lunes, 8 de octubre de 2012

"Mi verso es como un toro colorado y terrible que no aguanta ni el hierro de la ganadería"

No se estudia en el Bachillerato ni aparece en los libros de Literatura de la LOGSE. Mientras que muchos de sus coetáneos, reciben casi a diario homenajes póstumos (Lorca, Alberti, Miguel Hernández...), Rafael de León (1908-1982), miembro brillante de la Generación del 27, duerme a la sombra de las celosías del olvido. Antonio Burgos lo describió acertadamente como "el mayor y más extenso poeta popular en lengua castellana de este siglo, del pasado y quizá del venidero".


"Tu recuerdo es una faca,
que me hiere y que me ahoga,
lo repite en una placa
esta copla de Quiroga.
De tu landó de marqués
sale una voz con corona,
y es el pueblo, Rafael,
en la radio de cretona".

No pretendo ahora hacer justicia a la memoria de Rafael de León; sólo quería compartir uno de sus poemas, que he vuelto a leer esta noche, y que me parece de una belleza hiriente: "Mi verso es como un toro colorado y terrible que no aguanta ni el hierro de la ganadería...". ¿Se puede escribir algo más hermoso sobre la necesidad de escapar y ser libre?


"¿Cómo quieres que deje mi vida entre tus manos
y mi jardín de sueños y mi luna y mi rosa?
¿Cómo quieres ponerle orillas a este río
que corre libre y ancho desde que yo naciera?

Me brindas una dulce esclavitud antigua,
dentro de tu palacio con su escudo y su torre,
y lo que necesito es un campo de trigo
por donde se revuelque mi verso desbocado.

Quieres que esté pendiente de tu traje de novia,
de tu escote redondo y tus manos sin sangre,
de las rancias visitas que vienen a tu casa
y de la barahúnda de tus antepasados.

Y yo estoy con mi nardo, con mi copla y mi vino,
con la muchacha alegre que vende las naranjas,
con el niño pequeño que pide la limosna,
y con el árbol que da sombra a los pájaros libres.

Estaría una semana besándote la mano,
elogiando marfiles y mirando vitrinas,
y de pronto, una noche, llegaría mi viento
a romper miniaturas y abanicos de encaje.

Mi verso es como un toro colorado y terrible
que no aguanta ni el hierro de la ganadería,
y que lo mismo baja a beber al arroyo,
que anda leguas y leguas hasta encontrar los mares.

Yo vivo en una choza de cartón y de nubes,
con un pino y un monte y un aljibe de sueños.
Cuando quiero un castillo, me vuelvo medio loco
y arquitecto de luna, lo construyo en el aire".

"La vendedora de naranjas" (Auguste Renoir)

"Vendedora de naranjas" (Juan Cardona)

"Vendedora de naranjas"
"La pequeña vendedora de naranjas" (Seymour Joseph Guy)

A este poema, titulado "No", nunca se le puso música. Quiroga, en cambio, convirtió en una preciosa farruca flamenca el soneto "Cárcel de Oro", escrito también por Rafael de León y que vuelve a tratar sobre las ansias de libertad. Curiosamente, Paco de Lucía grabó una versión sinfónica de esta copla en 1965 con Ricardo Modrego.

"Cuando tú me diste amparo no era más que una gitana
con un traje de volantes y una enagua armidoná,
y me vi por tu cariño, de la noche a la mañana,
convertía en una reina de brillantes coroná.
Pero a mí desde el principio me cansaba tu ternura,
me agobiaba aquel encierro que me impuso tu pasión,
y una noche en que tus celos me colmaron de amargura
con la hiel de mis palabras yo maté tu corazón".


"No me quieras tanto" (León y Quiroga) es otra copla que narra la historia de una joven que, ávida de libertad, desprecia el amor de un hombre que satisfacía sus gustos antes, incluso, de que ella los imaginara (hay amores que matan).

"Yo tenía veinte años y él me doblaba la edá.
En mis sienes había noche y en las suyas madrugá.
Antes que yo lo pensara mi gusto estaba cumplío;
ná me faltaba con él.
Me quería con locura, con tos sus cinco sentíos,
yo me dejaba queré.
Amor me pedía como un pordiosero,
y yo le clavaba, sin ver que sufría,
cuchillos de acero".


Sobre el amor y la libertad, aunque haya que cruzar el Atlántico, no me resisto a cerrar este texto con una ranchera cantada por José Alfredo Jiménez -¡qué voz!- llamada "Te solté la rienda". Otra maravilla universal.

