime el secreto que guardas,
que has hecho llorar al río
por seguiriyas gitanas
y soñando con tus lances
se ha dormido la Giralda..."
(Rafael Peralta Revuelta)

Cuando Curro Puya toreaba el 31 de mayo en Madrid de 1931, sufrió una cogida por el toro Fandanguero -de la ganadería de Graciliano  Pérez-Tabernero-, que le asestó tres mortales cornadas. Cuando lo traslaban a la enfermería, el diestro de Triana le confesó a su mozo de espadas: "Este toro me ha desbaratado".
 
Traslado a la enfermería
 
Falleció en un sanatorio de la capital, el 14 de agosto, con tal sólo 27 años, tras una larga agonía de setenta y cinco días. Sus últimas palabras fueron: "ya no veo".
 
"Qué triste tarde aquella
que te cogió Fandanguero
está de luto Triana
se quedó sin el requiebro
de la gracia del toreo.
Triana lloró de pena
la Cava quedó callada
Triana en silencio
llorando la muerte
de un gitano torero".
(José Manuel López Mohiño)
 
Tras la muerte de “Gitanillo de Triana”, la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Estrella de Triana decidió vestir de luto a su imagen titular.


(Tras esta introducción, ahora sí reproduzco,
palabra por palabra, el texto del Padre Cué)
Es perfectamente explicable que la madre del torero viva con los ojos clavados en la Madre de Cristo.

Que el destino doloroso de María sea el espejo en que mire proyectado su propio destino.
Que su angustia busque el amparo de la fe que fue y se llama Angustias.
Y que en la soledad por la muerte del hijo en el ruedo, se refugie en la compañía de la Mujer que también se llama Soledad y que la más sola – ¡aunque llena de Dios! – que ha existido en la historia de las almas.
El féretro de Curro Puya camino del cementerio de San Fernando, en Sevilla.

Por eso se comprende en todo su valor ese gesto inspirado, tantas veces repetido por las madres de los toreros en la muerte sangrienta del hijo: ¿Qué destino mejor puede tener ese capote de paseo o ese traje de luces – con sangre en sus bordados – que convertirlo en saya o en manto de una Virgen Dolorosa?
De madre, a Madre. De soledad, a Soledad. De angustias, a Angustias.
¡Qué triste estás, y qué bonita estás, Angustias de los gitanos, en Sevilla, cuando te visten la saya blanca y oro que fue traje de luces de Curro Puya, «Gitanillo de Triana», y que te regaló su madre angustiada por la muerte trágica del hijo!
Y quedas toda envuelta, Angustias, blanca y oro, en el exquisito homenaje de sus verónicas lentas, gitanas, melancólicas...
(- «Curro, ¿no se te para el corazón cuando toreas?»)
Curro Puya con su madre, Carmen de los Reyes (Málaga, 1930)

Madre de un torero es cosa
muy mal pensada, Señor.
O haces toreros sin madre,
o madres sin corazón.
¿Qué no vaya a la corrida?
Pues no iré. ¿Y adónde voy?
Desde el rincón de mi casa
vivo en la barrera yo.
No es él solo el que torea,
que toreamos los dos.
Y sí su toro es un miura,
es miura mi corazón.
¿Qué no vaya a la corrida?
Corrida, ¡la tengo yo!
Mi pecho es cosa de lidia,
mi sangre escarba en hervor,
mi boca se muerde un grito,
mi oído acecha su voz...


Detalle de la tumba de Gitanillo de Triana 

domingo, 16 de diciembre de 2012

Moriremos a los 150 años, sanos como peras, tiesos y sin pensión


A unos "expertos" de Nueva Zelanda, que tienen las neuronas de un koala, se les ha ocurrido animar a los gobiernos a que creen un impuesto (¡otro más!) que grave los refrescos azucarados y los alimentos ricos en grasas saturadas. "En base a los estudios de modelización, los impuestos sobre las bebidas carbonatadas y las grasas saturadas y las subvenciones a las frutas y verduras se asocian con cambios beneficiosos en la dieta, que tienen el potencial de mejorar la salud", han subrayado los koalas.

