Cerrado por vacaciones en el mar. No más vicios hasta septiembre.

A contraquerencia de los tiempos. Este es un lugar pasado de moda, irremediablemente demodé; como una taberna aislada en la era de los pubs y las discotecas: vacía, silenciosa, sombría, con el dueño acodado en la barra, ataviado con su mandil, entre el olor a madera y vino. Este blog es como esa taberna, condenado a desaparecer.
miércoles, 5 de agosto de 2015
martes, 4 de agosto de 2015
El secreto de Azpeitia
Al caer el segundo toro, los huecos que quedan libres en los tendidos de Azpeitia se llenan de niños. Un sitio vacío no vale nada. En cambio, después de vivir una feria como los San Ignacios de 2015, es muy probable que alguno de esos críos se haga abonado el día de mañana. En el peor de los casos, respetará las tradiciones de su pueblo porque las ha conocido desde dentro.
El modelo de gestión de Azpeitia es impecable: carteles que se salen del cliché de la previsibilidad, ganaderías que aportan un tremendo espectáculo, toreros con hambre que arrean, una empresa que premia a los triunfadores, una plaza con personalidad y un público agradecido.
Paco María picando a un Cuadri (Foto: Tierras Taurinas)
Con estos mimbres, se han visto tres corridas apasionantes: las de Cuadri, Ana Romero y Pedraza de Yeltes. Y nueve matadores que han dado todo lo que tenían, con enorme dignidad y verdad: Paulita, Pérez Mota, Sergio Serrano, Juan Bautista, Manuel Escribano, Arturo Macias, Javier Castaño, Juan del Álamo y Lopez Simón.
Sergio Serrano ha sido declarado triunfador de la feria tras apechugar con tres Cuadris y la desazón de saber que sus compañeros de cartel (Paulita y Pérez Mota) se encontraban en la enfermería. Con justicia, la Presidencia le concedió las dos orejas como recompensa a su mérito durante toda la tarde. En las antípodas, al día siguiente, Juan Bautista cuajó una de las faenas más bellas de la temporada a un excepcional toro de Ana Romero. Y el domingo, como broche, un monterado Javier Castaño planteó un comienzo de faena torerisimo a un excelente Pedraza de Yeltes (el ejemplar más completo del ciclo guipuzcoano) premiado con la vuelta al ruedo. Entre medias, brillaron tercios de varas, bregas y pares de banderillas de enorme arrojo.
Javier Castaño con Pedraza de Yeltes (Foto: Tierras Taurinas)
Azpeitia es una plaza donde se cuida el detalle. Incluso la banda de música suena como la de La Malagueta o La Maestranza. Pero no hay que dormirse en los laureles: el éxito nunca es fruto de la casualidad y menos en el toro. La Comisión de Azpeitia ya mira hacia los San Ignacios de 2016... Enhorabuena a todos.
domingo, 2 de agosto de 2015
Una de las faenas más bellas de la temporada
Con los años y el tiempo, el ser humano va perdiendo capacidad para sorprenderse. Somos tan absurdamente estúpidos que creemos (o aparentamos) haberlo visto todo, hasta convertirnos en criaturas indolentes. La indiferencia crónica conduce, irremediablemente, a la melancolía.
Yo confieso que no esperaba presenciar una de las faenas más bellas de la temporada en uno de los templos del torismo: Azpeitia. No fue trasteo de "uy" ni "ay", sino de absoluto silencio. Hasta el matador ordenó acallar a la banda de música.
Juan Bautista con "Fortuito" (Foto: Tierras Taurinas)
Resulta difícil decidir quién derrochó más clase; si el torero (Juan Bautista) o aquel toro de Ana Romero ("Fortuito"), que salió de chiqueros con los cuartos traseros acalambrados, quedando al borde de la devolución, a pesar de la suave brega de Rafael González. En la muleta, en cambio, el de Santa Coloma comenzó a ir a más, con un galope templado y humillado, un auténtico toro de carretón, un goterón de almíbar sobre el cenizo albero de Azpeitia. Un toro de semejante calidad siempre descubre a los malos toreros. Pero Bautista está lejos de ser un mal torero. Cuando a Bautista le espolea la necesidad o el amor propio (ojalá sucediera con más frecuencia), comienza el recital. Ante el de Ana Romero, el francés hizo del ruedo guipuzcoano su propia casa, como toreando de salón, con un desmayo, una suavidad y un temple de paladar fino y billete grande. Gratisima sorpresa rematada con dos estocadas recibiendo (la primera pinchada arriba) y una oreja.
