domingo, 11 de noviembre de 2012

Obama y mamá Inés


El otro día, le preguntaron a Paco, el carnicero de La Encarnación, si creía que la reelección de Obama como presidente de Estados Unidos mejoraría la economía mundial. "¿La economía con Obama" -contestó incrédulo el sevillano-, "pues una de dos: o-va-a-má o-va-a-meno".


"¡Ah, mundo! La Negra Juana,
¡la mano que le pasó!
Se le murió su negrito,
sí señor.

—Ay, compadrito del alma,
¡tan sano que estaba el negro!
Yo no le acataba el pliegue,
yo no le acataba el hueso;
como yo me enflaquecía,
lo medía con mi cuerpo,
se me iba poniendo flaco
como yo me iba poniendo.
Se me murió mi negrito;
Dios lo tendrá dispuesto;
ya lo tendrá colocao
como angelito del Cielo.

—Desengáñese, comadre,
que no hay angelitos negros.
Pintor de santos de alcoba,
pintor sin tierra en el pecho,
que cuando pintas tus santos
no te acuerdas de tu pueblo,
que cuando pintas tus Vírgenes
pintas angelitos bellos,
pero nunca te acordaste
de pintar un ángel negro".

Este poema del venezolano Andrés Eloy Blanco no se hizo un himno internacional hasta que se convirtió en bolero y lo interpretó Machín. Probablemente el mundo habría sobrevivido sin Obama, pero no sin Machín y sus maracas.


A finales de los 80, las peñas de Pamplona traían frito al torero venezolano Morenito de Maracay con su "Ay, mamá Inés". Escribía Joaquín Vidal el 1 de julio de 1989:

"Tuvo Morenito de Maracay un toricu pregonau, al que intentó sacar naturales y derechazos, con mayor insistencia de la que merecía semejante pajarraco, y otro absolutamente inválido que se pegaba unas costaladas tremendas y, naturalmente, no podía embestir; si acaso, a pasito corto, cuando no quebrado. Tan pundonorosamente porfió pases Morenito de Maracay, que volvieron a cantarle el mamá Inés, y esto es síntoma inequívoco de que, en Pamplona, mantiene su cartel".



La primera película que protagonizó la gran Concha Piquer fue "El negro que tenía el alma blanca", rodada en París por Benito Perojo en 1927 (aquí puede verse entera). Por aquel entonces, doña Concha sólo contaba con 19 años e interpretaba a una joven que conquistaba a Peter Wald, un famoso bailarín negro exiliado de Cuba que, antes de alcanzar la fama, había trabajado como criado en casa de unos marqueses.

Ahora que el cine apuesta por las segundas partes, podrían rodar un remake de "El negro que tenía el alma blanca" cuando Obama se retire de la política. Seguro que le gusta la idea.


sábado, 10 de noviembre de 2012

El Destetado


A finales de enero, el Gobierno aprobó "el paquete lácteo" (sic). Creo que los ganaderos, aún insatisfechos, continúan en pie de guerra repartiendo litros de leche a diestro y siniestro para reclamar más ayudas a su sector.


El asunto de la leche se ha vuelto algo complejísimo. No hablo sólo de regulaciones políticas, sino del simple hecho de ir al supermercado a comprar un tetabrick. ¿Se han fijado en cuántas clases de leche venden en la tienda de la esquina? Entera, semi, desnatada, de soja, de soja desnatada, enriquecida con calcio, enriquecida con calcio semi, enriquecida con calcio desnatada, calcio soja entera, calcio soja semi, con omega 3, con jalea real, con fibra, con sabor a vainilla, con sabor a chocolate, leche que parece leche pero que en realidad no es leche, etc. Si Mister Marshall tuviera que lanzarnos ahora leche desde el cielo, se volvería loco:

- ¡Marshaaall, a mí leche en polvo de soja!
- ¡¡La mía con Omega3!!