Fotografías de Martin Parr

¿Por qué el Estado tiene que velar sobre nuestra salud? Si una tarde me doy un atracón de donuts, ya sé que, además de ponerme como una foca, subirá mi colesterol junto al resto de índices malignos. Bueno, ¿y qué? En mis niveles de azúcar mando yo. La cruzada contra los fumadores también me enerva. Los ministros del Santo Oficio persiguen, multan, gravan, señalan y expulsan de los lugares públicos a cualquier ser que lleve un cigarrillo en los labios en pro del bien común, la paz social y la alegría infantil. Sepan ustedes, señores gobernantes, que, desde que prohibieron fumar hasta en la pantalla del cine, le han hecho un daño irremediable a los villanos, mujeres fatales y  rebeldes sin causa.


Ya en 1624, el Papa Urbano VIII prohibió el consumo de tabacó y decretó la excomunión para cualquier cristiano que fumase dentro de un recinto sagrado. El tabaco -sobre todo el esnifado- provocaba estornudos, una reacción corporal, bajo su punto de vista, muy similar a la eyaculación, por tanto, impura para el alma. En 1633, el sultán Murad IV pasaba a cuchillo a una media de veinte personas diarias por inclumpir la ley de no fumar en el Imperio Otomano. Poco después, el zar Miguel se lió a rebanar narices a todo ruso que tuviera el valor de humear en su presencia.



Dentro de poco, nos meterán en la cárcel por zamparnos un bocadillo de jamón en mitad de la calle. Sí, queridos koalas: los embutidos, la yema de huevo y algunos quesos también son alimentos ricos en ácidos grasos saturados. Así que, mientras vienen a por nosotros, esperemos fumando un buen cigarrillo a lo Gardel.



Moriremos a los 150 años, sanos como peras, tiesos y sin pensión.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Cuando los villancicos se salen de madre

Detalle de un cartel de Ramón Casas

A finales del siglo XIX, Vicente Bosch, creador de Anís del Mono, viajó a París sin su mujer. Antes de partir, como no podía ser de otra manera, su santa esposa le pidió un recuerdo de la capital francesa, así que el bueno de Vicente, cuando cruzó la octogonal Place Vendôme, se detuvo ante el escaparate de una boutique.

Panorámica de la Place Vendôme

Entre tanta exquisitez, le llamó la atención un frasco de perfume que lucía un bello relieve romboidal. ¡Eureka! Ya tenía el regalo para su mujer y, de paso, el diseño para sus botellas de anís. Los españoles también vieron un gran potencial sobre aquel cristal grueso y rugoso que Bosch, cual cigüeña, trajo de París.



Ni cortos ni perezosos, en la primera Nochebuena que les saltó al encuentro, agarraron el frasco y empezaron a rascarlo con los dedos, palillos o cucharas. Et... voilá! De esta manera, junto a la pandereta y la zambomba, nació el acompañamiento musical de los villancicos callejeros.


A finales de los años 40, las rondallas navideñas por el centro de Madrid se habían convertido en un problema municipal. Los villancicos, con su inseparable botella de Anís del Mono, se habían ido de madre. En 1948, el Ayuntamiento de la capital redactó una ordenanza que decía así: "Con el fin de evitar en lo posible cuantas molestias puedan perturbar la vida normal del vecindario, y sin perjuicio de las limitaciones que en los casos no previstos establezca la Alcaldía o sus Delegados, queda prohibido dar serenatas o recorrer las vías en rondallas sin permiso de la Autoridad".


Como en escrito en más de una ocasión, cualquier "fenómeno sociológico" ya tiene su aplicación para iPhone, y rascar la botella de Anís del Mono no iba a ser una excepción. MonoMusic permite hacer el Riquirín deslizando el dedo por la mismísima pantalla del SmartPhone: "Ahora, además de elegir entre las dos variedades de Anís del Mono -dulce o seco, que suenan diferente-, también puedes llenar o vaciar la botella para conseguir ruidos distintos, más graves y más agudos. Y eso no es todo: también podrás utilizar una cuchara virtual o acompañarla con un villancico navideño".