jueves, 15 de mayo de 2014

Alegrías de San Isidro


"Una de las prendas más valiosas de doña Gregoria, la mujer de don Agustín, era un mantón de Manila que había heredado de su madre. El mantón era lo último que se empeñaba en los días muy negros y lo primero que se liberaba en los risueños días. Y en el verano, en los tiempos verbeneros, antes se quedaba toda la familia sin comer en quince días que empeñar el mantón, el cual tenía que lucirlo, bien su dueña o bien su hija, en las kermeses y en las señaladas noches de verbena" (Antonio Díaz-Cañabate).
 
 
Así de juncales y carialegres, luciendo sus mantoncillos de Manila, iban antes las madrileñas a la verbena de San Isidro. Ni la penuria de la postguerra era capaz de ensombrecer aquellos rostros dulces como el mosto y tostados como las rosquillas del Santo. Morenas y rubias, hijas todas del pueblo de Madrid.
 
 
Algo me cuestan mis chulapas, pero la cosa es natural,
no han de salir a todas horas, con un vestido de percal.
Pero también algunas veces, se me ha ocurrido preguntar,
¿Si me querrán esas chiquillas, por mi dinero nada más?
 
 

miércoles, 14 de mayo de 2014

Desconcierto en el mundo de la Física a causa de Ivan Fandiño

Se dice que el grafeno es el material del futuro, que no existe en la Tierra nada más duro y que su resistencia supera de largo al acero. Craso error. Al lado de Fandiño, el grafeno parece gomaespuma. El orduñés los tiene de platino iridiado, como la barra que se guarda a la derecha del péndulo de Focault. Los últimos Premios Nobel de Física deberían abandonar el grafeno para estudiar la disposición de los átomos en las partes pudendas de Fandiño.
 
 
En palabras de Domingo Delgado de la Cámara, Fandiño encarna perfectamente al torero marcial, es decir, el descendiente de Marte, Dios de la guerra. Por consiguiente, los aficionados que reclaman más integridad, riesgo y lucha en la Fiesta son los partidarios de Marte; enemigos acérrimos de los aficionados venusianos, amantes de la belleza y detractores de la dureza.
 
 
En su regreso a Las Ventas, Fandiño ha estado marcial, vibrante y valiente. Sin esteticismo. En Marte, eso es la Tauromaquia: emoción a puro güevo. Nada de ballet ni pinturerías. Que Fandiño no es Curro Romero, se sabe. Por eso requiere ganaderías encastadas que transmitan sensación de peligro. El segundo toro de Parladé tuvo esa dosis de riesgo: tras mansear en los dos primeros tercios, se puso a embestir con rabia y casta en la muleta. El torero lo citó de largo, no se achicó y, estoicamente, clavó las zapatillas en el albero. Rubricó de una gran estocada con un colosal volapié. Primera oreja. En el quinto toro, después de una faena hilvanada por el pitón izquierdo, se tiró a matar sin muleta. Fue entonces cuando, en este 13 de mayo, por la sangre corrió un toro de escalofrío que dejó el alma clavada en una plaza en vilo. Allí en los terrenos del 6, un hombre acababa de entregar su más valiosa posesión: su propia vida. Cayó la segunda oreja, la anhelada.
 
Fotos de Javier Barbancho
 
A Fandiño ya se le habían escapado demasiadas Puertas Grandes, demasiadas batallas perdidas. Su pundonor no permitía otra salida a pie de Las Ventas. Porque, en realidad, y aquí reside el mayor secreto de la Física, el material más firme de la Naturaleza no es el grafeno, sino la voluntad férrea de Ivan Fandiño.

martes, 13 de mayo de 2014

El toro que mató a Pepe-Hillo

Joseph-Hillo, Joseph-Hillo,
el de la peineta grana,
que a marquesas enamoras
y en los cosos toros matas.
(Fernando Villalón)
 