"Se me acabó la fuerza de mi mano izquierda,
voy a dejarte el mundo para ti solita;
como el caballo blanco le solté la rienda,
a tí también te suelto y te me vas ahorita".



domingo, 7 de octubre de 2012

La reserva de valor se agota (crónica de una moruchada)


Tres toreros así no merecían semejante moruchada. La corrida de Palha con la que se ha dejado caer Joao Folque en Las Ventas ha sido indecente: mal presentada, cada bicho de su padre y de su madre, rajada, correosa, con poca fuerza, peligrosa y a cual más intoreable. Preocupa lo que está criando el portugués en "Heredade de Adema". Dicen que este mismo año lidió una gran corrida en Azpeitia. Recemos, pues, para que lo de este domingo haya sido un accidente: los ganaderos que han seleccionado un animal con el único objetivo de sembrar el terror, siempre han terminado mal. Una cosa es la casta y la bravura, y otra muy distinta los toros que van con la cara alta buscando el bulto constantemente. Esto es lo que se ha visto en el remate de la Feria de Otoño.


Fernando Robleño, Javier Castaño y Alberto Aguilar le han plantado cara a la bueyada con un pundonor y valor ejemplares. Conscientes de lo que se jugaban en Madrid, han salido a jugársela a carta cabal. A Robleño casi le echa mano el cuarto, un toro -el más peligroso de la corrida- al que terminó macheteando casi en tablas. No tuvo esa suerte Javier Castaño, que sí resultó volteado al entrar a matar al indecente jabonero que hizo segundo. Tras descabellarlo, tuvo que pasar a la enfermería. Haciendo gala una vez más de su vergüenza torera, y a pesar de los evidentes gestos de dolor, salió a estoquear al quinto, otra prenda con dos leños que asustaban al miedo. En cuanto a Alberto Aguilar, también tremendamente valiente, estuvo muy por encima de su lote, sobre todo toreando al natural al sexto. 


Esperamos que la empresa de Madrid tome nota y la próxima temporada vuelva a brindarle una oportunidad a estos tres diestros a los que siempre les toca bailar con la más fea. Las reservas de valor, antes o después, también se agotan: bien lo saben Robleño y Castaño, dos veteranos que han resurgido de sus propias cenizas después de ser vapuleados por toros y empresarios. No estaría de más que toreros de su categoría recibieran mejor trato para que no terminen estrellándose con una moruchada indecorosa. ¿Cómo es posible que la empresa Taurodelta haya comprado semejante corrida? ¿A qué se dedican sus veedores cuando recorren las fincas buscando, teóricamente, ejemplares para la primera plaza del mundo?


Lo más gratificante de la tarde han sido los dos pares de banderillas que David Adalid le ha clavado al quinto, al que le dio todas las ventajas. Torerísimo el subalterno que saludó una atronadora ovación con la plaza puesta en pie. En las cuadrillas también destacaron Francisco Javier Rodríguez -bajo las órdenes de Castaño- y Rafael González, en las filas de Aguilar.

Fotografías: Juan Pelegrín

Y mientras estos toreros se jugaban la vida en Madrid, Cayetano anunciaba su retirada "temporal" de los ruedos (dice que quiere dedicarse "a otros proyectos que le ilusionen"). Desde luego, Armani no echa bichos como los de Palha. Siempre ha habido clases. E injusticias.

sábado, 6 de octubre de 2012

Desencuentro entre el toreo clásico de Sergio Aguilar y la bravura de los Valdefresnos


Sergio Aguilar torea más bien que la mar: siempre en el sitio, colocado entre los pitones, puro y seco. Sin desplantes ni alharacas. Toreo serio. Macizo. Quizás por eso no llega a "la masa" (ni lo hará en un futuro, por desgracia). Aguilar no entiende de marketing; sólo de toreo clásico. Lo mejor de la tarde lo ha firmado con la mano izquierda: una serie de naturales al hilo de las tablas del 2 como hacía tiempo que no se daban en Las Ventas. El primero de Valdefresno, rajado y aquerenciado a chiqueros, no le permitió hacer más. La fortuna tampoco lo acompañó en el cuarto, un toro encastado que apretó mucho en el caballo y al que le propinaron un tercio de varas criminal. Llegó a la muleta desfondado y Aguilar trasteó de la única manera de sabe: de frente y sin trampa ni cartón. Sorteó, con diferencia, el peor lote.

Aguilar, al borde de la desesperación, porque nunca le sale un toro en Madrid.
Fotografía: Juan Pelegrín

Nicolás Fraile ha traído una buena corrida de toros a Las Ventas: sobresaliente en la forma (así se viene a Madrid, ganadero) y notable en el fondo, con un toro de lío: el tercero, de Fraile Mazas y de nombre "Cartuchero", y otros que hubieran merecido otra lidia.

