miércoles, 17 de febrero de 2016

Y tu corazón caliente, nada más

Sólo tu corazón caliente, 
y nada más. 


Así arrancaba un poema de Lorca titulado "Deseo", donde también se hablaba sobre un río discreto, un campo de miradas rotas, y la "espuela del viento", como la que nos azuza en estos días de febrero. 

Sólo tu corazón caliente, 
y nada más. 

Mi paraíso, un campo 
sin ruiseñor 
ni liras, 
con un río discreto 
y una fuentecilla. 

Sin la espuela del viento 
sobre la fronda, 
ni la estrella que quiere 
ser hoja [...]


Rousseau explicó perfectamente la diferencia entre "desear" -como el "deseo" lorquiano- y "querer". El filósofo francés decía así: "Desear no es querer. Se desea lo que se sabe que dura poco; se quiere lo que se sabe que es eterno". Por ello, el hombre vive lleno de deseos y más pobre de quereres. Viejo asunto sobre el que también ahondó Cervantes: "Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama". 


A Benedetti, en cambio, se le pasó por alto la observación de Rousseau -le sucede a muchos- y en su libro "Vivir adrede" confundió amar con desear: "Lo imposible es una burla de los dioses. Cuando tomamos conciencia de que el imposible es eso: un imposible, es ya tarde para refugiarnos en la sensatez [...] Todos queremos lo que no se puede, somos fanáticos de lo prohibido". Matización: todos DESEAMOS lo que no se puede, como un antojo, un capricho que, al final, acaba pasando. Los deseos se los lleva el temporal... hasta que llegan otros nuevos. 


Precisamente ése, saltar de deseo en deseo, es el secreto para mantener el corazón caliente en estos días en los que aprieta la espuela del norte.

sábado, 13 de febrero de 2016

Don Fernando Palha: cuestión de esqueleto


La elegancia es cuestión de esqueleto. Lo decía Pitigrilli. Esqueleto y señorío, don Fernando Pereira Palha tenía para regalar a manos llenas. La tauromaquia portuguesa ha perdido a su último ganadero romántico, pero también a um cavalheiro, a um homem gentil, nobre e educado. Le recuerdo una tarde de otoño, en su finca de Vila Franca de Xira, a orillas del Tajo, paseando al atardecer, hierático y solemne, protegiéndose de los primeros fríos. Acababa de cumplir 80 años. Un hombre de otra época entre toros de otro siglo, de origen Veragua. Los toros de colores de "Quinta Da Foz" no regresaron a tiempo a Las Ventas para que su propietario los viera lidiar por última vez. Era su sueño en aquella tarde de otoño: lidiar una novillada en Madrid. Con la umbría que arrojaba sobre su rostro un sombrero de ala ancha, parecía el personaje de un poema de Pessoa. Don Fernando también habló de la muerte a lo largo de ese atardecer, mientras las montañas, y Lisboa al fondo, tomaban el color de la lavanda. Descanse en paz, señor ganadero.

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo
[...] Hoy estoy vencido como si supiera la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morirme.



miércoles, 10 de febrero de 2016

Estrechez y mezquindad


Rumba la rumba la rum bam bam

"En todos los pueblos del mundo la política produce un elemento ambicioso, arribista, bajo e inmoral. Político y chanchullero son sinónimos" (Pío Baroja, 1918).


"Esa vida de las familias en la ciudad, llena de pequeños ciudadanos y miserias, me repugna. Me hubiera gustado tener una gran familia viviendo en una granja en América o en Australia, con una vida amplia, fácil. Pero, ¡aquí! ¡En esta estrechez! ¡En esta mezquindad!" (Pío Baroja).