 
El matador de toros sevillano José Delgado Guerra, llamado Pepe-Hillo (1754-1801), además de ser uno de los diestros principales de su época, por su fragilidad y gracia, también fue uno de los personajes más populares de su sociedad, muy admirado tanto por el pueblo llano como por la más alta aristocracia. Publicó en 1796 el primer tratado sobre el toreo, titulado La Tauromaquia o Arte de Torear, obra de referencia en la bibliografía taurina histórica. Sin embargo, pasó a la leyenda tras morir entre las astas del toro Barbudo, un negro zaíno procedente de la ganadería salmantina de don José Gabriel Rodríguez Sanjuán, de Peñaranda de Bracamonte. Tal día como hoy, un 13 de mayo, pero de hace 213 años, Pepe-Hillo era enterrado en la iglesia madrileña de San Ginés.
 

La cogida mortal de Pepe-Hillo en Madrid fue presenciada por la reina María Luisa, según se desprende de una carta que le envió a Manuel Godoy, y tal acontecimiento resultó tan impactante en todos los ámbitos, que el propio Goya, probablemente testigo presencial, le dedicó algunos grabados en su serie de La Tauromaquia. Menos conocido es el óleo titulado El toro que mató a Pepe-Hillo, también del pintor de Fuendetodos.
 
 
¡Huir!
Pero quedarse para ver,
para morirse sin morir.
¡Oh luz de enfermería!
Ruedo tuerto de la alegría.
Aspavientos de la agonía.
Cuando todo se cae
y en adefesio España se desvae
y una escoba se aleja.
Volar.
El demonio, senos de vieja.
Y el torero,
Pedro Romero.
Y el desangrado en amarillo,
Pepe-Hillo.
Y el anverso
de la duquesa con reverso.   
(Rafael Alberti)


El suceso de la cogida mortal de Pepe-Hillo fue difundido por el pueblo mediante pliegos de cordel en este romance compuesto por un tal Pimentel:
 
O Desgraciado Mancebo!
O desgracia tan proterva!
O! Quién le dixera a él
de que en esa tarde mesma
había de ser fragmento,
ó víctima de una fiera
de un Toro, que Castellano
es de Castilla la Vieja,
la divisa era morada,
y del toro su amo era
Peñaranda Bracamonte,
y el color la carta expresa,
que era de color muy negro,
como lo explican sus letras;
y á el tiempo de ir a matarlo,
tanto se arrestó, que á fuerza
de meterle bien la espada
(como acostumbraba) queda
la espada á el toro metida,
y el toro con gran fiereza
lo ha agarrado de tal suerte,
que por un bacio le entra
el cuerno, y por el pescuezo
de Hillo lo saca, el qual queda
por el tiempo de dos Credos
colgado de su cabeza,
y después lo despidió
cadáver; o qué tristeza.
 

Como decimos, Pepe-Hillo fue un personaje tan popular que, de los pliegos de cordel, saltó a la gran pantalla en 1929. Posteriormente, en 1943, se rodó La maja del capote, dirigida por Fernando Delgado, donde se narraban los escarceos amorosos entre el diestro sevillano y la maja Mari Blanca, interpretada por la inconfundible Estrellita Castro.

 
Actualmente, el nombre de Pepe-Hillo sigue en los labios de los sevillanos gracias a una popular taberna sita en El Arenal.
 
 

lunes, 12 de mayo de 2014

Ganaderías cariñosas, mantecosas y melosas


Vamos a ver, señores. Un poquito de cordura o el asunto se nos va de las manos. Por aquí se escucha que la corrida de José Escolar ha decepcionado a la afición de Madrid. Que los toros estaban aguados, que mansearon en el caballo, que anduvieron faltos de casta, que aburrieron al más bendito. ¿Y qué esperaban ustedes de unos animalitos que llevaban por nombre "Cariñoso", "Mantecoso" y "Meloso"? ¿Tigres de Bengala? ¡De decepción, ni mijita! Don José Escolar, anunciándolo por derecho desde el momento sagrado del bautismo, está poniendo la ganadería blandita y en pomada: cariñosa, mantecosa y melosa.
 