Si la misma faena hubiera llevado la firma de la marisma del Guadalquivir en vez de la camarguesa, más de una camisa se habría rasgado en esta tarde de sábado en Azpeitia. Y es que a la plaza hay que acudir con la mirada limpia y el espíritu predispuesto a la sorpresa. Es el único mecanismo para seguir emocionandonos. Para ser, en definitiva, más humanos.
martes, 28 de julio de 2015
Ese mundo en el que todo ha ido fallando poco a poco
Acodados sobre el viejo, sobre el costroso mármol de los
veladores, los clientes ven pasar a la dueña, casi sin mirarla ya, mientras
piensan, vagamente, en ese mundo que, ¡ay!, no fue lo que pudo haber sido, en
ese mundo en el que todo ha ido fallando poco a poco, sin que nadie se lo
explicase, a lo mejor por una minucia insignificante. Muchos de los mármoles de
los veladores han sido antes lápidas en las Sacramentales; en algunos, que
todavía guardan las letras, un ciego podría leer, pasando las yemas de los
dedos por debajo de la mesa: "Aquí yacen los restos mortales de la
señorita Esperanza Redondo, muerta en la flor de la juventud", o bien
"R. I. P. el Excmo. Sr. D. Ramiro López Puente. Subsecretario de
Fomento". Los clientes de los Cafés son gentes que creen que las cosas
pasan porque sí, que no merece la pena poner remedio a nada.
[…] Hay tardes en que la conversación muere de mesa en mesa,
una conversación sobre gatas paridas, o sobre el suministro, o sobre aquel niño
muerto que alguien no recuerda, sobre aquel niño muerto que, ¿no se acuerda
usted?, tenía el pelito rubio, era muy mono y más bien delgadito, llevaba
siempre un jersey de punto color beige y debía andar por los cinco años. En
estas tardes, el corazón del Café late como el de un enfermo, sin compás, y el
aire se hace como más espeso, más gris, aunque de cuando en cuando lo cruce,
como un relámpago, un aliento más tibio que no se sabe de donde viene, un
aliento lleno de esperanza que abre, por unos segundos, un agujerito en cada
espíritu.
La Colmena, Camilo José Cela (1951)
Desde que llegué a Madrid, algunas tardes de invierno, sobre todo de domingo, caminaba sola hasta la Glorieta de Bilbao y entraba en el Café Comercial a tomar algo caliente. Tras despojarme de la bufanda, mientras esperaba el líquido humeante, pasaba la yema de los dedos por debajo de la mesa, esperando encontrar el relieve de un nombre. La maniobra siempre era interrumpida por la llegada del camarero, anticipada a través de su propio reflejo en los enormes espejos que revestían las paredes del local, unos espejos despiadados, que reflectaban las miserias y alegrías de los asiduos. En este mundo donde todo falla poco a poco, los grandes cafés no tienen sitio. No sólo cierra el Café Comercial, también la pastelería La Duquesita ha doblegado este verano. Al menos, llegué a Madrid a tiempo de conocer ambos locales, así como el Café Gijón, Casa Lhardy, Pontejos, Casa Yustas, la Chocolatería San Ginés o la Plaza de Las Ventas, testigos de una ciudad que desaparace, dejando paso a otra, demasiado impersonal y desangelada. Del Madrid que me enamoró a través de las novelas, sólo quedan unas pocas cenizas. Pronto hablaremos de esta ciudad como aquel niño muerto que alguien no recuerda, ¿no se acuerda usted? Y el aire se volverá más espeso... más gris.
lunes, 27 de julio de 2015
¡Eran Miuras, miopes!
Foto de Cayetano Talens
La Feria de Julio de Valencia ya tiene triunfador: Rafaelillo. El murciano toreó primorosamente este domingo, arrastrando la muleta por el albero, enganchando las embestidas y rematando detrás de la cadera, templando, cargando la suerte, dejando remates desmayados... Una lección de toreo clásico y del caro, unánime e intemporal. Este derroche de magisterio no lo hizo ante un Victoriano del Río, un Zalduendo, un Garcigrande o un Núñez del Cuvillo. Ni por asomo. ¡Eran Miuras! Rafaelillo curó ayer más de una ceguera, rehabilitó a algunos cortos de vista -profesionales, aficionados y periodistas-, quienes sostienen que sólo el "toro moderno" -previsible y obediente- permite el triunfo del torero y el disfrute del público. Ante los Miuras también se vence... y hasta la Diputación Provincial de Valencia lo ha reconocido.