Pues sí: en poco tiempo, Madrid se ha convertido en una ciudad estrecha y mezquina, mucho más de lo que podría haber imaginado Baroja, donde la basura nos come por las esquinas, donde los perros entran en el metro, donde Josep Pla y Álvaro Cunqueiro se quedan sin calle, donde los aficionados a los toros estamos perseguidos, donde exclusivamente se puede circular en bicicleta, donde la cabalgata de Reyes Magos es un esperpento, donde uno sólo puede sentirse orgulloso por ser "gay", donde los titiriteros ensalzan a ETA y donde unos dictadores disfrazados de progresistas han tomado el mando. Éste es el nuevo Madrid, ese sepulcro, esa cucaña, esa colmena... ¡Que Dios nos coja confesados!, ya lo escribió Cela.



domingo, 7 de febrero de 2016

Recuerdos (y olvidos) desde Valdemorillo


Faltar un año a la feria de Valdemorillo es algo así como perderse la Navidad. Es una tradición, un rito hibernal, una necesidad de toros que está por encima de los carteles, la climatología y las circunstancias. Hace siete febreros fui con un amigo a Valdemorillo, el mismo amigo con quien he ido este domingo. En 2009, recuerdo que, sobre los tragaluces de la plaza, se formaban rosas de hielo similares a las que entretenían a Yuri Zhivago durante sus desvelos de invierno. Mientras el hielo iba creando filigranas en el cristal, arrancaba el paseíllo. Creo que eran Curro Díaz, Juan Bautista y Daniel Luque quienes desfilaban, o tal vez fueran otros, porque los recuerdos, como la nieve, se amontonan sin orden. El tiempo pasa demasiado deprisa.

Dentro de unos años, también habremos olvidado la corrida de este domingo, con Borja Jiménez, Lama de Góngora y Francisco José Espada ante ejemplares de Ana Romero. Salvo un cuarto toro, noble y bien guapo, la tarde se ha esfumado sin nada que destacar. Sin embargo, el paseo entre buenos amigos por las calles del pueblo al terminar el festejo, mientras caía el frío y en las casas empezaba a arder la lumbre, dejando olor a leña, y la placidez de la noche serrana, eso sí que seguirá en nuestra memoria por unos años.

Es reconfortante comprobar que, aunque muchas cosas han cambiado a lo largo de las heladas, lo fundamental continúa intacto, como las tradiciones y los buenos amigos. Incluso tranquiliza ver las mismas caras en Valdemorillo, año tras año, en un pequeño cosmos alrededor de la plaza cubierta de La Candelaria. Lo aprendimos leyendo El Gatopardo: "Que todo cambie para que todo siga igual". Y en ésas estamos.
 

martes, 2 de febrero de 2016

Y te canto bajito...


Acaba de fallecer quien probablemente fue el primer ídolo de la música juvenil española, un pionero del pop patrio y un auténtico One Hit Wonder, que lo llaman en inglés. Me refiero a José Luis y su inseparable guitarra, deidades en la década de los 50 y los 60. En 1958, la canción "Mariquilla" -compuesta durante los años de "mili" y dedicada a su novia y futura esposa, María del Carmen- arrasó en la radio, recaudando una pequeña fortuna en derechos de autor. En pleno franquismo, el jienense José Luis -inspirador de numerosos amores juveniles- impactó en los programas de discos dedicados con su voz acaramelada, su letra sensiblera, su rasgar de guitarra y su contagioso tararear. 


En ese mismo año de 1958, el periódico francés Le Figaro entrevistó a Franco, quien declaraba: "Considero que el Régimen actual del Estado español es el más adecuado para la defensa del pueblo. La voz popular se deja oír a través de los organismos vivos de la nación: la familia, los municipios, los Sindicatos". Al Generalísimo se le olvidó añadir que, en aquellos tiempos, la voz popular por excelencia era José Luis y su guitarra. El despiste quizá se debía a que el Régimen casi censura la letra de "Mariquilla": "Me echaron para atrás Mariquilla porque decía cuánto te adoro, eres mi bien. Argumentaban que sólo se adora a Dios, y tuve que convencerlos de que hasta las abuelas adoran a sus nietos". 

Mariquilla bonita,
graciosa chiquita,
tu eres mi querer.
Yo te doy mi vida,
mi alma y mi sangre
y todito mi ser.

Y te canto bajito
lo que te quiero,
cuánto te adoro,
tú eres mi bien.