 
Supongo que este exceso de mantecosidad será para ir en concordancia con el planteamiento festivo del famoso "Tendido Once", situado en los bajos del 9 y el 10. Un espacio de "copas, tapeo, exposiciones y música" (sic). Las hojillas volanderas que reparten por la plaza cuentan que el chef Paco Roncero ha desembarcado en "una renovada Sala Alcalá" en la que se puede reservar mesa al "medio día" (así, separado, que queda más moderno)  para "disfrutar de una propuesta gastronómica que combina presente y futuro del mundo taurino". La redacción tiende más a macarrónica que a mantecosa. En fin.
 
 
Pero aún hay más. Porque este año, en Las Ventas, el sufrido aficionado puede encargar su bebida desde el móvil a través de una sofisticada APP. "Ahora puedes pedir tu consumición en cualquier momento desde tu teléfono", anuncian en los programas de mano. Se acabaron las voces de aquel simpático vendedor que pregonaba por el tendido: "¡¡Hay whisky, Coca-Cola, cerveza...!!". Y, si nadie reclamaba sus servicios, protestaba: "Estáis de secano hoy, ¡hay que beber más! Whisky, Coca-Cola, cerveza... Hay whisky".
 
 
En medio de tanta modernidad, ¿a quién se le ocurre exigir un toro que ande trasteando la bragueta o que tome la muleta hasta el final? Cariñoso, Mantecoso y Meloso, he aquí vuestro reino.
 
 

domingo, 11 de mayo de 2014

El rosal de Las Ventas

"¡Que me maten como a este rosal de mayo!" (Valle-Inclán)

No es casualidad que la feria de San Isidro se celebre en mayo. También es éste el mes en el que florecen las rosas. Conozco un rosal que podaron el pasado invierno y al que le realizaron una escabechina notable. El desmoche fue tan brutal que, durante mis paseos, di por sentado que esta primavera no brotaría una sola rosa. Me equivoqué. Esta mañana pasé junto a él y ya está reventón. El secreto reside en dar tiempo al tiempo. Y en esperar a que llegue mayo con su San Isidro.
 
 
Juan del Álamo también ha necesitado temple y perseverancia. Pero ya emergió, con una fortaleza inquebrantable. Comenzó a despuntar la pasada temporada y se insinuó durante la Feria de Abril con la corrida de Montalvo. Los duros inviernos camperos en su Salamanca natal resultan fecundos. Este sábado, en Las Ventas, ha derrochado verdad ante un sobrero sosote del Vellosino que ha brindado a su madre. Previamente, sembró un sólido toreo a la verónica frente al titular que echaron para atrás, un ejemplar lisiado de Martín Lorca. Con la muleta enjaretó una faena maciza a dos manos, cuatro series por la derecha y una por la izquierda, rematada con un estoconazo arriba yéndose detrás de la espada, como saben hacer los que tienen hambre por ser toreros. Oreja cosechada a ley.
 
 
La suerte cambió en el sexto, toro magníficamente picado por el también salmantino Óscar Bernal. A toma y daca, Del Álamo le tenía cortada otra oreja al que cerraba plaza, un boyancón de Martín Lorca que se vencía mucho por el pitón izquierdo. Una fea voltereta por ese lado no amedrentó al mirobrigense. Todo lo contrario: tiró de raza. Sin embargo, la espada truncó la Puerta Grande. Que vaya afilando el estoque para la tarde en la que salga un toro de verdad... Se despidió de Las Ventas con una unánime ovación del color de un rosal reverdecido. Juan del Álamo. Rosal de mayo.
 
Fotos de Tierras Taurinas y Juan Pelegrín
 
Los álamos de plata
se inclinan sobre el agua,
ellos todo lo saben, pero nunca hablarán.
 
[...] El silencio profundo de la vida en la tierra,
nos lo enseña la rosa
abierta en el rosal.
 