La OCU, incluso, ha elaborado un top ten de leches: la Pascual se sale de buena y la Puleva, en cambio, es muy chunga. La Muuu, "la buena leche... palabra de vaca", se lleva el premio a la mejor marca calidad-precio.


En mi casa somos muy de lácteos. Una mañana, hará cinco o seis años, estábamos en el supermercado mi madre y yo cuando, en uno de los pasillos, chocamos con nuestro vecino Ricardo. Tras echar un rápido vistazo al carrito de la compra -habíamos comprado varios bricks de leche, queso, yogur de cuchara y yogur líquido-, elevó su dedo índice hacia el cielo y se puso a gritar:

- ¿Tenéis idea de lo perjudicial que es la leche para la salud? ¡El hombre es el único mamífero que sigue bebiendo leche una vez que lo han destetado! ¡¡Es antinatural!! -la gente que hacía cola en la caja registradora se volvió con disimulo para contemplar la escena-. Yo, desde hace 30 años, no tomo una gota de leche. NA-DA. Además, vosotras pensáis que compráis leche, pero estáis muy equivocadas..., porque, yo me pregunto, ¿¿dónde hay tanta vaca para tanta leche??

Desde entonces, llamamos a nuestro vecino Ricardo El Destetado.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Casablanca 2 (¿siempre nos quedará París?)

Leo en el New York Post que la Warner Bros. (los mismos que van a construir la cubierta de Las Ventas) están maquinando una secuela de la mítica "Casablanca" y los pelos se me ponen como escarpias. ¡No la toquen ya más, que así es la rosa! O, como gritaría Tejero, ¡quieto todo el mundo! En el periódico neoyorkino aseguran que los partidarios de la película llevamos 70 años preguntándonos qué fue de Rick e Ilsa. Juro por Dios que no: en primer lugar, porque no habíamos nacido; y en segundo, porque es mejor no cuestionar los caprichos de la vida y sus circunstancias, ni siquiera en el cine.


En el guión de "Return to Casablanca",  Ilsa, que ha vuelto con Laszlo a los Estados Unidos, da a luz a un niño, un hijo de Rick, al que llaman Richard. Laszlo, que es bastante calzonazos, adopta a la criatura y la trata como si fuera fruto de sus entrañas. Ricardito crece y se convierte en un buen mozo muy parecido a su verdadero padre, aunque más sensible y moderno. Tras escuchar las aventuras de Rick, le entran unas ganas locas de conocerlo personalmente, así que, a comienzos de los años 60, viaja a Casablanca. Sin embargo, aquello está tomado por los árabes y el panorama pinta mal. Un viejo camarero le cuenta a Ricardito que los nazis explotaron el café de su padre cuando Ilsa y Laszlo huyeron, pero el paradero de Rick -al que algunos vieron combatir en el Norte de África- continúa siendo un misterio.

Ricardito, a diferencia de su padre, tendría que ser un enemigo público del tabaco:
en Hollywood ya no se fuma

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La respuesta perfecta la tendría Juan Belmonte en el filo de los labios: "Mu faci, endegenerando".  El tiempo pasa (as time goes by), la industria cinematográfica se arruina a ritmo galopante y a algún iluminado se le ha ocurrido sacar tajada de los réditos del Hollywood dorado. Si eligen a un guaperas metrosexual para interpretar a Ricardito, quién sabe, tal vez la secuela tenga cierto éxito de taquilla. En cualquier caso, no me gusta nada como caza la perrina.

Ya puestos, me quedo con esta versión: "Carrot Blanca"

miércoles, 7 de noviembre de 2012

La mujer que lloró la muerte de Joselito

“Las mujeres me gustan más que nada: eso por sabido se calla; como que si yo no torease más que para hombres, ya me habría cortado la coleta. Algunas veces, en esas tardes fatales que tiene uno, cuando casi con las lágrimas saltadas se dejan los trastos de matar y se refugia uno en la barrera, al volver la cara al tendido, en medio de la hostilidad de los que gritan, se tropiezan nuestros ojos con los ojos bonitos de una gachí que, con la caricia de su mirada compasiva, quiere consolarnos. A mí me ha ocurrido algunas veces esto, y entonces me he ido al toro, como un jabato, con el capote, y animado por el calor de los ojos de la desconocida y he levantado al público haciendo todo lo que sabía y algo más. Mandan mucho fluido unos ojos gitanos”.