"Cartuchero", esta mañana en los corrales
 
A Iván Fandiño poco le ha faltado para abrir una Puerta Grande superficial, de una y una, que se truncó por fallar con el descabello en el quinto. Este toro, protestado en los dos primeros tercios por trastabillear, fue a más en la muleta, donde galopó con alegría y descolgó la cara. El de Orduña -con una disposición irreprochable- no supo encontrarle los terrenos (a veces a favor de la querencia, a veces en contra), ni el tiempo (muy acelerado), aunque sí la distancia, citándolo de largo para enseñar el tranco del toro. Esta vez, el corazón del torero bombeó con demasiada fuerza y las ansias por abrir la Puerta Grande estropearon la faena que culminó con un estoconazo (dio la vuelta al ruedo). En el segundo, tardó en verle su buen pitón derecho y el trasteo se pasó de rosca. Volvió a matar de forma espectacular y cortó una oreja que el público pidió mayoritariamente. Legítima, por tanto.


En cuanto a David Mora -que tuvo el bonito detalle de brindarle un toro al Chano, presente en la plaza-, se le fue escandalosamente el tercer ejemplar de los Fraile, un animal con emoción, nervio y acometividad, que lo desbordó en la muleta. Lo más destacable fue la manera de ponerlo en suerte en el caballo, galleando. Con el sexto, deslucido y rajado como el primero, pasó sin pena ni gloria tras recibirlo de capa con gusto.



Tarde muy entretenida que culminó en el patio de arrastre con felicitaciones para Nicolás Fraile y su familia, ganaderos de los de antes. Como me confesó Nicolás en una ocasión: "Nosotros siempre hemos vivido a orilla de la vaca y del churro". Que sigan así.

Ahí va un hombre, ahí va un torero: hasta pronto, Fundi


Brindó al público sabiendo que no era de brindis. El último toro en Madrid, “Caraserio” se llamaba, salió sin fuerza, derrengado por bajo en el embroque y a la defensiva si se le toreaba por alto. Fundi sabía que no era toro de brindis, ¿pero qué otra cosa podía hacer? Seguir adelante, una vez más, contra las circunstancias, como siempre ha hecho. Hay un pasaje de Baroja en Zalacaín que resume lo que ha sido su trayectoria en el toro: “Hay hombres para quienes la vida es de una facilidad extraordinaria. Son algo así como una esfera que rueda por un plano inclinado, sin tropiezo, sin dificultad alguna. ¿Es talento, es instinto o es suerte? Los propios interesados aseguran ser instinto o talento; sus enemigos dicen casualidad, suerte, y esto es más probable que lo otro, porque hay hombres excelentemente dispuestos para la vida, inteligentes, enérgicos, fuertes y que, sin embargo, no hacen más que detenerse y tropezar en todo. Un proverbio vasco dice: «El buen valor asusta a la mala suerte». Y esto es verdad a veces..., cuando se tiene buena suerte”.

Fotografía: Paloma Aguilar

Para su última tarde en Madrid, Fundi eligió un vestido grana con los bordados en azabache. Era el mismo terno que llevaba el pasado San Isidro cuando, bajo el diluvio, le sonaron los tres avisos y le echaron un Guardiola al corral. Con este detalle, quería el de Fuenlabrada sacarse la espina, pero tampoco pudo ser este viernes. La espina quedará clavada en él, como tantas otras que le curten desde hace 25 años, cuando se hizo matador de toros. Los hombres están hechos a base de astillas que no han sido capaces de arrancarse por los azares de la suerte. Eso los distingue de los niños, que comienzan la vida impolutos y sin un solo arañazo.

Fundi, el pasado 21 de mayo

A otros hombres, como escribía Baroja, la fortuna les visita a menudo. Es el caso del Cid en cada sorteo. Se llevó la bolita con el nombre de “Gracioso”, un toro negro y cinqueño del Puerto de San Lorenzo con galope alegre, pronto, humillado y que hacía el avión por ambos pitones. De lío gordo. El Cid se echó la muleta a la izquierda, la que fue su mano y la de los billetes, para dejar dos tandas de claroscuros hasta que se percató de que “Gracioso” embestía aún mejor por el derecho. De nuevo, anduvo irregular, sobre todo en la colocación, quedándose al hilo en varias ocasiones. Lo mató de múltiples pinchazos y al del Puerto las mulillas lo arrastraron con las orejas puestas. El de Salteras estuvo mejor con el quinto, un animal deslucido y que perdía las manos, al que toreó con pericia. Pero en lo que realmente destacó El Cid este viernes fue en la lidia, tanto para poner a sus toros en suerte, como para echarle un quite a sus compañeros.