(Federico García Lorca)

sábado, 10 de mayo de 2014

"Les toros" de Jacques Brel


Les toros s'ennuient le dimanche
Quand il s'agit de courir pour nous.
Un peu de sable du soleil et des planches
Un peu de sang pour faire un peu de boue
C'est l'heure où les épiciers se prennent pour Don Juan
C'est l'heure où les Anglaises se prennent pour Montherlant.

Ah! Qui nous dira à quoi ça pense
Un toro qui tourne et danse
Et s'aperçoit soudain qu'il est tout nu?
Ah! Qui nous dira à quoi ça rêve
Un toro dont l'œil se lève
Et qui découvre les cornes des cocus?

Les toros s'ennuient le dimanche
Quand il s'agit de souffrir pour nous.
Voici les picadors et la foule se venge
Voici les toreros et la foule est à genoux.
C'est l'heure où les épiciers se prennent pour Garcia Lorca.
C'est l'heure où les Anglaises se prennent pour la Carmencita.

Les toros s'ennuient le dimanche
Quand il s'agit de mourir pour nous
Mais l'épée va plonger et la foule se penche
Mais l'épée a plongé et la foule est debout.
C'est l'instant de triomphe où les épiciers se prennent pour Néron.
C'est l'instant de triomphe où les Anglaises se prennent pour Wellington.

Ah! Est-ce qu'en tombant à terre
Les toros rêvent d'un enfer
Où brûleraient hommes et toreros défunts?
Ah! Ou bien à l'heure du trépas
Ne nous pardonneraient-ils pas
En pensant à Carthage Waterloo et Verdun?
Verdun.


Los toros se aburren el domingo. Cuando van a morir por nosotros. Pero la espada va a hundirse y la muchedumbre se inclina. Pero la espada ya se ha hundido y la muchedumbre está en pie. Es el instante triunfal en el que los vendedores ambulantes se creen Nerón. Es el instante triunfal en el que los ingleses se creen Wellington. Cayendo a la tierra, ¿los toros sueñan con un infierno dónde arderán hombres y toreros difuntos? ¿O bien, a la hora de la muerte, nos perdonarán pensando en Cartago, Waterloo y Verdún?

jueves, 8 de mayo de 2014

Entre Marte y Venus, breve historia crítica del toreo

El pasado martes, 6 de mayo, salió a la venta el último libro de Domingo Delgado de la Cámara, titulado Entre Marte y Venus, una breve historia crítica del toreo. A veces brillante y a veces incendiaria, pero siempre vehemente y amena, la prosa de Delgado de la Cámara es altamente recomendable en estos tiempos de eufemismos y corrección. Ya en el prólogo quijotesco, el autor escribe: "Estoy harto de esta complacencia bobalicona y estúpida que nos está volviendo tontos a todos. ¡Hay que golpear las conciencias! ¡Hacerlas reaccionar!". Sin pedantería ni tono magistral, así resume Delgado de la Cámara, excelente aficionado y partidario a ultranza de Joselito El Gallo, su obra:
 
Nueva Teoría de la Evolución: del mono a Cúchares
(obra gráfica de Elena Guerrero)
 
"Lo políticamente correcto es la tiranía de nuestro tiempo. Su presión asfixiante cierra bocas y amordaza plumas. Muy pocos desafían lo políticamente correcto por miedo a ser señalados como estúpidos incurables y ser expulsados fuera del rebaño. Salvo honrosas excepciones, la interpretación que se ha hecho de la Historia de España en estos últimos tiempos es totalmente falsa y sectaria. Otro tanto ha pasado con la Historia de las corridas de toros.