A José Luis, estrella con aspecto de estudiante aplicado, también le favoreció, por qué no decirlo, el nacimiento de la televisión en España, que lo convirtió en el ídolo de la canción ligera. "La primera vez que actué en televisión me temblaban las piernas. Yo quería que me dieran un coñac pero no me lo dieron", confesaba el cantante no hace mucho en Diario de Córdoba. Descanse en paz, José Luis Martínez Gordo, y que le sirvan muchos coñacs en el cielo.

domingo, 24 de enero de 2016

José y Juan en Talavera


Quien tiene la moneda, puede cambiarla. Es un dicho en el toreo. Y esa moneda, privilegio de los elegidos, a diferencia del dinero, jamás se pierde, aunque pasen los años o vengan mal dadas. Por distintos motivos, Paco Ojeda, Víctor Méndes, Juan Mora y José Miguel Arroyo "Joselito" nacieron con la moneda del toreo en el bolsillo. Y, como no podía ser de otra manera, la cambiaron este domingo durante el tentadero benéfico celebrado en Talavera de la Reina, particularmente dos de ellos, Juan y José. Pues, si bien no se apellidan Belmonte ni Ortega, los actuales, Mora y Arroyo, también han revolucionado, a su manera, los cimientos de la Tauromaquia de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Toreros como ellos alimentan con verlos, aunque sólo sea por un gesto o por la forma de hacer el paseíllo.


La afición, ávida de toros y conocedora de este secreto, abarrotó por ello los tendidos de La Caprichosa, coso donde El Gallo, perdió la vida hace algo más de 95 años. La mañana, además, lucía primeraveral y el sol de enero calentaba como el abrileño. La organización, quizás, jamás auguró semejante éxito popular y, por ello, no cuidó en demasía la calidad del ganado a lidiar, pues las vacas -algunas feas para desecho de tientas- no estuvieron a la altura de tan ilustre cartel. De cualquier manera, como ya se ha dicho, quien tiene la moneda, la cambia siempre, y Juan Mora dilapidó sin mesura naturalidad y torería. Los vuelos de su muleta se deslizaban sobre el alberto entre el clamor, resultando, sin discusión, el triunfador de la mañana.


Ellos, Ojeda, Méndes, Mora y "Joselito", son un espejo para las nuevas generaciones de toreros, chavales perseguidos hoy por una sociedad hipócrita y unos políticos innobles que pretenden prohibir que un hombre se juegue su propia vida delante de un toro o que un aficionado se emocione desde un tendido. "Escuelas Taurinas: derecho a soñar, derecho a decidir", con esa pancarta comenzó todo.


Fotos de Julián López

miércoles, 20 de enero de 2016

Los días normales

"Yo creo que lo que hay que hacer es amar a la vida, no a la felicidad [...] Además, no creo que existan los niños felices [...] Estoy empezando a pensar que hay un sector de educadores postmodernos que se han convertido en el aliado más fiel de la barbarie, que lo que hacen es ocultar la realidad y sustituirla por una ideología buenista, acaramelada, y de un mundo de «teletubbies». Personalmente, me resultan más atractivas la valentía y el coraje de afirmar la vida. Tenga usted un hijo feliz y tendrá un adulto esclavo, o de sus deseos irrealizados o de sus frustraciones" (Gregorio Luri).


Acabamos de superar el Lunes Triste (Blue Monday), nombre asignado al tercer lunes de enero por ser, según la pseudociencia, el día más deprimente del año. La deuda acumulada durante la Navidad, el tiempo invernal, la falta de nuevas vacaciones hasta verano o Semana Santa y el fracaso de los propósitos de Año Nuevo explican la melancolía que se encierra tras el Blue Monday. Esta hipótesis -idiota, sin duda- sólo puede nacer en una sociedad enferma donde, desde la cuna, nos educan para ser eternamente felices: "Hazte un favor y se feliz", "Moldea la mente para ser más feliz", "Las 50 claves de la felicidad", "Cosas a las que debes renunciar para ser feliz"... La lista de eslóganes es interminable. Hasta tal extremo que, algunas personas, piensan que la vida es Disneyland y se deprimen cuando el cielo no está cuajado de estrellas, los animalitos no hablan o las amapolas se mustian. Y así, a la espera de una infancia eterna o de una felicidad ficticia, estas personas dejan escapar las jornadas entre suspiros, encerradas en una rutina banal, porque la realidad no se corresponde con los cuentos de hadas. Viven encadenando... días normales.

Llegan
y se van sin hacer ruido
-como buenos
clientes-,
luego el tiempo
los confunde en la memoria,
y ya ni sabes
si aquel lunes era jueves
o al revés.

