sábado, 28 de diciembre de 2013

¡Ay, qué meriendas! ¡Ay, qué tocinos!


En estas fechas navideñas nos ponemos de grana y oro. Ya dice el refrán castellano que "con barriga vacía, ninguno muestra alegría". A veces, la copla también le canta a la glotonería y las bondades de la despensa, como en aquel tanguillo, ¡Ay, qué risa!, con letra de Rafael de León. 
 
No soy de Hungría, ni soy de Holanda,
soy la gitana de cuchipanda.
Yo soy la niña de unos barones,
que en Cádiz tienen sus posesiones,
y cuatro tiendas de ultramarinos,
¡Ay, qué meriendas! ¡Ay, qué tocinos!
que en el almuerzo, con la pringá
no nos podemos remenear.
Por eso siempre, de madrugada
se queda el forro de la alacena
que es una pena, porque en el forro
no queda nada.

¡Ay, que risa! señora marquesa,
con el camafeo, que risa me da,
con el tentempié, de la cuchará.
En la taza de la mayonesa,
metiendo los dedos con urbaniá,
y a la rebañé de la poleá.
Yo me suelo tomar los fuagrases,
y los entremeses, y las bullebases
a la marsellese de la papillón.
Y me siento después en los sofases,
como los marqueses, y bebo coñases
y estiro los pieses en la cheseslón.


Disfruten del banquete de Año Nuevo y estiren los pieses en el cheseslón, sin olvidar otro de nuestros refranes: "de tragones están llenos los panteones".

 

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