Primero la deformaron los palmeros de Juan Belmonte, para hacer del trianero el único padre del toreo moderno. Enterraron a Joselito, negándole cualquier atisbo de modernidad, ignoraron a Chicuelo y descuartizaron a Manolete, declarado enemigo público y gran falsificador del toreo eterno. La segunda hornada de falsificadores de la Historia del Toreo llegó en los años setenta. Esta vez fue El Cordobés el enemigo público, el anticristo. Las consecuencias de esta segunda oleada de falsificadores todavía la estamos pagando. La nueva mentalidad purificadora no resolvió ninguno de los viejos vicios de la Fiesta, pero introdujo otros: la desmesura en las hechuras del toro, el desquiciamiento de la suerte de varas... Ahora estamos asistiendo a la tercera invasión bárbara, la de los adoradores del Deseado, torero extraordinariamente interesante y sugestivo, pero que no tiene la trascendencia histórica de Joselito, Belmonte, Chicuelo, Domingo Ortega, Manolete o El Cordobés. Además, el Deseado ha dirigido su carrera de un modo muy censurable y discutible. A otros toreros, por mucho menos, les arrastraron. Sin embargo el Deseado sólo ha escuchado parabienes.

Por eso es deseable que se hable y se escriba de toros con libertad, que se pongan en duda todas las verdades que parecen inmutables y no lo son. Hay que huir de la beatería taurina, de las opiniones interesadas, de los halagos de quienes quieren subirse al carro triunfal. Y en estos momentos críticos para el futuro de la Fiesta, es necesario hablar claro y sin tapujos. Es necesaria una nueva Historia del Toreo. Aquí está".
 
 
El original universo taurino de Domingo Delgado de la Cámara -dividido en toreros marciales, venusianos y jupiterinos-, constituye una excelente lectura de 388 páginas para este mes de San Isidro. El libro, por cierto, será presentado el próximo 24 de mayo en Las Ventas y ya puede comprarse en librerías (Corte Inglés, Casa del Libro, etc.).

miércoles, 7 de mayo de 2014

Un pespunte con hilo de seda

"No sé cuándo llegaron, si en unas Cruces de Mayo, si en unos cacharros de feria, si en la radio, en un especial de Nochevieja en la tele, si en un disco que alguien trajo a un guateque, pero aquella música –la mejor- era otra cosa, tanto, que dábamos por bueno que sólo fuera un conjunto instrumental. Se llamaban Los Pekenikes. Ayer tarde, mientras leía la prensa, supe de la muerte de uno de sus creadores, Alfonso Sáinz, Alfonso Eduardo Sáinz Amorós, alicantino. De pronto, alguien ha cerrado aquella azotea de los guateques, y en alguna parte suena, tan hermosa, Embustero y bailarín. Y yo no tengo adolescencia a la que agarrarme..." (Antonio García Barbeito).
 

Como cosidos con un hilo de seda, días después de la muerte de Antonio Morales Junior, falleció el impulsor de Los Pekenikes, Alfonso Sáinz. En 1965, los componentes de este magnífico grupo llegaron a actuar como teloneros de Los Beatles durante el primer concierto que los británicos dieron en España. Una auténtica revolución en los años del desarrollismo que tuvo su epicentro en la plaza de Las Ventas. Un año después, en 1966, del saxofón de Alfonso Sáinz nació Hilo de seda, que alcanzó el primer puesto de las listas musicales. Poco después brotaron las inolvidables adaptaciones de Embustero y bailarín y Sombras y rejas.


Recuerdo que un médico, melómano y buen amigo de la familia, me regaló un cassette con los mayores éxitos de Los Pekenikes cuando yo tenía diez años. Tardé poco en quemar la cinta de tanto que me gustaba. La escuchaba cada tarde, en el cuarto de la plancha, mientras el resto de la casa dormía la siesta. De este grupo, liderado por Alfredo Sáinz, emergió la música de la adolescencia de don Antonio García Barbeito,  y la de mi propia infancia. Un pespunte en el tiempo cosido con hilo de seda.