Fue la confesión que Joselito El Gallo le hizo al periodista José María Carretero, que publicaba bajo la firma de El Caballero Audaz poco antes de morir. También ésta otra: “A pesar de mis pocos años, yo siento dentro de mí la emoción de la vida del hogar: una vida en el campo, labrando una dehesa, de ganado manso, por supuesto, y sin perder una corrida de toros como espectador. Ésa es la idea que, como suprema dicha de mi vida, acaricio para lo porvenir”.  Apenas tenía 25 años, pero el combativo Joselito ya pensaba en alisar el hosco ceño de la guerra en los ruedos. Como escribió Shakespeare, acariciaba la idea de “en vez de cabalgar corceles armados para amedrentar las almas de los miedosos adversarios, hacer ágiles cabriolas en el cuarto de una dama a la lasciva invitación de un laúd”. ¿Pero quién era la dama de ese futuro truncado en Talavera de la Reina por un toro llamado Bailaor? La hija del ganadero Felipe de Pablo-Romero: la bella Guadalupe.


“Estoy enamoradísimo de la hija de un popular ganadero sevillano y voy a casarme con ella. Dentro de un par de temporadas, me retiro. Y lo voy a hacer como Guerrita: en la feria del Pilar de Zaragoza, a la que tanto amo, y por sorpresa”. Los clarines de aquella feria del Pilar jamás sonaron para Joselito. Por supuesto, tampoco llegó a ver a Guadalupe vestida de novia. La familia de la joven, perteneciente a la aristocracia sevillana, no aprobaba este amor con el torero de Gelves. “¿Cómo va a casarse mi hija con un gitano?", llegó a decir en una ocasión Felipe de Pablo-Romero. Y Joselito, que había tentado numerosas veces en aquella casa, se lamentaba ante sus amigos más íntimos: “Antes me llamaba hijo, y ahora gitano”.
De cualquier manera, ser hijo de un payo y una gitana, no fue lo que impidió aquella boda, sino la trágica e inesperada muerte del torero en 1920. No en vano, Joselito llegó a brindarle un toro a Guadalupe en la plaza de toros de Bilbao, alimentando el correveidile de todo el público asistente. Ella jamás se casó y murió octogenaria en el barrio sevillano de Los Remedios en 1983. En su testamento pidió que nunca faltasen flores en la tumba de su amado José. Manuel Barrios, en su libro “El sacristán del diablo: vida mágica de Fernando Villalón”, reproduce textos de la época que narraban el entierro del Gallo: “Al final del Paseo del Duque, una mujer enlutada, joven y guapa (probablemente Guadalupe Pablo Romero que hasta el último día de su vida llevó flores a la tumba de José), con los ojos arrasados en lágrimas, dio un grito de ¡Joselito!, y varias amigas la retiraron de la acera”.
Joselito, de luto en La Maestranza, por la muerte de su madre
(abril de1920)