Los amantes de la emoción, la casta, la torería y la fiereza del toro tenemos una deuda con Rafaelillo tras su hazaña en el coso de la calle Xátiva. Ayer se lanzó sobre el tapete de la temporada una carta decisiva: una corrida "torista" puede llevarse el gato al agua en cualquier feria. Este tipo de festejos, donde prima la emoción merced a la bravura del toro y la hombría de los toreros, no son el hermano pobre de los carteles de "figuras" y relumbrón. Y, para más satisfacción, Rafaelillo lo demostró en uno de los corazones de la Neo-Fiesta: Valencia. ¡Que eran Miuras, miopes!
Rafaelillo, que pudo haber cortado cuatro orejas, sólo paseó una al fallar repetidas veces con la espada. Este hecho arroja otra enseñanza: el toreo no es un deporte, por tanto, el resultado no se "mide" a través de un marcador. Las orejas no son goles. Hay faenas sublimes sin premio que quedan en la memoria por siempre. Y otras, atiborradas de despojos, que se olvidan al salir de la plaza. Últimamente, la Tauromaquia ha tomado una deriva triunfalista que la aparta de la épica: el héroe no siempre gana. Este domingo, Rafaelillo salió de la plaza a pie y su compañero Manuel Escribano -otro tío de las medias a la castañeta- se fue con la casaquilla, el chaleco y la camisa hechos trizas.
jueves, 23 de julio de 2015
La muerte del Doctor Zhivago
Conocí la noticia de su muerte a través de una emisora de radio francesa: "L'acteur égyptien de légende Omar Sharif, star de films
classiques tels que Lawrence d'Arabie et Docteur Jivago est mort
ce vendredi...". Sharif falleció de un infarto, al igual que en el final de Zhivago, cuando, a través de las ventanillas de un triste tranvía de Moscú, cree ver al amor de su vida, Lara. Angustiado, golpea repetidamente la ventanilla para descender y alcanzarla pero, una vez en la calle, al correr tras la mujer que se aleja, las paredes de su corazón, frágiles como el papel, se quiebran, cayendo fulminado en la acera, sin poder despedirse de ella por última vez.
Los ojos de Sharif, los de Yuri Zhivago, son los de un testigo imparcial: nunca juzgan ni recriminan, sólo miran con amor o curiosidad. Su personaje no toma partido por la historia y a duras penas decide sobre su propia existencia, casándose, casi por inercia, con una joven de buena familia a la que no ama, Tonya, y portando consigo una balalaika que nunca aprenderá a tocar. Zhivago, con alma de poeta más que de doctor, es un hombre bueno, ingenuo e infantil cuya vida choca con dos fuerzas arrolladoras: la Revolución Rusa y una mujer excepcional, Lara. Ni para una circunstancia -la Historia- ni para la otra -Lara-, está preparado. Zhivago pasa por la vida sin mancharla... casi sin ser plenamente consciente de lo que está viviendo.
A un hombre así, tan alejado del héroe, sólo puede depararle una muerte anónima y absurda, rodeado de desconocidos en una acera, a pocos metros de un amor perdido al que dejó escapar en un trineo tirado por dos caballos negros que se perdió en la inmensidad de la estepa. No existe escena más desgarradora en la Historia del Cine.
miércoles, 22 de julio de 2015
Despedida
Bajo la atenta mirada de su gato, despedida de un soldado australiano antes de partir hacia el frente. La foto fue tomada por Sam Hood en 1942, mientras Europa se deshacía bajo la metralla. "Prefiero la guerra contigo al invierno sin ti", que cantaba Sabina.
lunes, 20 de julio de 2015
La Mariló de los ruedos
La plaza de Roquetas de Mar quedó conmocionada a causa de un robo a mano armada acaecido el pasado sábado. Un insensible presidente deció negarle el rabo del quinto toro a Miguel Ángel Perera, quien declaró en el callejón: "Aquí hace falta triunfalismo y sobra el purista, porque para purista y para recortes ya están los de Podemos". A pesar de que un rabo en la Monumental de Roquetas cambia el rumbo de la temporada, algunos aficionados -a todas luces "puristas"- criticaron las palabras del torero de la Puebla del Prior, argumentando que "lo que sobran son figuras que torean toros de tercera en plazas de segunda". Ciertamente, Perera es un especialista en tener enganchadas con los aficionados pues, casi siempre que abre la boca, sube el pan. Podría considerarse la Mariló Montero de los ruedos. De hecho, Televisión Española debería barajar la posibilidad de ficharlo como presentador de Las Mañanas.