 

martes, 6 de mayo de 2014

Una noche de amor en una verbena madrileña


Para la mayoría de los mortales, Marcelle Auclair (1899-1983) es la cofundadora, junto a Jean Prouvost, de la revista femenina Marie Claire, creada en 1937. Esta hispanista francesa, que había pasado su juventud en Chile a causa del trabajo de su padre, un prestigioso arquitecto, de vuelta a París, contrae matrimonio con el escritor Jean Prévost en 1926. Tras tener tres hijos, Michel, François y Alain, la pareja se divorcia en 1939. Sin embargo, pocos saben que Marcelle fue el último amor que lloró el torero Ignacio Sánchez-Mejías. El pasado 3 de mayo, Andrés Amorós descubría esta hermosa historia en las páginas del ABC.
 

Marcelle Auclair, el último amor de Ignacio 

Cuenta Amorós: «En febrero de 1933, Marcelle, que tiene 34 años, visita Madrid. Lorca le recomienda que conozca a Ignacio, el andaluz por excelencia. Él es nueve años mayor que ella. Se conocen en casa de Jorge Guillén, en la lectura que hace Federico a un grupo de amigos de Bodas de Sangre. Años después, ella lo recuerda en su libro Enfances et mort de García Lorca: "Se sentó a mi lado. No decía nada. Me miraba. Yo le miraba. Los dos mudos, heridos en lo vivo. Yo estaba allí, en mi silla, y él me miraba. Sus manos temblaban. La idea de marcharme, al día siguiente, se me había hecho insoportable... Acabada la lectura, nos encontramos en la calle, Ignacio y yo, con los otros amigos, que no se atrevían a dejarnos. Federico gruñía: ¡Qué barbaridad! Pasamos toda la noche, parándonos de vez en cuando en algún café. Ignacio sólo bebió agua pero recitó poemas de Góngora, más ardientes que todos los licores" [...] Al final de la noche, fueron a un baile popular, en La Bombilla, Allí, bailaron juntos, al son de La verbena de la Paloma. "Al primer paso de baile que di, Ignacio me paró en seco y, poniendo sus grandes manos sobre mis hombros, me dijo: Aquí, soy yo el que mando"».
 
 
En aquel momento, Ignacio estaba casado con Lola Gómez Ortega, hermana de los "Gallos", y tenía como amante a Encarnación López, "La Argentinita". La carga familiar de Marcela tampoco era menuda: seguía casada con Prévost y la esperaban tres hijos en Francia. Continúa la narración Amorós: «Vuelve Marcelle a París, creyendo que la relación ha terminado. Pero Ignacio se presenta allí, en su casa y se encuentra con el marido: "La declaración de guerra entre los dos, fue muda pero brutal". Luego, esa tarde, la lleva a escuchar a unos gitanos: "Único contacto físico: un beso, en el taxi, que ha durado de Étoile a Montrouge. Quedamos en vernos al día siguiente". Pero un capricho del Destino lo impide».
 
 
No vuelven a coincidir hasta el 5 de agosto de 1934, durante una corrida que Ignacio torea en Santander. Aquella tarde, Sánchez-Mejías realiza una faena temeraria a un toro de Coquilla y corta cuatro orejas y un rabo. Completaban el cartel Victoriano de la Serna y Félix Colomo. Quizás porque localizó tarde a Marcelle en la plaza, no le brindó la muerte de ningún toro. Amorós termina así la historia: «Ignacio la descubre, en el tendido, al dar la vuelta al ruedo. Esa noche, la llama por teléfono [...] Seis días después, el 11 de agosto, Ignacio sufre una grave cornada, en Manzanares: muere en Madrid, dos días más tarde [...] Y hasta el final de sus días, en 1983, Marcelita guarda en su corazón el recuerdo de aquella despedida, en la estación de Orsay: siempre le quedó París. Y una noche de amor, en una verbena madrileña».
 
 
No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.
Como un río de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué gran serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!