Cuatro amargores llevaba Joselito cosidos a la garganta la tarde en que cayó ante Bailaor: la muerte de su madre, la señá Gabriela; la guerra con los Maestrantes a cuenta de la plaza Monumental; las asperezas con la prensa, que en aquella temporada de 1920 fue más dura que nunca, especialmente Gregorio Corrochano; y, por encima de todo, su amor imposible por Guadalupe.
"Pensaba retirarse dentro de un par de años a lo sumo, pues si grande,
muy grande, era su afición a los, toros, mayor era la inclinación amorosa
que latía en su pecho. Una cornada cruenta vino a tronchar en flor las ilusiones
del infortunado lidiador. ¡Triste destino!" (Luis Uriarte)


martes, 6 de noviembre de 2012

El buey suelto ya no se lame tan bien


De vez en cuando, me gusta echar un vistazo a los blogs argentinos. ¡Son estupendos! En "Tengo mal de amores" han clasificado a los solterones en siete categorías: el gordo y negligente, el quisquilloso e histérico, el raro, el mujeriego, el serio, el Rock Hudson y el que vive con la madre. De todos ellos, me quedo con este último. Así lo describen: "Bueno, no es tan grave que viva con la mamá, pensás, en un rapto de entusiasmo inicial. Después de todo, ella es macanuda. Este solterón ya pasó los cuarenta. Pero esto no importaría si no fuera que los domingos, después de pasar un fin de semana romántico en la playa, quiere llegar temprano a su casa. Para estar con mamá. La revelación llega una madrugada fatídica, después de soñar que te estás casando con tu suegra".


A finales de la primera década del siglo XX, se estrenó en el madrileño teatro de La Zarzuela un pasatiempo que llevaba por nombre "El club de las solteras", del libretista Luis Pascual Frutos. En la obra figuraba una canción inmediatamente popularizada por su intérprete, la saladísima Consuelo Mayendía.

"Yo conozco muchos hombres
que abominan del casorio,
porque temen a las suegras
y a otras cosas que no nombro.
Y por eso hay en el mundo
tanto viejo solterón,
que concluye por quedarse
como el gallo de Morón".

El pequeño azulejo de "Solterito y cuarentón, qué suerte tienes, ladrón" que encontré paseando por el barrio de Santa Cruz está pasado de moda. Ser hombre y soltero vuelve a ser una desgracia (eso dicen, al menos, en El País).



"Qué desolación me da
ver la nevera vacía,
con lo bien que yo comía
en casa de mi mamá.
A la vuelta de una farra,
bien mamao como es debido,
qué bien sienta una cenita
pa´luego dormir tranquilo.
No se sueña nada ilustre
cuando el buche está vacío".

Los malabaristas del marketing dejaron de rifarse a los singles porque estos también se han quedado tiesos con la crisis (en las librerías ya no se agota el best-seller "Microondas para uno"). Y encima pagan más impuestos. Habría que reescribir un "A la lima y al limón" paritario. ¡El soltero de oro ha pasado a la historia, oiga!



"Y los niños cantan a la rueda, rueda,
Esta triste copla que el viento le lleva.
A la lima y al limón,
tú no tienes quien te quiera.
A la lima y al limón,
te vas a quedar soltera/o.
Qué penita y que dolor,
la vecinita/el vecinito de enfrente soltera/o se quedó.
Solterita/o se quedó.
A la lima y al limón".


Una solución para acabar con el maleficio del single consiste en peregrinar hasta la preciosa iglesia de Santa Ana, la Catedral de Triana, para pegarle un puntapié en la cabeza a Íñigo López. La leyenda cuenta que el hombre/mujer (la paridad,recuerden) que le pegue siete patadas a su lauda sepulcral contraerá matrimonio. Esta lápida, por cierto, obra de Niculoso Pisano (1503), es sumamente original porque sustituye el mármol tradicional por el azulejo pintado. De tanto taconazo, el dibujo de la cara de Íñigo López ha ido desapareciendo con el transcurrir de los siglos.

Hoy por hoy, el difunto Iñigo López sigue siendo un enigma.
Su título o profesión también ha sido borrado del epitafio que le enmarca

lunes, 5 de noviembre de 2012

El que los domingos no come fabada asturiana, no es persona entre semana


Enhorabuena a los publicistas del Litoral, negocio gijonés que se hizo famoso en los años 50 por vender fabada enlatada. En 1995, la compañía -que ahora pertenece al grupo suizo Nestlé- lideró su sector gracias a una campaña publicitaria protagonizada por unas abuelas entrañables... de las de toda la vida. Desde entonces, han hecho anuncios realmente ingeniosos, como el del montañero al que encuentran congelado en mitad del campo asturiano, el de la boda familiar en el pueblo o el del mochilero que quiere conocer los secretos de la fabada tradicional.