Desgraciadamente, y aunque comprendo que sea una jodienda, Perera debería pensar que los "puristas" también pagan por entrar en una plaza de toros, por tanto, son clientes... Esto es: no conviene tocarles mucho los costaos. Por otro lado, mendigar un rabo en Roquetas no deja de resultar un tanto estrambótico, incluso en los mundos de Mariló Montero.
Me da la impresión que las figuras, con la excepción de Talavante y Castella, andan algo atorados esta temporada. La buena noticia es que otros toreros, con frescura y reaños, poco a poco, van triunfando en las ferias. Es el caso de López Simón, Morenito de Aranda, Manuel Escribano, Paco Ureña, Rafaelillo, Joselito Adame, Juan del Álamo, Fernando Robleño, Alberto Aguilar, Eugenio de Mora... Gracias a su esfuerzo, se están ganando un hueco en las plazas, ahorrando dislates y hablando exclusivamente con la muleta y el estoque. ¿Sin rabo en Roquetas no hay paraíso? Próximo tema a debatir en el programa de Mariló.
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sábado, 18 de julio de 2015
Apuntes sobre un primer viaje a España
España no se parece a nada de lo que me habían contado de ella. No pude echar más que un vistazo, pero mi vuelta al mundo me había demostrado que una mirada rápida es a veces más exacta que un viaje de estudios donde la mente se enreda. O entonces habría que vivir en un país para darse cuenta, a la larga, que la primera impresión era la válida.
España no sabe de avaricia. Tira su dinero por los balcones, maravillosos balcones de plantas verdes y de flores. Esto es una expresión consagrada. Quiero decir que España gasta y da todo lo que tiene. El resultado es que España es un país pobre que es rico y Francia es un país rico que es pobre.
[...] No soy muy sensible a lo pintoresco. Seguramente por eso enseguida percibí esa moral particular que el español opone a la moral propiamente dicha. España no es un país "poético". Es un poeta, en bloque, con todo lo que esto conlleva de individualismo. Pero su individualismo tiene de particular que es de masas y, por así decirlo, nacional.
La corrida es el espectáculo en donde la poesía española se expresa sin ningún tipo de coacción. Es un espectáculo y una ciencia. Belmonte ha convertido esta ciencia en una ciencia exacta donde Manolete tiene la función de Dios supremo. Tiene capillas por todas partes. Manolete es el ejemplo perfecto del torero. El público no le exige que dé más que los otros, sino que dé más de sí mismo. De este Dios de la plaza querían que hiciese milagros [...] En esta antigua tríada del torero, el toro y el público, el público tiene el papel más feroz.
[...] Edgar Neville nos acompaña en Andalucía. Sin su presencia, jamás hubiéramos sobrepasado las puertas prohibidas. No habríamos dado paseos nocturnos por La Alhambra, quizás hubiésemos sucumbido a las absurdas leyendas que cuentan que se come mal en España o que los hoteles son inhabitables porque nadan en aceite rancio. En España, tanto el alma como el cuerpo encuentran alimentos maravillosos. En cualquier albergue andaluz te sientes como en casa.
He visitado las bodegas de Jerez, que los franceses pronuncian Kérès o Llérès y los españoles Hhheré. Dibujé y firmé en una barrica de la bodega real. Bebí jerez de la época isabelina. Era como óxido de sable, hierro diluido en sangre. Parece ser que estas barricas negras contienen el oro y la sangre de los reyes que descansan en sarcófagos negro y oro de un nicho en El Escorial, superpuesto como las celdas de una colmena.