(Federico García Lorca)

lunes, 5 de mayo de 2014

La transformación de las "señoritas" madrileñas

"Una función del arte es legar un ilusorio ayer a la memoria de los hombres"
(Jorge Luis Borges)
 

El 10 de diciembre de 1923 debuta Carlos Gardel en Madrid, y las muchachitas y los chicos de Rafael de Penagos cantan, al salir del Palace y del Ritz, las melodías de arrabal que escenifica Alfredo Le Pera. Decía Octavio de Romeu que nadie sabe lo que hay dentro de un minué. Nadie sabe, tampoco, lo que hay dentro de un tango: en esa pareja de Penagos que se tanguea, percanta y bacán, en la noche mágica del bandoneón desencanallado, que cambia el cuchillo del conventillo de Palermo por el cubo plateado que enfría el champagne en el tango de Penagos. Una vez que Penagos traduce a madrileño el ritmo melódico de Gardel y Razzano, el tango pueden bailarlo ya las burguesitas de falda rodillera. No hay pecado. Hay, en todo caso, picardía, gracia noctámbula, fru-fru de ligas de seda. Seguro que cuando Jorge Luis Borges (escapándose de la tertulia ultraísta de Cansinos Asséns) ve bailar el tango a las muchachitas de Penagos podrá justificarlo como no supo hacer en Valvanera.

Antonio M. Campoy


A Penagos se le conoce, sobre todo, como el creador de un nuevo tipo de mujer, de un modelo en que se concretó nuestra particular Belle Époque. Rafael de Penagos participó intensamente de la ebullición social y cultural de Madrid que, con el cambio de siglo, pugnaba por convertirse en una urbe moderna y abierta [...] Las noticias que desde París traían los viajeros y las revistas ilustradas que circulaban por todas partes influyeron de forma considerable en nuestra sociedad. Pero también es cierto que este Madrid hablador, de café y charla, supo darle un toque particular a la época. Y Rafael de Penagos fue uno de los impulsores de la nueva imagen de aquel Madrid.
 

Como ingredientes, se sirvió del tipo castizo creado por su coetáneo Sancha y por otros dibujantes de la anterior generación, todo ello unido a las novedades francesas y al estilizamiento de la estética rusa -que llegó a Madrid de la mano de los ballet rusos, dejando a su paso una honda impresión-. Con todo ello, Penagos tomó el lápiz y del papel surgió un nuevo modelo de mujer, algo así como el símbolo de esta nueva sociedad, más confortadora y amable, que él mismo deseaba fuera realidad.
 

Y tuvo éxito. De tal forma que las señoritas madrileñas tomaron muy en serio la tarea de asemejarse al máximo a los dibujos de Penagos. Estudiaban con atención los modos y ademanes de esas mujeres que, desde las páginas de Blanco y Negro, Nuevo Mundo, La Esfera y ABC, provocaron todo un impacto en la sociedad madrileña, aprisionada hasta entonces en un provincianismo del que no conseguía salir.

 
Una nueva estética, una nueva forma de desenvolvimiento social era lo que Penagos proponía a través de sus creaciones. Mujeres de mirada penetrante al tiempo que ensoñadora, observando de frente, sin rubor, a veces con un toque de sensualidad que, en sus oscuros y grandes ojos, y en la mantilla que a menudo visten, les devuelve a su raíz mediterránea, sureña. Y las finas manos arqueadas, los labios que nunca pierden la compostura en risas exageradas, el conjunto de accesorios que siempre las rodean, todo ello fue en aquel momento el arquetipo perfecto de la mujer, que todas anhelaban ser.

Ramón Herrero Martín
 

[...] Así es como comenzó a inventarse mujeres que no existían: llegaban oliendo a perfumes franceses; fumaban ¡santo Dios! cigarrillos turcos y egipcios; bebían cocktails; llevaban en la mano, en lugar de barreños, raquetas de tennis (así, con dos enes se escribía); se reunían para tomar el the (así, con h intermedia, a la francesa); les deshinchó la tetas y las convirtió en senos; les cortó el pelo a lo garçon (así se escribía); las enseñó a utilizar el cuarto de baño en lugar de la jofaina. Penagos salía, cada día, a la calle, dando la noticia de otro mundo, otros seres, predicando su bella buena nueva, hasta que las mujeres reales comenzaron a parecerse a las soñadas por él.
 