Que no te engañen,
no son tan poca cosa
como parecen:

suelen poder
con el amor.

(Karmelo C. Iribarren)


Camus fue un hombre que buscaba la felicidad ("no hay amor a la vida sin desesperación de vivir"), un panteísta mediterráneo que adoraba el sol y el mar, y que consiguió escapar de los días normales. Él lo explicó así: "En las profundidades del invierno, finalmente aprendí que en mi interior habitaba un verano invencible". Cuando uno es capaz de encontrar ese "verano invencible" (es decir, cuando uno es capaz de amar la vida a pesar de que ésta, a menudo, es dura e injusta), los lunes tristes pasan de largo.

viernes, 15 de enero de 2016

De todo, quedaron tres cosas

Dos poemas del portugués Fernando Pessoa: "De todo, quedaron tres cosas" y "Año Nuevo". Fue él quien escribió que el río parece que se está yendo siempre... pero no se va. Algo así como los sueños y los recuerdos.


De todo, quedaron tres cosas… 

La certeza de que estaba siempre comenzando,
la certeza de que había que seguir
y la certeza de que sería interrumpido 
antes de terminar.

Hacer de la interrupción un camino nuevo,
hacer de la caida, un paso de danza,
del miedo, una escalera,
del sueño, un puente, de la búsqueda... un encuentro.

*****
Año Nuevo...

¡Ficción de que comienza alguna cosa!
Nada comienza: todo continúa.
En la fluida e incierta esencia misteriosa
de pasar, fluye sombría el agua desnuda.

Recodos del río sólo movimientos esconden.
Fluye el mismo río allí donde se ve.
Comenzar sólo comienza en el pensamiento.


miércoles, 13 de enero de 2016

Faldas que rompen matrimonios

"Existen más libros sobre Marilyn Monroe que sobre la II Guerra Mundial. Hay cierta semejanza entre las dos: era el infierno, pero valía la pena" (Billy Wilder).


Una de las escenas eróticas más famosas del cine se rodó en la esquina de Lexington Avenue con East 52nd Street. Justo cuando pasaba el metro, el aire que salía de la rejilla de ventilación levantaba la falda plisada de Marilyn Monroe, dejando ver sus turgentes muslos y la ropa interior blanca. A pesar de que las pruebas del rodaje se realizaron de madrugada, las piernas de la rubia congregaron a tal multitud de hombres y fotógrafos en estado febril que los murmullos entorpecían la filmación. Los silbidos hacían que la estrella olvidara su texto constantemente. No en vano, la escena tuvo que finalizarse en los estudios de la Fox para evitar el colapso de Manhattan.


Corría el año 1954 y Marilyn estaba casada con el jugador de béisbol Joe Dimaggio, quien se puso amarillo de celos frente a la rejilla del metro y acabó marchándose al hotel sin sacar las manos de los bolsillos. Lo explicó a la perfección el propio director, Billy Wilder: "Yo también me habría enfado viendo, desde la barrera, la falda de mi mujer levantándose hasta la cabeza. Y claro, eso toma tras toma. Los neoyorquinos gritaban cosas desde las vallas... y algunos lo hacían a menudo. Eso no le gustó mucho". 


El tono de la secuencia también sorprendió a la actriz: ella pensaba que se trataba de una interpretación cómica, pero Wilder tuvo la genialidad de montar una auténtica función erótica en la vía pública. Y el revuelo terminó divirtiendo a Marilyn casi tanto como al público presente. "Oooh, do you feel the breeze from the subway?".


Nada sucede por casualidad. En 1901, cuando el cinematógrafo aún balbuceaba, un cortometraje que mostraba a una mujer cuya falda salía volando a causa de la ventilación del subterráneo inspiró a Wilder. Pero aquella señora de comienzos de siglo no disfrutaba de la corriente como hacía Marilyn, que conseguía sembrar el caos allá adonde iba... Para gustar, primero hay que gustarse y la rubia platino era consciente de ello. 