Cerró cartel otro sevillano, Daniel Luque, al que siempre describen como una eterna promesa y, a este paso, así seguirá. El sexto toro del Puerto era para cortarle una oreja -se lo descubrió Antonio Manuel Punta con el capote-, sin embargo, la faena de muleta fue violenta y el negro bragado fue recortando más la embestida hasta descomponerlo todo. Trasteo, por cierto, larguísimo que aburrió hasta al más templado. Al tercero del Puerto, un inválido que apenas se tenía en pie, lo lanceó con gusto con el capote. Al igual que El Cid, tuvo el bonito detalle de brindarle un toro al maestro que se despedía.


Seguiremos viendo al Fundi en Las Ventas a la salida de los toros, donde es raro que se pierda una corrida. Cruzaremos el umbral que da al patio de arrastre a su paso, un paso cargado de hombría y dignidad, de persona seria y cabal, murmurando: “¡ahí va un torero!”. Porque torero se es dentro y fuera de la plaza. Gracias, Fundi.

Fotografías: Juan Pelegrín

jueves, 4 de octubre de 2012

Los toros, en las revistas de moda, a pesar de no estar de moda


Nota: Pensaba escribir algo sobre la novillada que ha abierto la Feria de Otoño, o Feria Tropical, a tenor de la climatología. Renuncio. La corrida de los hermanos Lozano, noble y tontona hasta el almíbar, ha salido más sosa que el agua de la fregona. La presentación ha sido indigna: cada animal de su padre y de su madre (después de ver semejante escalera, me sorprende todavía más el rigor extremo con los encastes "en vías de extinción"). En cuanto a los "espadas" -Gómez del Pilar, Luis Gerpe y Gonzalo Caballero-, si los tres que han hecho el paseíllo son, supuestamente, los mejores del escalafón novilleril, habrá que ir echándole el ojo a los becerristas. Me voy, pues, por los cerros de Úbeda y les hablo de otros asuntos.

Así está el nivel, Maribel...
Ya dije en su día que las Escuelas Taurinas no traían nada bueno.

Los toros no están de moda y, sin embargo, aparecen en las revistas de moda. Como diría desde Málaga mi amigo Juan Ortega, resulta muy "parajódico". A mi kiosquero tampoco le entra en la cabeza que le compre revistas de toros y moda. Dice que soy una clienta con gustos incompatibles y, seguramente, no le falta razón.

Tras el petardo venteño-otoñal, llego a casa, abro las cabeceras de esta semana y leo que Ralph Lauren ha cerrado la pasarela de Nueva York con un desfile inspirado en España y en el mundo toro. Ojeo las fotos y, efectivamente, las modelos visten chaquetillas con bordados en oro, taleguillas, sombreros cordobeses, pañuelos rojos pamplonicas y hombreras prominentes. «Siempre me inspiro en lugares lejanos y exóticos. Puedo no haber viajado allí, pero en mi imaginación es real», explica el diseñador en la misma revista. Fantástico. Imaginación al poder. Pero, la fiesta de los toros -con su tercio de varas, sudor, sangre y moscas- sigue pasada de moda, ¿verdad, señor Lauren?   





Creo que empiezo a comprenderlo: es moda taurina... pero sin toro. Como una paella... sin arroz. ¿Taurinismo urbano-chic, quizás? Porque, huelga decirlo: en estos reportajes no se habla, ni por asomo, de lo que sucede en la plaza. Eso no es glamouroso. Matar al toro en el ruedo, ¡qué barbaridad! ¡Y pensar que esos vestidos tan bonitos acabarán manchados de sangre! Hace poco también vi en la portada de un suplemento de moda a la actriz Sarah Jessica Parker -emblema de la mujer neoyorkina del siglo XXI- vistiendo una impoluta chaquetilla blanca y oro.


Incluso el año pasado, en Milán, Moschino se puso la pasarela por montera.


El revuelto toros-moda moda-toros (pero sin toro ni sangre) ha cuajado tan bien que toreros como José María Manzanares pasan más tiempo en los estudios de fotografía de las grandes revistas que en el ruedo. Cayetano Rivera ha ido más allá y se ha lanzado a hacer el paseíllo para Armani. Argumentan que así acercan el mundo del toro a la sociedad... Yo no lo veo tan claro.





