sábado, 7 de junio de 2014

Un cantar de gesta épico e incomprendido

¡Qué desdicha que ya no existan juglares que reciten cantares de gesta para narrar las hazañas de hombres como Antonio Ferrera o Alberto Aguilar! Tal vez se conseguiría mitigar el analfabetismo del público que acude hoy a las plazas de toros... Qué injusto ha sido Madrid. Más que injusto, con sus protestas y tirada de almohadillas, ha sido miserable. Duele Madrid. El comportamiento de Las Ventas no admite benevolencia esta vez.
 
 
En la Edad Media, Ferrera habría sido un personaje del Romancero Viejo. Los aficionados cabales agradecen su lidia antigua, su forma de llevar el toro al caballo, su muleteo por bajo y su dominio. Ferrera ha pechado con un lote durísimo. El quinto Victorino, Majito, fue una auténtica alimaña con mucho más peligro que los moros que campaban por el Cantar de mio Cid. En cada embestida, aquel cárdeno recordaba perfectamente lo que había dejado atrás, como una Valencia perdida. Y, al siguiente embroque, buscaba el cuerpo del hombre con frenesí. Un manso con genio y tremendo peligro. Dinamita en unas manos inexpertas. Pero Ferrera tiene, probablemente, las manos más diestras del escalafón actual. Esta vez sólo fallaron a la hora de matar. Ya echado en el albero, pegado a tablas, con una estocada dentro, Majito sintió llegar la muerte y se abalanzó como un rayo contra el puntillero, Manolo Rubio, tronchándole, trágicamente, la rodilla y su carrera en los ruedos. Tras la desgracia, el propio matador, épico, con el capote en la izquierda y la puntilla en la derecha, intentó rematar al Victorino para que otro hombre de su cuadrilla no se jugara la vida. El público, trastornado y cruel, abroncó a Ferrera y aplaudió en el arrastre a Majito.
 
 
Las plaza se mostró igual de injusta con Aguilar, quien lidió a Vengativo (3º), un Victorino encastado, vibrante, humillado y repetidor, que a mitad de faena desarrolló un terrible sentido por ambos pitones. El final del trasteo consistió en un toma y daca heroico. Y es que en su pitón izquierdo, Vengativo llevaba escrita La Vendetta de Balzac. Estoquear a aquel toro sólo tuvo la recompensa de una tímida ovación para Aguilar, quien tuvo que pasar por la enfermería tras clavarse la espada en el gemelo. Con el sexto, el madrileño hizo bien en no darse coba: es inútil recitar un cantar de gesta ante un público sordo. Y quien regaló un auténtico recital, fue Rafa González con su capote de vueltas azules.
 
Fotografías de Juan Pelegrín
 
Además de variada de comportamiento -Uceda Leal desaprovechó al gran Madrileño, que abrió plaza-, palpitante corrida de Victorino, de las que no se olvidan en mucho tiempo. Hacen falta toros así para que hombres como Ferrera o Aguilar conquisten la gloria. La concurrencia debe recordar que existe otra Tauromaquia, más auténtica, que no comparte los cánones del ballet. Si los presentes sienten herida su sensibilidad ante un espectáculo tan desnudo, que se matriculen en un curso de golf con guantes blancos y no regresen a una plaza de toros. Las corridas, incluso cuando se lidian alimañas, no son crueles siempre y cuando la afición demuestre humanidad.

5 comentarios:

  1. Este es el comentario de Agustin Hervás sobre la labor de Ferrera, te pido encarecidamente que lo leas con detenimiento para que te enteres de lo que ha hecho Ferrera:
    "Ferrera fue el único en el segundo toro, que no anduvo aperreado, es más dio una dimensión interesante de la lidia, pues estuvo muy correcto en general. Con los palos decidido, pero mientras Trujillo banderillee con mas verdad que este torero, no hay color, ni merito. Al segundo lo pasó de muleta por el derecho con corrección, y le hizo tragarse una tanda por el izquierdo, luego la tontería final de tirar la espada o la ayuda para torear con la derecha sin ella, no tuvo esencia. Al quinto no quiso verlo. Pero quiso taparse ante Madrid y lo hizo toreando a la antigua sobre las piernas abriendo la faena. El sabia que así, si el toro hubiera tenido alguna posibilidad, se la anulaba y por consiguiente no tenía que hacer el esfuerzo de demostrar lo que el toro llevaba dentro. Conclusión que le salió el tiro por la culata porque el público lo caló. Y le pitaron."

    ResponderEliminar
  2. El 90% de los críticos no reconocen la impotencia de los tres "toreros". Como los toros no hablan, la culpa era de ellos.

    ResponderEliminar
  3. A mi me parece que Ferrera y Aguilar estuvieron superiores !, y el público inferior

    ResponderEliminar
  4. Los toreros, en especial Ferrera y Aguilar, superiores, el publico, una vergüenza su comportamiento, la corrida muy interesante

    ResponderEliminar