En estos días de frío y lluvia, el metro de Madrid está empapelado con una nueva campaña del Litoral. Reparé en ella tras subir las escaleras mecánicas de Guzmán El Bueno.


Mi alimentación es un desastre, sólo tengo un cazo y subsisto gracias a Kellogg´s y los productos de Cogelados La Sirena, pero estos anuncios merecen que compre una lata del Litoral. La publicidad actual es una competición por ver qué marca saca al caballero/señora más desnudo/desnuda. Incluso en los anuncios de perfumes, cereales o yogures, todos aparecen medio en pelotas y enseñando chicha.



La publicidad es un reflejo social bastante fiable. Al fin y al cabo, los anuncios enseñan aquello que los potenciales compradores quieren ver. ¿Y qué vende ahora? La zafiedad. Las abuelas del Litoral constituyen una excepción entre tanto personal exhibiendo sus atributos. Los anuncios de los 30, 40, 50 y comienzos de los 60, en cambio, eran auténticas obras de arte... los había, incluso, subiditos de tono, sobre todo cuando había que promocionar hojas de afeitar.








Después del plato de fabes, puede venir bien una "Digestina"

domingo, 4 de noviembre de 2012

No hay que llegar primero, pero hay que saber llegar


El último viernes de octubre, el pueblo de Fuenlabrada le rindió homenaje a su torero. Nunca ha encabezado el escalafón ni ha tenido hueco en los carteles de campanillas, sin embargo, a la hora de su retirada, al fin, se le está haciendo justicia. Ninguno de los toreros con los que empezó su carrera sigue en activo: puede decirse que él ha sido el último gran guerrero de su generación (ha estoqueado casi 80 corridas de Miura y 30 de José Escolar). José Miguel Arroyo, Joselito, el niño bonito de aquella época, se cortó la coleta pronto; a José Luis Bote los toros le cosieron el cuerpo a cornadas; y José Cubero, El Yiyo, murió en la plaza de Colmenar Viejo en 1985. Las cuadrillas de esta generación no corrieron mejor fortuna, y el peón de confianza de Joselito, Antonio González Gordón, Campeño, falleció unos días después de que un toro de Arribas Sancho le ensartara el cuello en Las Ventas el 22 de mayo de 1988.

Alternativa en Villaviciosa de Odón (1987)

Todas estas desgracias las presenció El Fundi en primera fila. El día de la cornada fatal de Campeño, confirmaba la alternativa. Tras su segunda faena, la mayoría del público solicitó para él la vuelta al ruedo. No obstante, desde el tendido del 7, parte del 8 y la andanada del 9, se oyeron algunos pitos. Cuando El Fundi, en su paseo triunfal, cruzó delante de ellos, les dio la espalda, armando una tremenda zapatiesta. Ésta fue la crónica que Joaquín Vidal escribió sobre aquella aciaga tarde de San Isidro:

"Seguramente ayer se pasaron con El Fundi, frenándole la vuelta al ruedo tras la muerte del quinto toro, pues ese toro era incierto y El Fundi lo había embarcado en la muleta a fuerza de pundonor, de valor y de excelente técnica lidiadora. El resto del público reaccionó y obligó a El Fundi a dar la vuelta al ruedo, y sirvió aquello para entablar una desaforada polémica a voces entre el sector intransigente y todos los demás. La manifestación de intolerancia de que hicieron ayer gala muchos espectadores fue deprimente".