Sospecho que a estas revistas les importa un pepino si Manzanares o Cayetano son o no son buenos profesionales. De lo que no estoy tan segura es de los sentimientos de ellos, de los tauro-modelos. Recuerdo cuando Marilyn Monroe decía: «Algunas personas me han tratado mal. Si yo digo que quiero crecer como actriz, ellos miran mi figura. Si yo digo que quiero mejorar en mi carrera, ellos se ríen. De alguna manera ellos no toman en serio mi trabajo». ¿Son los tauro-modelos los nuevos objetos sexuales del siglo XXI? Si lo son, parece que prefieren este camino al del toro. Antiguamente, antes de salir al ruedo, los toreros solían decir: «Esta tarde, o Puerta Grande o enfermería». Ahora podrían añadir una tercera vía: «...o revista de moda». ¿Se imaginan a Juan Belmonte o a Paco Camino en un desfile? En cualquier caso, tal y como está el mercado, mejor servir tanto para un roto como para un descosido.


Después de este repaso al mundo de la tauro-moda, espero que mi kiosquero deje de pensar que mis gustos son incompatibles. A fin de cuentas, últimamente, tanto en las revistas de moda como en las taurinas, aparecen las mismas caras.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Versiones y perversiones: El Príncipe Gitano

"Me manda un amigo un vídeo extraordinario, impagable, que está en Internet: el Príncipe Gitano vestido de smoking, con faja negra y pajarita, cantando en supuesto inglés una versión fascinante, friki total, del In the ghetto de Elvis Presley. «Vas a alucinar», me anuncia en el mensaje adjunto. Y no tengo más remedio que decirle: llegas tarde, chaval. A mí del Príncipe Gitano no se me despintan ni los andares".


"Me encantaba ese tío. Sin reservas. Su pinta de chuleta, su manera de cantar. Tuve, además, el privilegio de verlo actuar en persona. Eso fue a principios de los ochenta, cuando el Príncipe Gitano ya estaba en el tramo final -y absolutamente cuesta abajo- de su carrera artística. Cómo sería lo de la cuesta, que yo iba a verlo, cada noche que podía, a un garito infame que entonces todavía estaba abierto en la Gran Vía de Madrid. No recuerdo ahora si se trataba del J'Hay o de La Trompeta, pero era uno de esos dos. Sitios de música y puterío, con moqueta raída, camareros con pinta de rufianes y mesas donde servían champaña chungo a lumis maduras y jamonas vestidas con trajes largos, como las de toda la vida. Y allí, en un escenario crujiente y cochambroso, pisando cucarachas y alumbrado por un foco, el Príncipe Gitano, cincuentón lleno de arrugas y teñido el pelo, pero todavía gitano fino y apuesto en trajes de corte impecable -entallados, con patas y solapas anchas-, desgranaba una tras otra las canciones que en sus buenos tiempos le habían dado dinero y señoras de bandera. Y yo, emocionado en mi rincón, haciendo como que bebía aquellos mejunjes infames, me calzaba sus actuaciones canción tras canción, disfrutando como un gorrino en un charco. Y juro por las campanas de Linares de Manolo Caracol que las pavas -en aquel tiempo las putas eran casi todas españolas- le tiraban besos y aplaudían como locas, y gritaban: «¡Príncipe, otra!... ¡Canta otra, Príncipe!... ¡El reloj! ¡Tani! ¡Rosita de Alejandría! ¡Los Mimbrales!». Y le decían guapo. Y el artista, obsequioso, chulillo, aún flaco y elegante pese a los años, se erguía en aquel escenario infame, sobre el fondo de polvorientos cortinones de terciopelo rojo y grueso, levantaba una mano haciendo círculo con el índice y el pulgar, y cantaba lo de: «Segá por el brillo de su dinero / dehó ar shiquillo». Y las lumis, lo juro, lloraban como criaditas oyendo el serial de la radio. Y a mí, sentado en mi rincón con el vaso de matarratas en la mano, se me erizaba el pellejo. Y en este momento me ocurre exactamente lo mismo al recordar, mientras le doy a la tecla".

Menos bromas con el Príncipe Gitano, que en sus años mozos era un galán que enloquecía a las mujeres. Escribía Álvaro Retana: "Ya no es Enrique Vargas aquel niñato gitano que desde el escenario del Reina Victoria soliviantaba al elemento femenino, recién debutado, con su gallardía de machito joven y su acertada interpretación del repertorio aflamencado. Pero al perder la adolescencia y ganar en reciedumbre varonil ha ganado también perfección artística". El repertorio del Príncipe Gitano se las traía...; su "Cariño de legionario", aunque en castellano, también era de "agárrense que vienen curvas". Se atrevía con todo, incluso con el francés...