Jean Cocteau
Fragmento de "Apuntes sobre un primer viaje a España" (julio de 1954)
miércoles, 15 de julio de 2015
El verano de nuestro descontento
"Mañana en la batalla acuérdate de mí, y caiga tu espada sin
filo: ¡desespera y muere!". Con estas palabras, atormentaba el espectro al rey Ricardo III en la célebre obra de Shakespeare. Las ferias de Pamplona y Céret, dos de los bastiones toristas por excelencia, también han tenido mucho de espada sin filo... Los aficionados a la emoción y a la casta se han acordado de más de un ganadero y, a la postre, se han rendido desesperados ante la falta de un toro fiero. Shakespeare hablaba del "invierno de nuestro descontento"... Sólo hay que cambiar el invierno por el verano y el acto primero ya cuadra. La guerra de hosco ceño ha alisado su arrugada
frente.
Escribano en Pamplona con un Miura (Foto: EFE)
¿Dónde queda aquel toro bravo, poderoso, celoso en el peto y violento en la muleta que cortaba la respiración hasta el mes de agosto? ¿Qué han hecho con él los ganaderos, incluidos los supuestos criadores "toristas"? "Ahora, en vez de cabalgar corceles armados para amedrentar
las almas de los miedosos adversarios, [la guerra] hace ágiles cabriolas en el cuarto de
una dama a la lasciva invitación de un laúd".
Robleño en Céret con un Adolfo (Foto: Tierras Taurinas)
Tras el fracaso de la última semana de San Isidro y el desarrollo de las ferias de Pamplona y Céret, se ha comprobado que las ganaderías "toristas" fabrican dos prototipos con cuernos: el toro que no embiste -clásica prenda agarrada al piso que no pasa ni a tiros- o el que "se deja" noblemente. Ante la prenda, ha habido toreros que han sacado mucha más casta que sus adversarios: véanse los casos de Manuel Escribano, López Simón, Paco Ureña, Fernando Robleño, Alberto Aguilar... Unos tíos que están luchando a brazo partido durante la batalla de julio y cuyas frentes deberían están ceñidas por guirnaldas victoriosas. Aunque ciertos aficionados echamos de menos las otroras temibles músicas de marcha, no todo es descontento en nuestro verano (pero que salga ya el toro, por favor).
lunes, 13 de julio de 2015
Soliloquio del solterón
Me miro el dedo gordo del pie, y gozo.
Gozo porque nadie me molesta. Igual que una tortuga, a la mañana, saco la
cabeza debajo la caparazón de mis colchas y me digo, sabrosamente, moviendo el
dedo gordo del pie:
-Nadie me molesta. Vivo solo, tranquilo y gordo como un archipreste glotón.
Mi camita es honesta, de una plaza y gracias. Podría usarla sin reparo ninguno
el Papa o el arzobispo.
A las ocho de la mañana entra a mi cuarto la patrona de la pensión, una señora
gorda, sosegada y maternal. Me da dos palmaditas en la espalda y me pone junto
al velador la taza de café con leche y pan con manteca. Mi patrona me respeta y
considera. Mi patrona tiene un loro que dice: "¡Ajuá! ¿Te fuiste? Que te
vaya bien", y el loro y la patrona me consuelan de que la vida sea ingrata
para otros, que tienen mujer y, además de mujer, una caterva de hijos.
Soy dulcemente egoísta y no me parece mal.
Trabajo lo indispensable para vivir, sin tener que gorrear a nadie, y soy
pacífico, tímido y solitario. No creo en los hombres, y menos en las mujeres,
mas esta convicción no me impide buscar a veces el trato de ellas, porque la
experiencia se afina en su roce, y además no hay mujer, por mala que sea, que
no nos haga indirectamente algún bien.
Me gustan las muchachitas que se ganan la vida. Son las únicas mujeres que
provocan en mí un respeto extraordinario, a pesar de que no siempre son un
encanto. Pero me gustan porque afirman un sentimiento de independencia, que es
el sentido interior que rige mi vida.
Más me gustan todavía las mujeres que no se pintan. Las que se lavan la cara, y
con el cabello húmedo, salen a la calle, causando una sensación de limpieza
interior y exterior que haría que uno, sin escrúpulos de ninguna clase, les
besara encantado los pies.
No me gustan los chicos, sino excepcionalmente. En todo chiquillo, casi siempre
se descubren fisonómicamente los rastros de las pillerías de los padres, de
manera que sólo me agradan a la distancia y cuando pienso artificialmente con el
pensamiento de los demás que coinciden en decir: "¡Qué chicos, son un
encanto!", aunque es mentira.