Estocadas inolvidables (Toro de Adolfo Martín, mayo de 2008)
Fotografía de Juan Pelegrín

Sea como fuere, desde su confirmación de alternativa en 1988 y hasta el año 2007 apróximadamente, en Las Ventas le declararon la guerra al Fundi, que tuvo que exiliarse en las plazas francesas y abrirse allí camino. Por eso resultaron tan emocionantes las palabras que el otro día le dedicó José Tomás durante el homenaje en su pueblo natal: "No hay que llegar primero, sino saber llegar", citando al compositor mexicano José Alfredo Jiménez.

"Una piedra del camino
me enseñó que mi destino
era rodar y rodar.
Después me dijo un arriero
que no hay que llegar primero,
pero hay que saber llegar".


El Fundi siempre supo llegar aunque a veces el destino no quiso esperarlo. En mayo de 2009, cuando se encontraba en el mejor momento de su carrera y cuando al fin todas las grandes ferias le habían abierto sus puertas en carteles de postín, sufrió una doble fisura en el cráneo tras caer de un caballo cuando hacía labores de acoso y derribo. Intentó reaparecer a mediados de junio en Toledo, en una corrida benéfica donde precisamente toreaba José Tomás, pero el hematoma craneal le había dejado secuelas en la pierna y, sin poder desembarazarse del toro, recibió una cornada grave. En agosto volvió a caer en San Sebastián ante un Victorino. Este rosario de incidentes, de caídas y reapariciones, de luchas inacabables, resume la trayectoria del Fundi. José Tomás dijo de él: "Tú has llegado por un camino lleno de valor pero, sobre todo, de valores. Valores, entre otros, como la honestidad, la superación, el sacrificio, la responsabilidad, la sensibilidad y la lealtad a tu profesión. Creo que estos valores siempre han estado muy presentes en la Tauromaquia, pero no todos le han sido fieles como lo has sido tú".


Esto también es el toreo. Trayectorias como las del Fundi y palabras como las de José Tomás -o las de Robleño, no hace mucho, cuando lo sacó a hombros de la plaza de Fuenlabrada- están por encima de las faenas y los triunfos. Los aficionados, desgraciadamente, no recordaremos al Fundi saliendo a hombros por la Puerta Grande de Madrid, no obstante, nos ha emocionado más que otros diestros que sí lo han hecho. De luces o de calle, para muchos, seguirá siendo rey y ejemplo.

sábado, 3 de noviembre de 2012

"Es difícil decir cómo está hecha mi penumbra"


Los atardeceres siempre son melancólicos y más aún los invernales. Desde que cambiaron la hora el pasado fin de semana -maldita costumbre que, según dicen, nos hace más europeos-, anochece a las seis. ¿Qué tenemos en común con los londinenses, berlineses o parisinos, que cenan cuando nosotros merendamos y se van a dormir cuando salimos a tomar una caña? La receta del euro-pudding, consistente en homogeneizarlo todo en una pasta amorfa e insípida, detiene hasta las manecillas del reloj: a las tres son las dos y a las cinco de la tarde termina el día por orden del Parlamento Europeo. Hace años descubrí que el ocaso es menos triste si nos sorprende en la calle; cuando las nubes comienzan a teñirse de magenta, es hora de cruzar el umbral de la puerta. Como escribió el gran Alvite: "En la ciudad en donde vivo, sólo algunas aceras pasan en la calle más tiempo que yo".