Otra joya del repertorio era "Chivato", de José Antonio Ochaíta y Xandro Valerio. Ojito con la letra...:

"El oficio que aprendiste
tiene en baja su papel;
y aunque en oro te lo paguen
cobras odio y cobras hiel.
En lo más oscuro de tu nombre
llevas la condenación
y los niños y los viejos
te lo repiten: ¡Soplón!
¡Chivato! ¡Chivato!
Tu gallo canta la traición.
¡Chivato! ¡Chivato!
Te ciega el odio y la razón.
Una novia sufre y llora...
¡Chivato!
Una madre está penando...
¡Chivato!,
que tu soplo, en mala hora,
¡chivato!,
la virtud fue difamando...
Como lobo en los rincones
vives tú para morder
un rosal de corazones
cuando van a florecer.
Te ciega el odio y la razón
la sentencia de la gente,
aunque toque a rebato,
acallará tu voz...
Por traicionero,
por ser chivato...
¡Y aún queda Dios!"

Se llamaba Enrique Castellón Vargas y nació en Valencia en el año 1928, hijo de padres calés que se dedicaban a la venta ambulante y al trato de ganado. Él mismo contaba que empezaron a llamarle "príncipe" cuando una mañana, en la que su madre lo paseaba siendo aún niño, una vecina, sorprendida por su guapura y ojos claros, exclamó que parecía un príncipe. De joven quiso ser torero e, incluso probó suerte en algunos tentaderos y novilladas, pero el miedo pudo con su afición. A cambio, se dedicó al cante y al baile con un desparpajo sin parangón.


Firmaba Matanzos el 7 de abril de 1928 en el Diario de Zamora: "Del Príncipe Gitano sólo diremos que no le conocía nadie como torero hasta que ayer se vistió por vez primera, para torear con caballos, el traje de luces. Suponemos que haya sido este arresto una humorada del famoso cantaor. Su debut como torero -no podemos decir que como matador ya que no mató él a ninguno de sus dos enemigos-, su presentación en público no ha podido ser más desafortunada. Estas humoradas, genialidades si se quieren llamar, que tienen a veces los artistas, son muy peligrosas. Tanto que pueden terminar trágicamente. Que siga cosechando gloria y aplausos en el cante para el que Dios le ha concedido excepcionales facultades. Pues no creemos que pretenda trocar la sólida popularidad que ha logrado en su arte por estas genialidades que ofrecen el ruido tenebroso y los comentarios de los fracasos. ¡Lástima de tarde, y pobres toretes!".



martes, 2 de octubre de 2012

Candelario, pueblo de chorizos y castaños (antídoto animalista)


Candelario desemboca al cabo de una bóveda de tupidos castaños. Como todo pueblo chacinero y serrano, su historia ha estado indisolublemente ligada a la matanza. Es de los pocos rincones, ajenos al paso del tiempo, donde se conservan las batipuertas, unas portezuelas colocadas delante de la entrada principal de la vivienda, que impedían que los animales comieran la carne que el matarife iba depositando en el suelo, a la vez que servía de "burladero" contra los bueyes que apostaban en el umbral. Casi todas las casas, de tres plantas, se construyeron con señoriales piedras de cantería que aún permanecen intactas. El cuarto piso estaba reservado para curar la matanza con el humo de la madera de castaño. Los chorizos y longanizas hicieron famoso a Candelario.

Batipuertas

En las casas particulares sólo había un cerdo, dos en el mejor de los casos, según la riqueza de cada familia. La mañana de la matanza, los chillidos de los cochinos se oían en toda la sierra, hasta que el matador clavaba certeramente el cuchillo en la carne del animal. La sangre -materia prima de las futuras morcillas- se recogía entonces en un recipiente de barro que se dejaba enfriar en el patio, mientras que al cerdo se  socarraba entre helechos. A continuación, llegaba el momento de la limpieza, que consistía en extraer las visceras con suma habilidad: en cada familia había, al menos, un buen mondonguero. Como colofón, la punta del rabo se regalaba al niño más pequeño de la casa. Antes de preparar los embutidos, rondando la festividad de San Antón, conocido como "El Día del Chorizo", se invitaba a los vecinos a la probadura, un festín de tocino, chichas, sangre cocida, magro, hígado y asaduras para comprobar cómo había salido el adobo y si estaba en su punto de sal. Al día siguiente, se empezaba a embutir la carne, una operación que duraba varias jornadas y en la que participaban las mujeres. 

Vecinos de Candelario, el día de la matanza y preparando los chorizos

Durante el invierno, todo Candelario olía a chorizo y los vendedores ambulantes iban por la Calle Mayor, de batipuerta en batipuerta, vendiendo su mercancía bajo la atenta mirada de las mozas.


Choriceros de Candelario

En este pueblo, no sólo aficionado al cerdo, sino también al toro, ni El Viti se libró de catar el embutido local junto a una buena frasca de vino: primum vivere, deinde filosofare... o, en este caso, toreare.