El vestido blanco de la icónica actriz -diseñado por William Travilla- se ha convertido hoy en objeto de culto. Sin embargo, Dimaggio llegó a declarar que lo odiaba. Por supuesto, el matrimonio desembocó en divorcio, justo un mes después del rodaje en Lexington Avenue. Hay faldas, piernas y mujeres que nacen para ser compartidas con el resto de la Humanidad, pero eso, desafortunadamente, algunos maridos no lo comprenden.


lunes, 11 de enero de 2016

Un solo momento de gloria


La noche era hermosa; a través de la niebla se filtraba la luz misteriosa de la luna. "Sí, mañana, mañana", pensaba; "tal vez mañana habrá concluido todo para mí; no existirán ya estos recuerdos, ni tendrán para mí sentido alguno". "¿Qué harás luego?". Se responde el príncipe Andrei: "no lo sé, no lo sé. Ni quiero ni puedo saberlo. Pero sí lo deseo, sí ambiciono la gloria, sí quiero que los hombres me conozcan y amen. ¿Soy culpable de no querer otra cosa, de no vivir más que para esto? ¡Sí, sólo para esto! A nadie se lo confesaré jamás, pero, Dios mío, ¿qué le voy a hacer si no amo más que la gloria y el amor de los hombres? La muerte, las heridas [...]; pero por terrible y contrario a la naturaleza que parezca, yo lo entregaría todo sin vacilar por un solo momento de gloria, de triunfo sobre la gente, por ganarme el amor de unos hombres a los que no conozco ni conoceré jamás, por el amor de esos hombres", se decía.

Guerra y paz (1869), de Lev Tolstoi



Este fragmento de la  magna novela Guerra y Paz, que describe los pensamientos del príncipe Andrei  Bolkonski antes de participar en la batalla de Austerlitz, ¿no podrían pertenecer a cualquier torero la víspera de hacer el paseíllo en Madrid, Pamplona, Sevilla o Bilbao? 

miércoles, 6 de enero de 2016

Creer en los Reyes Magos

“Amar los toros es, cada tarde, a eso de las cinco, creer en los Reyes Magos e ir a su encuentro”. Lo escribió Jean Cau, periodista, secretario de Jean Paul Sartre y profundo entusiasta de la Tauromaquia; aunque en su cita original, hacía referencia a Papá Noel y no a Sus Majestades de Oriente: "Aimer les toros, c'est chaque après-midi vers les cinc heures croire au Père Noël et aller à ses rendez-vous". Cada cual cree en lo que quiere. O en lo que puede. Pero es cierto que creer las horas previas a una corrida de toros, resulta mucho más sencillo. Incluso obligatorio. Porque en la plaza, de vez en cuando, la realidad supera con mucho nuestra fe. No hablo, ni mucho menos, de una ilusión infantil, sino de una convicción más profunda: la certeza de que algo único puede suceder, súbitamente... como una faena de la que seguiremos hablando dentro de muchos años. 




lunes, 4 de enero de 2016

Carmena, de oca en oca, y nueva parida porque le toca

"Una noche, el ejército galo intentó invadir Roma, pero las ocas sagradas del templo de Juno se pusieron a graznar, los romanos se despertaron y rechazaron el ataque".


Manuela Carmena, y sus incontables paridas, están como el juego de la oca... y tiro porque me toca. Tras 18 navidades desfilando en la cabalgata de Reyes, el nuevo consistorio podemita ha vetado a las populares ocas del pastor palentino Miguelín. La alcaldesa considera que sacar a los gansos al son de la flauta de su dueño es un acto de maltrato animal ya que los bichos "sufren estrés". Sin embargo, en varios medios de comunicación, Miguelín ha declarado que sus ocas viven en la gloria, sueltas por el campo, "lo único que hago es pasar mucho tiempo con ellas acostumbrándolas a andar a mi lado". 


Sea como fuere, las ocas, ánades sagradas por excelencia, guardianas del templo de Juno y defensoras de Roma, quedan expulsadas de la villa de Madrid que, bajo el bastón podemita, se convertirá en "la ciudad clave en protección animal de toda España" (sic). Palabra de Carmena, que en Navidad, a buen seguro, tampoco ha probado ni una tajadita de foie. Ya podría la alcaldesa caer en la casilla de la cárcel o de la posada y perder unos pocos de turnos.


Si para doña Manuela el pastor de ocas es un maltratador de animales, ¿qué no pensará de Florito, con su hato de cabestros amaestrados?