José Hierro

sábado, 3 de mayo de 2014

En busca de la finca perdida


La tarde podría haberse titulado En busca de la finca perdida. Y el capítulo uno, Por el camino de San José del Valle, que es donde pastan los toros de Fuente Ymbro. Porque si huidizo fue uno, el siguiente lo superó. Para hacer balance de la corrida lidiada este viernes en Sevilla, diremos que el ganadero trajo tres mansos (4º, 5º y 6º) y tres mansos escandalosos (1º, 2º y 3º). Desigualmente presentados, descastados, sin fijeza, emplazándose en los terrenos de chiqueros y rehuyendo la pelea, tanto en el peto como en la muleta. ¿Seguirá teniendo problemas Ricardo Gallardo con el maíz? ¿Qué clase de mazorcas siembran en San José del Valle que absorben la bravura de forma tan desmedida?
 
 
Con semejante sequía de casta, poco pudo hacer la terna. Quien toreó de verdad fue, paradójicamente, el diestro menos jaleado: Paco Ureña quien, ante el quinto, ejecutó el toreo fundamental, puro y sin alharacas. Fue una faena larga que el público no apreció. El respetable maestrante también demostró frialdad durante el templado trasteo de Javier Castaño con el cuarto, técnico y eficiente, aunque más superficial que el murciano. Ambos, Castaño y Ureña, estuvieron muy por encima de sus respectivos lotes. El camero Esaú Fernández, quizás porque vestía un precioso terno caña con los remates en negro, porque mató bien, o porque fue el más bullanguero, con porta gayola incluida, se llevó el gato al agua cortando una oreja pueblerina al rajado tercero. Por un momento, La Maestranza, a medio llenar, pareció una versión barata de La Pañoleta.
 
Castaño y Ureña (Fotos de Arjona)
 
Muy interesante la actuación de las cuadrillas, sobre todo la esmerada lidia de Marco Galán, así como los pares de banderillas de Fernando Sánchez y Víctor Saugar "Pirri".

jueves, 1 de mayo de 2014

Bombonería fina en una Feria de Abril que comenzó en mayo


A buen seguro, aquellos seis "dijes", nacidos y criados en Matilla de los Caños del Río, no habían conocido semejante calor. No en vano, el primero remoloneó a la hora de salir de los chiqueros, desconcertado por la luminosidad hiriente de la tarde. Cuando se decidió, encontró una plaza de la Maestranza a medio llenar. Mitad de aire, mitad de gente. La corrida de Montalvo que ha descorchado esta Feria de Abril tardía, más que de una finca charra, parecía sacada de una bombonera fina. Nobilísima. Tierna como un bizcocho de chocolate derretido bajo el sol sevillano.

 
El único que no se disolvió en medio del ardor, el único diestro que demostró cierta consistencia, fue el mirobrigense Juan del Álamo. A su primero, un gran toro llamado Capullo, lo toreó ceñido por la izquierda y largo por la derecha, con mando, dibujando unos remates por bajo de mucho gusto. Una faena fresca, bien estructurada. Lástima que, a la hora de matar, pinchara varias veces, perdiendo una merecida oreja. A pesar de fallar con la espada, su presentación en La Maestranza ha sido notable.
 
Fotos: Arjona

Además de Capullo, otro ejemplar de Montalvo, Jugoso, fue ovacionado en el arrastre como premio a su infinita nobleza. Le cayó en suerte, cual lotería de Navidad bajo la flema, a Antonio Nazaré que, de nuevo, demostró detalles pintureros y poco más. Agua. El animalito se le fue entero, con su pequeño cortijo entre los pitones. Aún más liviano estuvo el mexicano Diego Silveti, a quien se le da muy bien pasearse. Mucho garbo, impertérrito ante el calor, pero a los toros, mejor ni verlos. Si con semejantes bombones estos toreros jóvenes no arman el taco, no ejecutan el toreo fundamental, que abandonen el dulce y se dediquen a otra cosa. A vender aparatos de aire acondicionado, por ejemplo.