Algunos escritos revelan que don Miguel de Unamuno veraneó en Candelario, aunque no lo mencione de forma manifiesta:
"Trazo, lector, con sosiego y holgura estas líneas en un lugar de mi Castilla rayana a Extremadura, de esos terminales de ir, quedarse y volver y no de ir, pasarse y seguir. En uno de esos que son como remansos de espacio, de tiempo y de pensamiento, que convidan a ver más que a discurrir [...] Este mismo lugar en que estoy escribiendo ha perdido en treinta años cerca del cuarenta porciento de su población. Caído ya el sol —en verano—, comerciantes e industriales en retiro de su negocio al lugar nativo pasean sus recuerdos por entre castaños a que, cuando niños ellos, vieron frondosos y que ahora, en agonía, tienden algunas ramas secas, sin follaje, al cielo de la tarde. He subido por las empinadas y enchinarradas calles a su iglesia de Nuestra Señora de la Asunción —hoy su fiesta—a ver la salida de misa. Y luego desde mi breve retiro veraniego, he contemplado el valle. A mis pies, una huerta, detrás la rojatestudo de los tejados de las casas del lugar, todavía sin chimeneas las más, que así lo pedía el oficio de la industria local de embutidos. Y allende, cerrando el horizonte, el entablamiento de unos cerros rocosos y pelados [...]

Todo a una luz quieta, de remanso también y de visión. ¿Y esto que llamamos cuestión social? Ni apenas. Jornaleros menestrales que hacen a oficios pasajeros: ya siegan heno, ya siembran patatas, ya reparan viviendas. No cabe decir que haya masa de «casa de pueblo», por ser pueblo casi sin masa. Lo que a estos lugares, de verdaderas comunidades —poblaciones—, distingue aún de las masas humanas, colectividades—agrupaciones—, era la vida interfamiliar, social. El lugar era una casa —no una masa— con sus trabajos y sus fiestas. Sobre todo con los bautizos, las bodas y los funerales, fiestas también de vecindad, y las tres raíces cardinales del culto religioso popular:  cristianar, casar y enterrar". Sólo le faltó a don Miguel la raíz cardinal de "embutir"...



Candelario en 2012:
la misma calle donde el choricero negociaba con la moza

En estos tiempos de vegetarianos, animalistas y gilipollas de distinta catadura, conviene recordar las ancestrales costumbres de Candelario. Ahora mismo, si visitan la web "Carnívoros Anónimos", verán cómo animan a dejar de comer carne con el fin de detener la crueldad hacia los animales: «El principio fundamental del vegetarianismo es esencialmente no ser violentos. Para alimentarse de carne es necesario matar, por lo tanto hay que abstenerse de consumir carne, para no participar de la violencia contra otras criaturas vivientes».

Humanizar al animal a cambio de animalizar al hombre
(Filosofía Disneyland engendrada en los más terribles regímenes políticos)

Los de "Vida Universal" aseguran que hincarle el diente a un filete incrementa el efecto invernadero. Incluso han escrito un artículo donde los animalitos cuentan su experiencia en primera persona. Por no enumerar las muchas enfermedades que padecen los carnívoros, con el cáncer y la depresión a la cabeza: «La carne tiene un efecto negativo sobre la psiquis. En un estudio de 1998 se demostró una aparición elevada de miedo y depresiones en los consumidores de carne, en comparación con los vegetarianos [...] Una alimentación rica en proteínas conduce a la subida de cortisol en el plasma sanguíneo y en la saliva. Un aumento crónico de la concentración de cortisol perjudica al hipotálamo, lo que conduce a un empeoramiento indudable de la memoria. Los consumidores de carne, según un estudio de la universidad Loma Linda de California, tienen también un riesgo doble de enfermedades demenciales».





Entran ganas de estrujarle el mondongo a más de uno...
o de ahumarse con madera de castaño.



lunes, 1 de octubre de 2012

La evolución masculina: de tipo duro a oso de peluche

Un amigo se lamenta porque no tiene éxito con las mujeres. Entre copa y copa suele preguntarme: «¿por qué todas me veis como un oso de peluche?». Para explicar los motivos por los que nos atraen los tipos duros habría que remontarse a la noche de los tiempos, con el cavernícola cazador y su corte de trogloditas esperándole en la caverna. La modernidad, en cambio, produce hombres blanditos, muy bien afeitados o directamente barbilampiños, que han pasado de los Boy Scouts a la Sociedad Protectora de Mascotas Indefensas. Y, por si fuera poco, cocinan sushi. Antropológicamente, estos hombres -muy bien vistos por la sociedad- están en las antípodas del centro gravitatorio femenino. Las mujeres nos sentimos visceralmente atraídas por hombres indomables, caballerosos pero nunca edulcorados, con cierta dósis de egolatría, rebeldes, misteriosos y poco habladores. Existe la creencia popular -fomentada, sin duda, por los osos de peluche- de que las mujeres que buscan tipos duros tienen baja la autoestima y así se rebelan contra la figura paterna. Chorradas de frustrados. Todo es mucho más sencillo y primitivo. Los hombres se diferencian hasta por la mirada: unos, la mayoría, la tienen ajuampedrada y otros, cada vez menos, santacolomeña.