"La noche, en estas latitudes, cae de improviso, con un crepúsculo efímero que dura un soplo, y después, la oscuridad. Yo debo vivir únicamente en este breve período, y por lo demás no existo. O mejor, estoy, pero es como si no estuviese, porque estoy en cualquier sitio, incluso allí, donde te he dejado, y además en todas partes, en todos los lugares de la tierra, en los mares, en el viento que hincha las velas de los veleros, en los viajeros que atraviesan las llanuras, en las plazas de las ciudades, con sus mercaderes y sus voces y el flujo anónimo del gentío. Es difícil decir cómo está hecha mi penumbra y qué significa. Es como un sueño que sabes que estás soñando, y en eso consiste su verdad: en ser real fuera de lo real. Su morfología es la del iris, o mejor, la de las gradaciones lábiles que dejan de ser mientras están siendo, como el tiempo de nuestra vida. Me es posible recorrerlo, este tiempo que ya no es mío y que ha sido nuestro, y que corre ligero en el interior de mis ojos, tan rápido que yo entreveo paisajes y lugares que hemos habitado, momentos que hemos compartido e incluso nuestras conversaciones de entonces, ¿recuerdas?, hablábamos de los parques de Madrid y de una casa de pescadores donde hubiéramos querido vivir y de los molinos de viento, y de los acantilados en el mar en una noche de invierno, cuando comimos gachas, y de la capilla con los exvotos de los pescadores, vírgenes de rostro popular y náufragos como marionetas que se salvan del oleaje agarrándose a un rayo de luz llovida del cielo. Mas todo esto que me pasa por dentro de los ojos, pero que descifro con exactitud minuciosa, es tan rápido en su irrefrenable carrera que es sólo un color: es el malva de la mañana sobre la meseta, es el azafrán de los campos, es el añil de una noche de septiembre con la luna colgada del árbol en la explanada delante de la vieja casa, el olor fuerte de la tierra y tu seno izquierdo, que yo amaba con mayor intensidad; y la vida estaba allí, aplacada y escondida por el grillo que vivía al lado, y aquélla era la mejor noche de todas las noches, porque era una noche líquida, como la pulpa del albaricoque.

En el tiempo de este infinito mínimo, que es el intervalo entre mi ahora y nuestro entonces, te digo adiós y silbo Yesterday y Guaglione. He dejado mi jersey en la butaca de al lado, como cuando íbamos al cine y esperaba que tú volvieras con los cacahuates".
(Antonio Tabucchi, Los volátiles del Beato Angélico)

"Y, de repente,
llega la noche
como un aceite
de silencio y pena.
A su corriente me rindo
armado apenas
con la precaria red
de truncados recuerdos y nostalgias
que siguen insistiendo
en recobrar el perdido
territorio de su reino.
Como ebrios anzuelos
giran en la noche
nombres, quintas,
ciertas esquinas y plazas,
alcobas de la infancia,
rostros del colegio,
potreros, ríos
y muchachas
giran en vano
en el fresco silencio de la noche
y nadie acude a su reclamo.
Quebrantado y vencido
me rescatan los primeros
ruidos del alba,
cotidianos e insípidos
como la rutina de los días
que no serán ya
la febril primavera
que un día nos prometimos".
(Álvaro Mutis, Lied de la noche)

" [...] Le soleil, las de voir ce spectacle barbare,
précipite sa course, et, passant sous les eaux,
va porter la clarté chez des peuples nouveaux:
l'horreur de ces déserts s'accroît par son absence.
La Nuit vient sur un char conduit par le silence:
Il amène avec lui la crainte en l'univers".
(La Fontaine, Les Amours de Psyché et de Cupidon)
Pinturas de Vincent Van Gogh

jueves, 1 de noviembre de 2012

Las otroras solemnes y sagradas tardes de toros


Los de la Warner (padres de Bugs Bunny y el Diablo de Tasmania) están preparando un armatoste para cubrir la plaza de toros de Las Ventas. Cuenta Martínez Uranga que la tapadera proviene de Finlandia y estará sobre nuestras cabezas a principios de diciembre. Como ya apuntamos hace unos días, el primer espectáculo en el coso cubierto será el I Festival Internacional del Circo. Cuando se marchen los payasos, nos endosarán conciertos de estrellas internacionales, partidos de baloncesto y tenis o desfiles de moda. (leer más sobre el horror aquí). Todo, por supuesto, sobre el mismo albero donde cada año decenas de hombres salvan, a duras penas, una serie de valores que nuestra sociedad destruye: el esfuerzo, la superación personal, la dignidad, el valor, el respeto al rito y la hombría, entre muchos otros. A partir de este invierno, gracias a la dichosa tapadera, Las Ventas dejará de ser la Catedral del Toreo para convertirse en la sede de Warner Bros. Entertainment.