Me baño todos los días en invierno y verano. Tener el cuerpo limpio me parece
que es el comienzo de la higiene mental.
Creo en el amor cuando estoy triste, cuando estoy contento miro a ciertas mujeres como si fueran mis hermanas, y me agradaría tener el poder de hacerlas felices, aunque no se me oculta que tal pensamiento es un disparate, pues si es imposible que un hombre haga feliz a una sola mujer, menos todavía a todas.
He tenido varias novias, y en ellas descubrí únicamente el interés de casarse,
cierto es que dijeron quererme, pero luego quisieron también a otros, lo cual
demuestra que la naturaleza humana es sumamente inestable, aunque sus actos quieran
inspirarse en sentimientos eternos. Y por eso no me casé con ninguna.
Personas que me conocen poco dicen que soy un cínico; en verdad, soy un hombre
tímido y tranquilo, que en vez de atenerse a las apariencias busca la verdad,
porque la verdad puede ser la única guía del vivir honrado.
Mucha gente ha tratado de convencerme de que formara un hogar; al final
descubrí que ellos serían muy felices si pudieran no tener hogar.
Soy servicial en la medida de lo posible y cuando mi egoísmo no se resiente mucho,
aunque me he dado cuenta que el alma de los hombres está constituida de tal
manera, que más pronto olvidan el bien que se les ha hecho que el mal que no se
les causó.
Como todos los seres humanos he localizado muchas mezquindades en mí y más me
agradaría no tener ninguna, mas al final me he convencido que un hombre sin
defectos sería inaguantable, porque jamás le daría motivo a sus prójimos para
hablar mal de él, y lo único que nunca se le perdona a un hombre, es su
perfección.
Hay días que me despierto con un sentimiento de dulzura floreciendo en mi corazón. Entonces me hago escrupulosamente el nudo de la corbata y salgo a la calle, y miro amorosamente las curvas de las mujeres. Y doy las gracias a Dios por haber fabricado un bicho tan lindo, que con su sola presencia nos enternece los sentidos y nos hace olvidar todo lo que hemos aprendido a costa del dolor.
Si estoy de buen humor, compro un diario y me entero de lo que pasa en el
mundo, y siempre me convenzo de que es inútil que progrese la ciencia de los
hombres si continúan manteniendo duro y agrio su corazón como era el corazón de
los seres humanos hace mil años.
Al anochecer vuelvo a mi cuartujo de cenobita, y mientras espero que la
sirvienta -una chica muy bruta y muy irritable- ponga la mesa, "sotto
voce" canturreo Una furtiva lágrima, o sino Addio del passato o Bei giorni
ridenti... Y mi corazón se anega de una paz maravillosa, y no me arrepiento de
haber nacido.
No tengo parientes, y como respeto la belleza y detesto la descomposición, me he
inscripto en la sociedad de cremaciones para que el día que yo muera el fuego
me consuma y quede de mí, como único rastro de mi limpio paso sobre la tierra,
unas puras cenizas.
Roberto Arlt (1900-1942) fue un escritor y periodista argentino.
En sus columnas, describía la vida cotidiana de Buenos Aires.
jueves, 9 de julio de 2015
Los picadores también lloran
Sobrecoge ver cómo ha cambiado este país en poco tiempo. Los coches de cuadrillas actuales parecen hoteles, con aire acondicionado y cama. Antes, los viajes se hacían más cuesta arriba... en aquellos descomunales Hispano-Suiza redondeados, con el esportón en la baca y el botijo colgando. ¡A veces, hasta los varilargueros iban colgando! Con razón, los viejos picadores lloraban... Después de recorrer España en esos trastos, les dolería hasta el alma.
Lo más sorprendente es que no hace tanto de aquellas batallas. En los negativos de Cano, se mezclan los Hispano-Suiza con las furgonetas modernas, donde sólo falta el mini-bar y el spa. A este paso, cualquier día, algún subalterno hará hueco entre los capotes y montará un jacuzzi.
Este fin de semana, los coches de cuadrillas van a sumar un buen puñado de kilómetros, entre Pamplona, Teruel, Céret, Madrid, Estepona... Suerte a todos y que lleguen a su destino arreando. Con el aire acondicionado al máximo, los picadores ya no tienen motivos para llorar.
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