Vuelvo a recurrir a la estantería de auto-ayuda, donde lo explican todo magistralmente. Escribe una tal Carole Liebermann, autora del libro "Tipos malos: ¿por qué los queremos y por qué los dejamos": «Ellos son impredecibles, deshonestos, o incluso groseros, pero estos sinvergüenzas tienen un enorme atractivo para nosotras: un extremo erótico peligroso que es difícil de resistir». Lo aseguran hasta en las revistas científicas: los tipos malos consiguen más mujeres que los "pelucheros".

«A las mujeres lo que les gusta de mí es que, en mi boca, incluso es ilegal el Padre Nuestro. En mí las mujeres ven una mezcla de perversidad e higiene. Les vuelve locas la idea de complicarse la vida con un tipo en cuyas manos huelen juntos el jabón de tocador y el tufo de la baraja. Para algunas mujeres, los tipos como yo somos como un incendio en el que sólo valiese la pena jugarse la vida para salvar el fuego» (José Luis Alvite).

Si bien a mis amigos les recomiendo que se conviertan en tipos duros, a mis amigas les desaconsejo que se enamoren de ellos. Ya lo advertía Rafael de León en su segundo soneto de amor:


«Me avisaron a tiempo: ten cuidado,
mira que miente más que parpadea,
que no le va a tu modo su ralea,
que es de lo peorcito del mercado.

Que son muchas las bocas que ha besado
y a lo mejor te arrastra en su marea
y después no te arriendo la tarea
de borrar el presente y el pasado.

Pero yo me perdí por tus jardines
dejando que ladraran los mastines,
y ya bajo la zarpa de tus besos

me colgué de tu boca con locura
sin miedo de morir en la aventura,
y me caló tu amor hasta los huesos».

Los tipos duros soportan especialmente mal el paso de los años y, obsesionados con no envejecer, suelen caer en el rídiculo. La vida no entiende de sexos y pasa factura por igual a las mujeres fatales y a los muchachos calavera, sea en la copla o en el tango (éste, por cierto, compuesto por Carlos Viván).


«Berretines locos de muchacho rana
me arrastraron ciego en mi juventud,
en milongas, timbas y en otras macanas
donde fui palmando toda mi salud.
Mi copa bohemia de rubia champaña
brindando amoríos borracho la alcé.
Mi vida fue un barco cargado de hazañas
que junto a las playas del mal lo encallé.

¡Cómo se pianta la vida!
¡Cómo rezongan los años
cuando fieros desengaños
nos van abriendo una herida!
Es triste la primavera
si se vive desteñida...
¡Cómo se pianta la vida
del muchacho calavera!

Los veinte abriles cantaron un día
la milonga triste de mi berretín
y en la contradanza de esa algarabía
al trompo de mi alma le faltó piolín.
Hoy estoy pagando aquellas ranadas,
final de los vivos que siempre se da.
Me encuentro sin chance en esta jugada...
La muerte sin grupo ha entrado a tallar...»

Y para cerrar con los tipos duros, "Ventarrón", con letra de José Horacio Staffolani y música de Pedro Maffia. Canta también, con su voz grave de hombre, pasional, irresistible, el "Polaco" Goyeneche.


«
Por tu fama, por tu estampa,
sos el malevo mentado del hampa;
sos el más taura entre todos los tauras,
sos el mismo Ventarrón.

¿Quién te iguala por tu rango
en las canyengues quebradas del tango,
en la conquista de los corazones,
si se da la ocasión?

Entre el malevaje,
Ventarrón a vos te llaman...
Ventarrón, por tu coraje,
por tus hazañas todos te aclaman...

A pesar de todo,
Ventarrón dejó Pompeya
y se fue tras de la estrella
que su destino le señaló.

Muchos años han pasado
y sus guapezas y sus berretines
los fue dejando por los cafetines
como un castigo de Dios.

Solo y triste, casi enfermo,
con sus derrotas mordiéndole el alma,
volvió el malevo buscando su fama
que otro ya conquistó.

Ya no sos el mismo,
Ventarrón, de aquellos tiempos.
Sos cartón para el amigo
y para el maula un pobre cristo.

Y al sentir un tango
compadrón y retobado,
recordás aquel pasado,
las glorias guapas de Ventarrón»