El sacrilegio se completará cuando la Comunidad de Madrid se salga con la suya y cubra definitivamente la plaza, con el fin de incluirla en el odioso proyecto olímpico de Madrid 2020 como sede del baloncesto.


Quizás, para que los aficionados fuésemos entrando por el aro, nos montaron el pasado San Isidro la carpa del Arte y la Cultura -obra de Casas Productions y Antonio Vázquez- a la vera del Patio de Cuadrillas. Aquel chiringuito, donde un espantapájaros disfrazado de corto daba la bienvenida a los maqueados paseantes, resultó ruinoso y dejó un agujero negro, muy negro, de cientos de miles de euros. Tan zaínas se preveían las cuentas que, desde el primer minuto, Taurodelta se lavó las manos. Al respecto, el pasado mes de mayo publiqué un breve texto titulado "Sembrar lirios en un patatal".


«
La palabra “cultura” etimológicamente proviene de la acepción latina “cultum” que significa “cultivar”. Tras los acontecimientos de los últimos días, germina la duda, ya que hablamos sobre siembras, de qué rayos estamos cultivando bajo el engañoso concepto de “cultura taurina”. Porque la cultura taurina es maravillosa e imprescindible siempre y cuando el acento recaiga sobre la segunda palabra: “taurina”. Si la base taurina es rica y sólida, la cultura brotará después de forma natural, igual que crece el trigo o brotan uvas de las parras. En cambio, si se confunde lo accesorio de lo fundamental, corremos el riesgo de pretender plantar lirios en un patatal.
Estos nuevos aires del arte y la cultura taurina rezuman misericordia social…; son una petición desesperada de clemencia: “-Perdonadme, me gustan los toros. Está mal. Lo sé… pero, mirad, hay más bárbaros como yo, y son intelectuales. ¡Incluso hemos cambiado de Ministerio!”.
La sociedad nos obliga a barnizar culturalmente la Fiesta, pero no nos distraigamos: el verdadero problema no es éste, sino otro mucho más profundo. ¿Una carpa va a mejorar los carteles de este San Isidro? Ni mucho menos. ¿Una carpa va a captar la atención de la gente joven no aficionada? Posiblemente, si bien, en cuanto entren en la plaza y asistan a un espectáculo falto de emoción, saldrán de najas. Este tenderete puede servirnos para aprobar dibujo y gimnasia, sin embargo, seguiremos suspendiendo matemáticas y lenguaje. Una carpa debe ser el complemento de la feria, jamás el cimiento.
Los toros –que no huelen a Loewe- son cultura, indudablemente, pero también sol y moscas. Y conmoción, sudor, sangre, muerte y vida. Si no emocionamos desde lo más profundo, la cultura, por primera vez en la Historia, se desligará de la Tauromaquia. ¡Que un torero abra la Puerta Grande de Las Ventas de par en par ante un toro bravo y que los “olés” ensordezcan todo Madrid! ¡Que una multitud lleve a ese torero en volandas hasta el Retiro o la Cibeles mientras le arranca los alamares! Ésa debe ser la verdadera razón de ser de la Fiesta, el orgullo de los aficionados, la verdadera semilla de las odas y los laureles».

A los aficionados nunca nos gustó la carpa de la Kultura y el Arte que no se´podía aguantá, como bien la bautizó Javier. A falta de uno, la próxima temporada vamos a tener otro tipi indio el doble de grande. Un ejemplo más de la banalización de la cultura que, por supuesto, también ha devorado a las otroras solemnes y sagradas tardes de toros.
¿Qué escribiría Joaquín Vidal de saber que van a cubrir su plaza?